<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342</id><updated>2012-01-25T17:08:45.841+01:00</updated><title type='text'>Vida De Un...</title><subtitle type='html'>Cómo seguir sobreviviendo a las cosas</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>202</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-7555312677603692438</id><published>2011-12-22T13:06:00.003+01:00</published><updated>2011-12-22T13:30:43.037+01:00</updated><title type='text'>Protocolo De Repaso</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Dejadme adivinar... en los próximos días nos veremos inundados por maravillosos recopilatorios del año que nos deja. El punto de partida, el 1 de enero de este año que se acaba; el punto final, el mes de diciembre. El origen, televisiones, radios, gente individual, blogs, personas en su intimidad. Desde los medios, del fin de ETA hasta Rajoy; desde las personas, lo bueno y lo malo. &lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Ya lo decía Mecano, hacemos balance de lo bueno y malo (5 minutos más para la cuenta atrás). Y ahí, las mentes, las "cabezas pensantes", haciendo un esfuerzo sobrehumano para repasar sus filias, fobias, felicidades y tristezas del año. Una actividad que se hunde en lo más protocolario dentro de la época más protocolaria del año. Porque es Navidad (así, con mayúsculas), la natividad, el nacimiento de Cristo, según la religión católica; y, como esta, hay que actuar protocolariamente. Y ahí entra el repaso al año que dejamos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Sabemos que estas fechas no son más que fiestas paganas que se hicieron coincidir con las cristianas para callar bocas y celebrar todos a la vez algo. Yo, no católico, no cristiano, no creyente y mucho menos practicante, he dicho más de una vez que no celebro nada religioso, sino que coincide que el calendario me ofrece la oportunidad de estar con mi familia. Sobre las fechas en concreto se cierran actos y celebraciones. Alguno me ha dicho que mucho no creer, pero que cuando llegan las Navidades, bien que las aprovecho... Demagogia pura y dura. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Realmente, para mí esta época del año se concentra en el cambio de número. Ahora, seremos 2012. Y como sufrimos un cambio, hay que hacer el manido repaso. En el fondo da igual; el cambio de año no coincide ni con un cambio estacional, solo con algo psicológico que tenemos muy aprendido y muy aprehendido, hasta tal punto que terminamos por creerlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;"A mí me van mejor los años impares", he llegado a decir. "En los pares suelo suspender asignaturas...". Sí, claro, será por la terminación del número, caradura... Es cierto que lo que nos rodea, en plan galáctico y místico, se ve influenciado por el nuevo año, ya que existen cambios de esos incomprensibles para una mente de letras como la mía que nos afectan, queramos o no. Más allá, por supuesto, de los dictámenes del horóscopo y del destino, esos clavos ardiendo cuando las cosas no nos salen bien.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Perdón, que fallo en el protocolo. Hablaba del repaso general, de la ITV de cuerpo y mente, que hacemos en estas fechas. Todo con el fin, supongo, de fustigarnos si hemos sido malos y felicitarnos a nosotros mismos en un acto de onanismo puro si hemos sido buenos. Y cuando suene la campanada número 12, a brindar porque si hemos sido malos, este año nuevo seremos mejores; y si hemos sido buenos, porque lo seamos más. Mucho más. ¡¡Chin chin!!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Yo, en mi repaso particular, me pasa lo de siempre: este 2011 he ganado dinero y lo he perdido; he sido feliz y he estado triste; he sido buenísima persona y he sido un cabronazo; he amado al prójimo y lo he odiado con toda mi alma; he trabajado mucho y he vagueado como el que más; he hecho sentir bien a gente y he hecho sentir horriblemente mal a otra; he ido al baño por la mañana y alguna vez por la noche; he viajado en tren, avión, coche, metro, bus y a pie; también he estado tirado en el sillón; he tenido tantas veces ganas de levantarme como las he tenido de pasar el día en la cama; me he cortado varias veces el pelo y me lo he dejado crecer sin ton ni son; he hecho muchas cosas y he dejado de hacer otras tantas; he escrito post y he dejado de hacerlo; he mirado bien a algún desdichado de la vida y he mirado con el desprecio del superior a otros iguales; he hablado con gente que me cae como el culo y he obviado la palabra a los mismos; he mentido y he dicho verdades; he dicho verdades para hacer sentir bien y las he dicho para hacer sentir mal; he dicho mentiras para hacer sentir bien y las he dicho para hacer sentir mal. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Vamos, en resumen, una X. Seguramente como todos, solo que por naturaleza tendemos a quedarnos con lo bueno o con lo malo, depende de cada cual. Yo, me empato. Así de chulo soy.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Felices fiestas con Freixenet y aprovechadlo, que en menos de un año empieza el fin del mundo, MUAHAHAHAHAHA (risa maléfica que, por escrito, queda ridícula...).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-7555312677603692438?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/7555312677603692438/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=7555312677603692438&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/7555312677603692438'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/7555312677603692438'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/12/protocolo-de-repaso.html' title='Protocolo De Repaso'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-7310103801836402357</id><published>2011-11-29T11:40:00.007+01:00</published><updated>2011-11-30T12:00:41.080+01:00</updated><title type='text'>Gris, Tu P... Madre</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;"Eres un hombre gris". Me lo soltó como quien desploma un piano desde un quinto piso y se largó por la línea del horizonte de los finales de las películas. Era verano y era en Playa América. Aquella chica desnudaba mis inseguridades con aquellas palabras. El origen: mi afición al fútbol.&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Para ella, que me gustase el fútbol me convertía en un infraser, en un despojo humano apartado de la literatura, las películas subtituladas en blanco y negro y la ciencia de apreciar el florecimiento de una hermosa flor en una ladera verde y soleada. Me despojaba de la poesía de la vida, me reducía a un cuarto oscuro en el que tan solo se vislumbraba un televisor encendido con un Borussia Dortmund - Juventus y una portada del Don Balón sobre un colchón. Y allí, alejado del mundo de color, en aquel cuartucho con olor a humedad y a muebles apolillados, me desintegraba en una escala de grises que representaba mi vida como un río putrefacto que moriría en el llanto de una cascada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Se llamaba Leticia. Casualmente, nombre que nace de la palabra "alegría" en latín. Y era lo que había utilizado para golpearme; su sonrisa profident, su caminar a saltitos y su imagen de rubia de la casa de la pradera. Todo era una fachada, por supuesto. Después de aquel verano, se metamorfoseó en una pi-hippie (mezcla maravillosa de pija burguesa de izquierdas con aires de revolución que muere en la orilla de los 18 años). Pero yo seguía siendo, a todas luces, un gris.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;El tiempo pasó, como pasan todas las cosas inevitables. A través de los años, pocas veces más tuve que encontrármela. Alguna ocasión después del colegio, en Santiago. Siempre soltaba alguna perla directa a mi autoestima. Ella, desde un púlpito imaginario, desglosaba con desaire cada una de mis circunstancias vitales. Yo, por suerte, había entendido a lo largo de ese tiempo que no era más que un muro de contención para salvar lo insalvable. Para mí, desde mis 23 años, ya era difícil que aquella chica desnivelase mis medidas creencias y mis valores apuntados a fuego en una libreta que guardaba en el cajón.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;En alguna ocasión se encontró a mi madre por la calle. Yo ya estudiaba periodismo y empezaba de becario en algún medio de comunicación deportivo. Al saberlo, le espetaba a mi madre, con aire de condolencia, un ufano "ya se le pasará...", como el que sabe que las cosas pasan: la adolescencia, la pubertad, los tiempos difíciles, las enfermedades, el fútbol... (¿?).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Daba igual una beca en El País, daba igual una acrecentada afición por la escritura, daba igual un interés cultural un poco más arraigado. El gris era el color que nos definía a los enfermos de espectáculos mediocres en los que se reflejaban todas nuestras inseguridades. Ya se nos pasaría; ya un hábil investigador encontraría una solución en los sumideros de su laboratorio, en el que guardaba cerebros lisos en los que se dibujaban estadios con el césped recién regado y botas de tacos; ya, algún día, dispondríamos de lucided suficiente para salir de la caverna, encontrarnos con Platón y tomarnos unos vinos con Hemingway; ya entenderíamos, algún día, que el fútbol es para brutos, para gañanes de sangre caliente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Supongo que aquella chica rubia que nos decía un verano que estaba leyendo sobre la meditación y que había alcanzado el Nirvana, llegando a levitar hacia su ventana con la sensación de volar por encima de las casas, no había reparado en que algún Premio Nobel, como Camus, Günter Grass o Cela, hablaba de fútbol; o que Javier Marías, Eduardo Galeano, Vázquez Montalban o Benedetti hacían lo mismo, inyectando sobre el papel la pluma con tinta del llamado deporte rey. Seguro que no conocía "Caldera de pasiones", de Carlos Toro; o "Fiebre en las gradas", de Nick Hornby; seguro que no se ha parado a echarle un vistazo a "Informe Robinson". Seguro que le resta importancia a un hecho más allá del mero deporte. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;No solo el fútbol, sino todo el mundo del deporte está lleno de historias que se resarrollan con él de fondo, y donde lo importante no es que "un portugués, hijo puta es" ni que Cristiano Ronaldo tiene botas nuevas ni que Messi noséqué ni que Maradona es el amo de la metadona. Para bien o para mal, es necesario hablar del deporte como reflejo de la sociedad y como epicentro, muchas veces, de filias y fobias, de análisis psicológicos, de estudios sociales. Sin darle importancia vital, pero sin restarle la que tiene.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Mi padre siempre fotografiaba una realidad como un templo. "Si dicen que dan trabajo a todos los parados del mundo, seguro que la gente no sale a la calle a celebrarlo como hacen en el fútbol". Seguramente no. O sí, vete tú a saber. Y de esta verdad nacen otras. Como la de quien es capaz de sentir como propio algo que es tan ajeno. Por qué, como dice Hornby, sientes cercanos a los jugadores de tu equipo o te sientes dueño de las derrotas y de los triunfos. Si Barcelona 92 supuso una muestra al mundo de España a través del deporte, por qué rechazarlo. Si la filosofía es preguntarse cosas que pasan, algo significará el "¿Por qué?" del mediático Mourinho...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;No quedaría completo esto sin hablar de los cazurros que se desfogan en los estadios. Lo siento, pero la demagogia me lleva a contestar que el que es cazurro, lo es en cualquier lugar, y la masa es peligrosa allí donde se reúna (vamos, un "el que es gilipollas español, es gilipollas español", de Del Bosque). A mí, personalmente, me da mucho miedo un concierto del chaval este del flequillo (Justin Bieber, coño, que no me salía el nombre) con adolescentes desatadas en gritos y lágrimas. Prefiero otras aficiones, la verdad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;El fútbol es una cosa más de la vida. Es un hecho. Podemos apartar la mirada o seguir con atención cómo ha evolucionado ese opio del pueblo en el último siglo. Desde una mirada crítica o desde un análisis favorable. Da igual, pero se puede hacer y no por eso ser gris. Cada uno lleva una historia en la mochila que para él es importante. Si tiene que ver con el deporte, ¿importa? No se paró a pensar aquella nieta de escritor en la labor social, en la reinserción, en la posibilidad de apartar una vida que no te gusta centrándola en otra actividad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;A mí, la próxima vez que alguien me insinúe mi color por mis aficiones le diré: "¿Gris? Gris, tu puta madre".&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-7310103801836402357?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/7310103801836402357/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=7310103801836402357&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/7310103801836402357'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/7310103801836402357'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/11/gris-tu-p-madre.html' title='Gris, Tu P... Madre'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-8866941249980234820</id><published>2011-11-02T10:26:00.005+01:00</published><updated>2011-11-02T10:53:33.878+01:00</updated><title type='text'>Mudanzando</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Una danza mu. Una vaca expresándose con una danza. Un cambio silencioso. Un número de movimientos que se hacen al compás. La mudanza, esa cosa tan incómoda, pero a veces tan imprescindible por la obligación de cambiar. Una obligación que nace de la necesidad, de la que sea. &lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Mis mudanzas nunca han sido un estrés en mi vida; más que nada, porque las que he hecho solo conllevaban modificar de lugar un máximo de un año de vida. La dos primeras que recuerdo tienen lugar en Vigo, aunque yo estaba exento, por edad, de participar activamente. Vamos, que se las comieron mis padres. Estas no alteraban mi tiempo, no tenía suficiente consciencia para saber qué se modificaba ni cuánto. En esos años que se incluían en el debe de la mudanza tenían que responder mis padres. La primera fue nada más llegar a la ciudad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Habíamos estado viviendo los primeros días de curso en casa de mi abuela y, progresivamente, cambiamos nuestra vida desde Asturias hasta Galicia, de Gijón a Vigo. En aquella primera casa, recuerdo el movimiento de los operarios encargados de hacerla y yo perdiéndome entre los pasillo y las habitaciones de aquel nuevo hogar. No era inmensa, pero a mí me parecía desmesurada, quizás por el desconocimiento; ya se sabe que si haces un camino de ida a un sitio que no sabes bien dónde está, se te hace mil veces más largo que cuando ya lo conoces. Recuerdo cajas, alboroto, movimiento, gente desconocida y vecinos nuevos que nos recibían en la comunidad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;La segunda fue al cambiarnos a la casa en la que ahora vivimos. Tengo menos imágenes, seguramente porque no era mi primera vez y ya sabía en qué consistía, así que la escasez de novedad ha impedido a mi memoria retener el momento, como si necesitase espacio para otros acontecimientos que tenía ese plus de la novedad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;En Santiago y Madrid he tenido otras cuantas mudanzas. En Santiago nunca viví más de un año en el mismo sitio, si contamos que en el colegio mayor cambiaba de habitación, así que cada año gozaba de nuevas vistas, nuevos vecinos y nuevas experiencias. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;En Madrid, más de lo mismo; hasta que llegó Tutor. Entré en ese piso en septiembre de 2008. He vivido algo más de 3 años allí, así que la mudanza a mi nuevo piso ha consistido en reunirlos en bolsas, maletas y cajas. Más de mil días envueltos y dispuestos a levantar el vuelo. Ha sido, como mínimo, estresante, sobre todo por mi enfermedad, mi síndrome de Diógenes que me ha llevado a guardar desde papeles de publicidad hasta entradas de cine, pasando por notas escritas a mano y objetos sin valor aparente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;El desembarco en el nuevo mundo lo hice con ayuda. Es lo que tienen las mudanzas, que te rodeas de amigos para que vivan la "maravillosa" experiencia del cambio contigo. Les ofreces, a cambio, una cerveza y que se mezclen desde el principio con tu nueva vida en tu nuevo piso, en tu nuevo barrio. Es un cambio injusto: cansancio de brazos y piernas, sudor y polvo por una Mahou, patatas fritas y queso de aperitivo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;En fin, que terminó. Se hizo en dos viajes y la nueva casa se llenó de los tres años anteriores. Sé que, por lo menos, hasta dentro de un año no tendré que volver a danzar con las vacas, ni con los coches ajenos ni con los tres años a cuestas. Un alivio, la verdad. Y no solo para mí, sino también para los pobres involucrados en la ardua tarea del movimiento que se hace al compás de las maletas, las bolsas y los recuerdos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-8866941249980234820?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/8866941249980234820/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=8866941249980234820&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/8866941249980234820'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/8866941249980234820'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/11/mudanzando.html' title='Mudanzando'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-2832140958851070009</id><published>2011-10-28T12:35:00.002+02:00</published><updated>2011-10-28T12:59:18.331+02:00</updated><title type='text'>Nueva Vida</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Parece que todo se confirma. Mi vida en Madrid era un caos cogido con pinzas en una cuerda de tender en una tarde de viento y lluvia que se extendía a lo largo de meses, pero parece que ha recuperado la esencia del primer día. &lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Lo primero para enderezar las cosas era conseguir un piso en el que vivir yo solo; conseguido. Ha sido un largo trámite en el que he sumergido a mi padre, a I.P. y a todo el que se ha integrado en mi vida en estas últimas semanas. Pero el 1 de noviembre, día de Todos los santos, será recordado como el día en el que hice una mudanza preciosa para empezar una nueva vida en un piso, algo que no me ocurría en los últimos 3 años y pico. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;En Tutor, mi antigua casa, he vivido mi mejor versión de Madrid. Por lo completo de todo, me refiero. Amores y desamores, fiestas, entierros, trabajos horribles, trabajos maravillosos, amigos, compañeros de piso que no limpian, compañeros de piso mutados en amigos... La virtud del piso compartido ha estado en esta habitación y en este salón, y en esta cocina, y en este pasillo en forma de "u", y en este baño pequeño y en esta cocina que le costó tener una pinta decente. Pero estaba claro que mi vida se había acabado; una etapa más que había terminado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Ahora viviré en la calle Hernán Cortés, entre Fuencarral y Hortaleza. Malasaña y Chueca, dos de los espacios madrileños en pleno centro de Madrid que me regalarán, espero, nuevas vivencias. La calle es pequeña, con solo un carril para el tráfico, justo el último en el que se puede circular en Fuencarral antes de convertirse en peatonal. Cerca tengo Malasaña, el mercado de Fuencarral, la Gran Vía, Bilbao, Alonso Martínez... Dejo atrás la Plaza de España y Princesa, pero ya las había vivido y recorrido demasiado. La casa también es pequeña, sobre todo la cocina, pero es tan cómodamente habitable que no sé qué voy a hacer estos últimos cuatro días en Tutor, sino echarla de menos hasta que me traslade.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;En lo laboral, he firmado un contrato hasta el 1 de noviembre, pero el siguiente, parece ser que será hasta el 31 de marzo. Luego, Dios (Maradona o Messi) dirá. Lo importante es sentir la sensación de la continuidad en un lugar, la tranquilidad de trabajar donde te gusta y dejar atrás la eventualidad que ha regado mi vida últimamente. En el Plus todo está en ebullición; la mala situación económica ha desestructurado muchas cosas por ahí; gente que se ha ido, gente que no ha llegado, un programa nuevo y los de siempre. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;En lo deportivo, tengo un equipo de fútbol. Lo echaba de menos, la verdad. Ahora formo parte de la plantilla del equipo de Canal Plus Liga de la liga de medios. Nos enfrentaremos a otros compañeros de profesión en Futbol 7. Lo necesitaba; necesitaba una razón para volver a hacer deporte, y no me valía con las palabras como "buena vida", "vida sana" o "deporte para ser mejor persona". Quiero competir. Solo eso. Noté el cambio en mí y en mi vida el día que empecé a competir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Creo que le pondría una fecha más o menos al día que empecé a competir. Fue en COU, después de empezar a jugar regularmente en el equipo de Rosalía. Después, el equipo del colegio mayor y el que formamos cuando nos fuimos, me acrecentó esa obsesión por jugar compitiendo. Y lo echaba de menos. Mucho. Madrid no me había dado oportunidades para hacerlo, pero por fin sí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Nueva vida. Nuevas cosas. Mejores que lo de antes, espero...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-2832140958851070009?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/2832140958851070009/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=2832140958851070009&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2832140958851070009'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2832140958851070009'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/10/nueva-vida.html' title='Nueva Vida'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-1927562060659961462</id><published>2011-10-21T19:23:00.004+02:00</published><updated>2011-10-21T19:45:55.777+02:00</updated><title type='text'>¿Qué Hacías...?</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Es muy recurrente en las efemérides recordar qué pasaba alrededor. Se han hecho programas, sobre todo en la 1, que giraban en torno a lo que rodeaba un suceso. "En 1975, Franco moría. En ese preciso instante, María hacía la comida". Bien, pues me he puesto a recordar qué hacía yo en alguna fecha señalada. Y todo viene por lo siguiente...&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Ayer, en la redacción, pululaba entre las cabinas de montaje (parece que trabajo en una fábrica de coches al escribir estas palabras...), uno de los espacios con poca luz. Se supone que esa penumbra, de la que se quejan muchos (incluso un becario me dijo hace un mes que si no era posible hablar con alguien para que encendiesen completamente las luces. Iluso...), es para facilitar al realizador la apreciación de la imagen, del color... en fin, una patraña. Pues ahí estaba yo buscando una cabina libre para adelantar trabajo. Después de encontrarla y marcar el territorio (allí lo hacemos abriendo la sesión del programa para el que estamos trabajando y conectamos los cascos), me dirigí a la mesa en la que estaba sentado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Me la habían robado, algo habitual, pero perdoné a ese malhechor y me quedé de pie hablando con dos compañeros. "¿Te has enterado de la noticia del año?". Yo, ignorante y cateto, pero con los deberes hechos, ya que había seguido la información de la muerte de Gadafi, respondí: "¿La muerte de Gadafi?". "No, coño", me respondió uno de ellos con los ojos directamente posados en mi cara de listo. "Que ETA ha declarado el cese definitivo de la actividad armada". Antes de reaccionar, me di cuenta de que esas palabras tan bien enlazadas no eran casualidad, sino que las acababa de leer en algún medio digital. "¿Cómorrr?", espeté raudo dándole ese tonillo chiquitista a la palabra. Así era, ETA anunciaba que dejaba de matar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Algún día contaré que en el momento en el que ETA se "rendía" yo estaba más pendiente de la Copa de la UEFA, de los partidos que tenía que ver y de encontrar una cabina. Esa fue la reacción general. "Vaya, ETA nos regala un momento histórico y nosotros con la puta UEFA", soltó alguien desde una mesa cercana. "Cuando recuerde este día, diré que estaba minutando partidos de UEFA...", dijo otro. Y ahí se encendió la mecha.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;El 11 de septiembre de 2001, el primer hecho con repercusión histórica que he vivido (creo), lo tengo más o menos controlado. Resulta que había acabado los exámenes de septiembre el día anterior, o algo así, y estaba tan contento en mi habitación de Vigo. Al encender la tele, me quedé flipado al ver aquella torre incendiada. Ese día estuve bastante atento, pero en mi cabeza solo hay hueco para mi absoluta insensibilidad. Se rumoreaba que la jornada de la Champions League se iba a cancelar. Yo, indignado e inconsciente, hacía lo que es habitual en los egocéntricos como yo: quejarme de la mala suerte de no poder disfrutar del fútbol por no sé qué cosa que ha pasado al otro lado del océano. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Se jugó un partido, el Roma-Madrid. Lo vi. Pero también recuerdo la sensación de incomodidad por mi estúpida queja solo unas horas antes. Evidentemente, se cancelaron el resto de partidos. Ahora me avergüenzo de ser tan imbécil...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Dos hechos históricos relacionados con el fútbol. Si es que es lo que tiene el destino...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-1927562060659961462?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/1927562060659961462/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=1927562060659961462&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/1927562060659961462'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/1927562060659961462'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/10/que-hacias.html' title='¿Qué Hacías...?'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-2752580900531478679</id><published>2011-09-28T13:24:00.002+02:00</published><updated>2011-10-11T12:20:26.295+02:00</updated><title type='text'>Piso Compartido</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Haciendo el otro día cuentas, me sorprendí cuando fui consciente de que llevaba cinco años en Madrid. Llegué en 2006 y compartí piso; en 2007, cambié y me fui a compartir otro piso; en 2008, de nuevo, otro piso a compartir. En este último, en el ínclito Tutor, he pasado los últimos 3 años conviviendo con varias personas, en un carrusel de gente que iba apareciendo y desapareciendo, desde amigos a compañeros, gente con la que es fácil vivir y gente con la que te entran ganas de morir (o de matarlos).&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;En el desquicie absoluto que reflejan los años de convivencia, hace unos meses que exploté. Las manías se acentúan con la edad y la resistencia ante el diferente; la buena cara al extraño y el compartir hasta tu imagen recién levantado en gayumbos se derrumbaron de golpe y porrazo. En el mismo momento que el grito sordo del hartazgo rebotaba en las paredes y despedía un halo de luz que cegaba al más pintado, decidí que mis horas en el piso compartido habían terminado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Pero, claro, un hándicap se mostraba temeroso detrás de la puerta de la cocina: para dejar un piso te tienes que ir a otro, y volver a buscar gente con la que compartir es un trance propio del enano de Frodo portando desesperadamente el anillo. La solución estaba clara: vivir solo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Siempre que se habla de vivir solo, las voces te llenan la cabeza de monstruos: "Uf, puede ser duro", "¿con quién hablarás cuando estés harto de estar solo?", "la soledad en una gran ciudad te puede volver loco"... para mí, no; no más, al menos, que la locura que conlleva compartirte con gente con la que intimidad queda atrapada en los metros cuadrados de tu habitación, porque fuera examinan todos y cada uno de tus movimientos, hábitos alimenticios y vitales, entradas y salidas...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Del hándicap imaginario, ese que se asomaba detrás de la puerta de la cocina, pasé al hándicap real. Madrid, ciudad capital, es el reflejo de la locura y los aires desencajados de la sociedad; por tanto, se presenta como un reflejo al alza de las burbujas (la inmobiliaria, sin ir más lejos) que significa que un piso de 30 metros cuadrados en el centro cuesta lo que uno con dos habitaciones, espacio y ventanas en otra ciudad, llámese Vigo u otra de lo que aquí tienden a llamar "provincias". Lo de las ventanas lo digo porque, en esta ciudad, tan maravillosa para unas cosas y tan desquiciante para otras, las ventanas son un bien infravalorado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Mi experiencia se basa en las webs que he visitado en busca de pisos y en los que he visto &lt;i&gt;in situ&lt;/i&gt;. En Madrid, las ventanas no son necesarias. Existen habitaciones sin ventanas, salones sin ventanas, pisos enteros sin ventanas. Supongo que sirven de islas paradisiacas alejadas del murmullo estruendoso del tráfico, pero también de cajas de zapatos en los que vivían los gusanos de seda (al menos a ellos se les regalan unos agujeritos hechos con tijeras en la tapa...).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Y luego está el vocabulario, que sufre una metamorfosis al escribirse en un anuncio. "Coqueto" significa extremadamente reducido; "curioso", mal distribuido y poco habitable; "dúplex" es un bajo de techos altos en el que han habilitado un altillo para que quepa una cama, pero no tu cabeza; "ático", antiguo trastero con techos de 1,30 en el que puedes caminar si eres chepudo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Con esta ristra de maravillosos desencuentros con el vocabulario que pensabas conocer, te estrellas una y otra vez con la realidad de que, en casi todos los casos, el precio no se corresponde con un valor real o normal, sino que se consigue a través de un cálculo tan simple como: la zona de Madrid + el tamaño no importa + la antigua burbuja inmobiliaria por la cual pedías mucha pasta + lo que me sale a mí de las pelotas porque para eso soy el dueño. Además, claro está, de unas complicadas garantías, como avales bancarios que superan los 4.000 euros (a veces por bastante) o trabajos "estables" con los que rendir cuentas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Sumido en este desasosiego y en el de estar a la espera de firmar definitivamente un contrato con el que poder responder a las exigencias dislocadas de esta ciudad, más compañeros siguen rotando por mi actual piso. Ayer, después de una serie de entrevistas, cerramos la tarde-noche con un americano profesor de inglés, mezcla entre Fraiser y Paul Giamatti, de unos 40 años, pantalón de pescador, camiseta blanca, pendiente de aro y anillo en el dedo pulgar, que fumaba puros por las noches en el salón, que no sabía hablar español (porque no le salía de sus imperialistas y estadounidenses pelotas) y que le hizo a uno de mis compañeros de piso un test de nivel de inglés. Vamos, un personaje que, si nos hizo perder media hora, nos regaló un par de anécdotas. Y es que no hay mal que por bien no venga. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;¿No hay mal que por bien no venga? La persona que dijo esa frase no estaba hasta las pelotas de vivir en un piso compartido. Seguro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Juro que me iré...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-2752580900531478679?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/2752580900531478679/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=2752580900531478679&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2752580900531478679'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2752580900531478679'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/09/piso-compartido.html' title='Piso Compartido'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-2764660911085388182</id><published>2011-08-23T11:36:00.002+02:00</published><updated>2011-08-23T12:19:44.687+02:00</updated><title type='text'>El Pequeño Saltamontes</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Arreciaba el calor almeriense en aquel camping de segunda categoría, como así rezaba un cartel azul en la entrada. La visita a Cabo de Gata, parque natural sumido en el desierto, se acompañaba al paso de naturaleza muerta del desierto, de la sierra cabogateña y de esos compañeros minúsculos (y no tan minúsculos) que tratan de repoblar las zonas verdes, hoy que el gris aumenta a lo largo de la península.&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Era domingo; el Real Madrid y el Barcelona se jugaban en un primer asalto la conquista de la Supercopa, título que, por mucho que dé sentido superlativo al recipiente, es como una cola eterna para una mala película; si consigues verla, pues bien; si no lo consigues, no pasa naaaaada de nada. La Supercopa, la competición de los políticos, la del todos ganan y ninguno pierde. En fin, que me lío, que era domingo con fútbol. De los que gustan. Y después de una jornada larga de playa, el camping sirvió de boxes: ducha, ropa limpia y olor a colonia para visitar San José, uno de los principales pueblos de la zona, con el objetivo de cenar viendo el fútbol.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Salimos del camping. Conducía I.P. porque le hacía ilusión, a la pobre. Se levantó la valla de seguridad del camping, la que diferenciaba a los habitantes de los merodeadores al tiempo que se bajaban las ventanillas del Peugeot 206. Mi preciada bala plateada es uno de esos coches con caché, sin lujos, sin aspiraciones de nada... vamos, sin aire acondicionado. Así que la forma de acondicionarte es abrir las ventanas al fresco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;El trayecto por el campo abierto que separaba el camping de la carretera principal era un camino de tierra bordeado por esa naturaleza almeriense. Con la luna observándonos desde arriba, el tacto de un desconocido conmocionó el viaje. ""¿Ha entrado algún bicho?", preguntó rauda I.P. "Sí, algo me ha rozado la pierna, pero creo que se ha ido". Durante el resto del camino, no dije nada más. Quise pasar por alto que, quizás, un horrible insecto se había adueñado de mi coche, que las ventanas habían sido su puerta de entrada a mi mundo particular. No dije nada, repito, pero mis manos bajaban constantemente a mis tobillos para rascarme y acabar con unos picores que no sabía de donde venían. Fácil es recordar, para mí, &lt;a href="http://diariodeunguapo.blogspot.com/2007/04/sangre-fra.html"&gt;el horror que me hacen sentir los pequeños animalillos de la naturaleza&lt;/a&gt;, y más en la oscuridad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;La entrada en San José me hizo olvidarme de todo. Serpenteamos por el pueblo sin rumbo fijo, buscando aparcamiento, y acabamos perdidos en la noche almeriense. Era momento de parar y preguntar. Nos bajamos del coche y acudimos al auxilio de unas mujeres que, si no oriundas, parecían conocedoras de los inescrutables caminos del pueblo. "Perdón, ¿para volver al centro del pueblo?". Con el mapa virtual en la cabeza, retomamos la acción. Entramos de nuevo en el coche. Una luz auxiliadora iluminó la tapicería y nos sentamos. Yo, como copiloto, alcé la mano en la dirección adecuada. Abrí la boca, y cuando iba a entonar el camino como el mejor Luis Moya ("derecha, rasssss"), noté un impacto en mi rodilla. Bajé la mirada y grité. (Fundido a negro).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;"¡¡¡¡Uuuuaaaaaaaaahhhhhhhhhh!!!!". Un alarido irrepetible partió del estómago, recorrió la faringe, la laringe, la chupinge (¿?), volteó las cuerdas vocales y desembocó entre mis dientes escupiendo contra el cristal un aterrador berrido que, lo sé, será irrepetible por los días de los días. Postrado sobre mi rodilla, un pequeño saltamontes escrutaba, sorprendido a la par que despistado, mi rostro convertido en el sinónimo del horror. Como una bailarina con su tutú rosa, salté apoyando mi mano en el asiento al tiempo que abría la puerta. El grito se convertía en una repetición del susto anterior. Me autoexpulsé del coche y un escalofrío recorrió mis piernas. La cara del pequeño saltamontes se repetía en espiral en mi mente. "¡¡Sácalo!!", le gritaba a I.P. con la frente empapada de sudor desde el exterior de mi infectado coche. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Le entregué mi zapatilla (tenis, bamba, o como sea que se quiera llamar) y ella, como el caballero medieval, se lanzó a una encarnizada lucha contra la naturaleza. "Fissssh, fissssh". El ruido de la zapatilla recordaba al de una Tizona contra un dragón. Yo, a la pata coja en la fría acera, observé a mi derecha como un nuevo inquilino hacía acto de presencia. Una cucaracha de dimensiones estratosféricas rondaba mis saltitos a una pierna. "¡¡Rápido, sácalo del coche, ponlo en marcha y salgamos de este nido de infectos animales!!", grité con voz de mujer de película de acción. El saltamontes salió del coche y vislumbré cómo un corte de mangas se esbozaba entre sus patas. "Marica...", me dijo. Se montó sobre la cucaracha y comenzaron a cabalgar. Al minuto, sobre una pequeña montaña de mierda, vimos su figura en negativo como la de un cowboy con su cucaracha/caballo relinchando. Y huyó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;"Como los coja un día...", protesté al entrar en el coche. "Qué, ¿te meas encima? ¿Les regalas tu casa?", contestó I.P. mientras ponía en marcha el coche. "Ya, es muy fácil reírse. Se nota que no conoces al &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=K1v2yT0uyU8"&gt;Pequeño Saltamontes...&lt;/a&gt;".  &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-2764660911085388182?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/2764660911085388182/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=2764660911085388182&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2764660911085388182'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2764660911085388182'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/08/el-pequeno-saltamontes.html' title='El Pequeño Saltamontes'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-203947213838546756</id><published>2011-07-20T12:58:00.003+02:00</published><updated>2011-07-26T12:44:04.442+02:00</updated><title type='text'>Son Solo Niños...</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Luismi es uno de los redactores de toda la vida de Canal Plus. Sí, le llamamos Luismi, pero su nombre completo y sus apellidos son una constante en artículos de El País y de otras publicaciones deportivas; si se habla de fútbol italiano, argentino y brasileño en especial, ahí está Luismi. Llegó al Plus de la mano de Jorge Valdano, con el que trabajó como ojeador durante varios años. Valdano llegaba para presentar El Día Después y se lo llevó con él. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Luismi viste habitualmente de negro, es de reducida estatura, y sus paseos por la redacción con cintas y papeles son una estampa habitual del día a día del edificio ahora llamado Prisa TV. Por sus características y su manera de llegar, era conocido como "El espía", pero pronto se hizo un hueco como un redactor más. Durante este año he compartido más de una conversación con él, en las que te habla de mil cosas y anécdotas de fútbol, como que jugó contra el filial del Atlético de Madrid en sus tiempos y que Aguilera era un rapidísimo extremo derecho y que Juanma López, el férreo defensa, era su compañero en la delantera; un eficaz rematador de cabeza.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Hace un par de semanas, con la Copa América en juego, Luismi habló de un reportaje que había grabado hace unos años para emitirlo. Era sobre un joven brasileño que ya despuntaba con 16 años durante la disputa de un Mundial de la categoría. Su nombre, Neymar. Hoy en boca y en titulares de todos los medios, la actualidad llevaba un reportaje de hacía unos años a la emisión del programa de la competición en la que él, Neymar, debería confirmar el porqué de la atención recabada. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Durante el campeonato de la Copa América, solo un par de goles y un partido brillante ante Ecuador. El resto, poca cosa. La explicación, al menos yo, la encontré en esas mismas imágenes que desde Canal Plus se emitieron años después de guardarlas en la caja mágica que tienen las teles, donde se guarda lo que, algún día, puede volver a servir. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Neymar, el mismo que hoy viste y calza Nike, el mismo que destaca en el campo vistiendo la camiseta del Santos, el mismo que despunta hacia el cielo con una llamativa cresta desteñida, corría por unos campos que nada tienen que ver con los estadios que ahora recorre en Brasil y Sudamérica y pronto, dicen, en Europa. La cresta, detalle que lo identifica físicamente, desaparecía en un pelo rapado con maquinilla, que era solo una sombra negra sobre su cabeza. La cara era la misma, pero con la diferencia que marcan tres años. Su figura, reducida con respecto a sus compañeros, y su complexión física enseñaba que aún tenía músculo por desarrollar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Con él, en aquella selección sub -16, destacaba otro futbolista que ya está en Europa, Coutinho, del Inter. El resto, seguramente, no hayan llegado ni a la mitad de lo que prometían. Brasil ganó aquel Mundial para adolescentes, y Neymar a punto estuvo de perderse la final por una lesión. No se emitieron, pero las imágenes del chico llorando en el banquillo por el golpe recibido desarbolaban la imagen de rebelde que ahora retratan los medios. Era un niño de 16 años jugando al fútbol. Sin más.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Eso es, a veces, lo que no somos capaces de ver. En tres años, uno puede pasar de regatear en campos reducidos a cargarse sobre los hombros a toda una histórica selección. No nos damos cuenta, pero solo son niños. Que viven más rápido, que maduran a marchas forzadas. Pero el DNI sigue diciendo que no has llegado a la veintena. Que eres eso, solo un niño.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-203947213838546756?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/203947213838546756/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=203947213838546756&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/203947213838546756'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/203947213838546756'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/07/son-solo-ninos.html' title='Son Solo Niños...'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-5031026179507223612</id><published>2011-07-04T12:19:00.002+02:00</published><updated>2011-07-04T12:48:23.649+02:00</updated><title type='text'>"Eiquí Matáronme"</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;De las imágenes de Vigo que me he llevado desde hace tiempo de vuelta a Madrid, está la inscripción en una pared del centro. Un graffiti simple, color negro, con letra del que escribe rápido sabiendo que no le puede ver nadie. Aquella inscripción se grababa en mi pupila todos los días que pasaba por allí. Es en la Puerta del Sol, a espaldas del Sireno, esa figura deforme que nos colaron una vez contándonos que era la mezcla entre el hombre y el mar, y por eso mira con ansiedad hacia la Ría.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Bajando por Elduayen, antes de entrar en la calle del Príncipe, unas escaleras reinan a la derecha para dirigir una calle estrecha que lleva hacia el Ayuntamiento. Es una calle que he transitado pocas veces y que desde que soy pequeño he oído que la cuesta que la inicia contenía una serie de señoritas de moral distraída que se alojaban noche y día en los portales. Vamos, que era la calle de las putiflainas. La pared que mantiene rectas las escaleras que le dan inicio contenía aquella inscripción. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;La primera vez que la vi fue en el verano de 2008. Mi paso por la Puerta del Sol era obligado al pertenecer al recorrido que hacía todas las mañanas de aquel mes de julio para ir a trabajar a la COPE, que tiene la redacción en un sitio privilegiado de Vigo: en la calle del Príncipe, justo enfrente del MARCO, el museo de arte contemporáneo. Cada mañana de ese verano, hacía una mínima parada de diez segundos para leer la inscripción. "Eiquí matáronme", rezaba en color negro sobre el suave marrón de la pared. Y cada mañana, conformaba en el último tramo de mi viaje de 15 minutos hacia la redacción una pequeña historia sobre quién, qué y por qué esas letras se habían quedado ahí grabadas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;La historia más recurrente se vinculaba a mi idea de Vigo como "la ciudad sin ley". Durante años, yo viví la sensación de no tener protección. Los yonkis y la gente de malvivir (qué bonito sería decir la gente de "malviver", como las "cantigas de escarnio e maldiçer") nos sometían a los jóvenes cada día que decidíamos adentrarnos en el centro de la ciudad con mil pesetas para merendar, gastar el tiempo en los recreativos o ir al cine. Yo, con mi cara de "tengo miedo y se me nota", era blanco fácil de aquellos Monchos, Javis, etc. Pensaba yo, como decía, que alguno de esos ladrones de ilusiones, spray en mano, no había soportado la presión y la moral, si es que la tenían, había caído sobre ellos en forma de figuras oscuras y sombrías que se tomaban la ley de su mano. Se abalanzaron sobre él y lo aniquilaron; sin fuerzas, solo tuvo tiempo de escribir antes de despedirse del mundo "Eiquí matáronme" ("Aquí me mataron", vamos).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Otra idea más romántica, más Franpereica, era la de un joven que había sufrido una derrota amorosa justo en esas escaleras. En esos peldaños, alguna chica de sus sueños eternos, de esos que duran pocos meses, le había dicho que ya no le quería. Él decidió, desde ese día, morir; y dejó a modo de epitafio inscrita en la pared la frase que resumía su sentir. Él moría, ella lo mataba, y todo sucedía allí, en el comienzo de aquella calle. Con su spray, antes de abandonar el mundo terrenal en busca de otro amor, dejaba sellado el final de la historia con la frase lapidaria, por si algún policía del CSI se interesaba por estudiar el caso del chico que había muerto en las escaleras porque le habían roto el corazón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;La última vez que pasé por allí, el "Eiquí matáronme" estaba borrado. Alguien, inquietado seguramente por la frase y desesperado por no conocer su origen, había decidido borrarla de la ciudad. Pero las letras aún se leían, borrosas, como si un simple producto de limpieza no pudiese acabar con la vida de un asesinato, amoroso o justiciero.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-5031026179507223612?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/5031026179507223612/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=5031026179507223612&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5031026179507223612'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5031026179507223612'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/07/eiqui-mataronme.html' title='&quot;Eiquí Matáronme&quot;'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-4669506347011070739</id><published>2011-06-15T11:07:00.002+02:00</published><updated>2011-06-15T11:24:01.432+02:00</updated><title type='text'>Protesta Expandida</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El pasado domingo se puso fin a la famosa Acampada Sol. Desde el suelo, y con un calor asfixiante, las manos se alzaban en la lectura del trabajo de cada comisión; era la lectura del epílogo de un movimiento. Se ponía, así, punto final a días de dormir al ras, de vivir en la calle y de pretender, con un gesto prolongado en el tiempo, dar un volantazo a la vida actual.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Mi asistencia a la Puerta del Sol decreció desde el primer día. Como es normal, también hay que decir. Desde esa imagen de la plaza llena hasta rebosar donde no cabía un alfiler, desde las portadas de los grandes medios extranjeros, desde los gritos que se convertían en himnos por momentos, se pasó al trabajo de alcantarilla. Los focos, poco a poco, dejaban de apuntar a los llamados "indignados"; no solo los de los medios, sino también los de los demás ciudadanos. Parecía normal que todo el impulso inicial entrase en letargo a falta de proposiciones materiales que iban más allá del cartel o la cartulina con una ingeniosa frase (la pasta que se gastan los políticos en eslóganes para que allí, gratuitamente, pudieses disfrutar de ocurrencias geniales...).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;La opinión ha estado entre dos aguas. Los del "qué bien, ya era hora de hacer algo" y los del "solo son perroflautas". De la primera, se quedaba corto, en principio, el después, que era nada más que un ente en la memoria. Vamos, que sin acciones materiales, la idea quedaría en el gesto, en la fotografía y en el recuerdo. De la segunda, el perroflautismo creció con el paso de los días. Faltaban elementos de juicio, por supuesto, porque la mayoría que opinaba eso con desprecio, no se habían ni molestado en pasar por allí; pero es cierto que ese último día, el de recogida, la imagen que desvelaban las tiendas de campaña y las carpas improvisadas acercaban un poco a esa idea. Pero no estaría bien quedarse ahí.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ese último día, el de esa Asamblea con la que se ponía fin oficial a la Acampada, despertaron cosas buenas y cosas malas. Las buenas, la idea de permanencia, aunque no sea física, en la Puerta del Sol. Sí que habrá un puesto de información (en una construcción de madera que estaban rematando los acampados con sus propias manos) y se seguirán celebrando asambleas, se tratará de expandir el movimiento a través de internet, con blogs y páginas webs, aceptando nuevas ideas y la llegada de aires y personas nuevas. Las malas, la idea de los que se habían aprovechado de una protesta digna y válida para sobrevivir agarrándose al pertenecer a algo como único y último fin de su vida. Pero era un precio que había que pagar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Supongo que la causa no termina aquí. Hay otra manifestación el domingo 19 de junio. La idea es no acallar las voces de protesta, no aceptar y dejarse vencer por los que piensan que esto no sirve para nada. No lo sé, quizás no sirve ahora, pero solo con que alguien se plantee un cambio y un "no puede ser", algo se habrá ganado seguro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-4669506347011070739?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/4669506347011070739/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=4669506347011070739&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4669506347011070739'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4669506347011070739'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/06/protesta-expandida.html' title='Protesta Expandida'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-3347136021201178016</id><published>2011-06-08T12:19:00.002+02:00</published><updated>2011-06-08T12:50:56.673+02:00</updated><title type='text'>La Segunda</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El nacimiento de las aficiones estoy seguro de que dependen de la primera vez. Por ejemplo: la primera vez que fui a un concierto de música clásica, unos amigos de mis padres me regalaron una bolsa de caramelos; durante el concierto, yo intentaba abrirlos para degustarlos, pero las miradas inquisidoras de mis padres, de los que me habían regalado los caramelos y del resto de la gente que intentaba escuchar en silencio el concierto, me hicieron sentir fatal. Fue mi primera y última vez. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Con el fútbol, en cambio, no me pasó eso. Era el año 91 y el Celta jugaba en Segunda División. Un amigo de mi padre me ofreció acompañarles a él y a su hijo, de mi misma edad, al fútbol. Acepté. Antes de entrar, nos compramos caramelos y golosinas ("purquirías"-del español "porquerías"-, como decía el chico que me acompañaba) y yo me temí que los mismos ojos inquisidores que aún me perseguían desde el concierto, iban a seguir allí. Pero no. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Recuerdo la primera vez que me asomé por una de las bocas de la grada de Balaídos; era como en "Campeones". Nunca había ido a un campo de fútbol, así que pensaba que las cosas pasaban como en Oliver y Benji: había un comentarista que se oía en todo el estadio, los niños animaban a su equipo soltando los puños al aire y el campo era de kilométricas dimensiones. De eso, nada era real, pero sí lo fue la sensación de asomarse a la grada. Subías las escaleras mientras empezabas a reconocer el bullicio, y una luz cegadora te dejaba la imagen del césped y las butacas para unos segundos después de recuperar la visión. Los caramelos se podían comer perfectamente, porque el ruido del papel quedaba enmudecido por los gritos de los hombres insultando al árbitro, a los jugadores rivales y, en ocasiones, a sus propios futbolistas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;No recuerdo el primer partido al que fui. Quiero creer que fue un Celta-Rayo Vallecano, en el que ganamos 1-0 con gol de Paco Salillas. Y digo "quiero creer" por poner una fecha a esa primera vez en la que decidí que esa afición me encantaba y decirles algún día a mis hijos "Niños, la primera vez que fui a un campo de fútbol fue en un..." y ellos, con los ojos iluminados, me dirán "Ya, papá, ya, un Celta-Rayo que ganamos con gol de un tal Salillas". Y dirán de "un tal Salillas" porque estoy seguro de que aquel delantero aragonés chaparrito y cabezudo no quedará en el imaginario particular del fútbol dentro de unos años; de hecho, ya nadie se acodará de él.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Esa temporada, ir a Balaídos se convirtió en una rutina de domingo. Tuvo dos momentos malos. El primero, cuando el Celta sumó una increíble mala racha de empates que parecía que les torcía la temporada y el posible ascenso a Primera; el segundo, la muerte de un niño en la grada de Sarriá (antiguo campo del Espanyol - que se llamaba Español en aquella época) por culpa de una bengala. Este segundo hecho me acongojó de tal manera que dejé de ir por unas semanas. Entre la mala suerte que parecía que le daba al Celta y la posibilidad de morir, las ganas de repetir se esfumaron rápido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Recuperé el valor y las ganas de ir al fútbol. Lo hice con mi tío y con un primo segundo. Fuimos al Celta-Compostela. Ganamos 4-0 y me compraron una de esas trompetas molestas, precursoras de las mortales vuvuzelas. Y se volvió a convertir en afición y en rutina. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ese año, el Celta ascendió. Supongo que llegar en ese momento al fútbol, en pleno apogeo de un pre-celtismo que explotaría años después con el Celta que jugaba como los ángeles y encandilaba en Europa, fue determinante para hacerme más aficionado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Hoy, el Celta juega el playoff de ascenso contra el Granada, después de años malos y duros sumidos en las alcantarillas de la Segunda División (Liga Adelante, como se llama ahora gracias al patrocinio del banco BBVA... cómo cambian las cosas, qué glamour...). Y hoy mismo he sentido las mismas sensaciones. El partido lo veré en casa, con la ilusión del 92 (aunque desde ese año, el Celta ha ascendido una vez más), y si no se consigue, quedará la siguiente temporada. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Lo mejor de que ascienda no es solo lo que cubre el ámbito deportivo, sino también que dejaré de escuchar a mi madre preguntarme "Y qué, ¿el Celta sube o no?". Echo de menos cuando el equipo estaba en Primera y me decía "Creo que el Celta va bien" o "Me han dicho que este año el Celta mal, ¿no?". No lo sé, mamá, no lo sé, pero espero que este año, el Celta, bien.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-3347136021201178016?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/3347136021201178016/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=3347136021201178016&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3347136021201178016'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3347136021201178016'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/06/la-segunda.html' title='La Segunda'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-1231471524850742950</id><published>2011-05-19T18:20:00.003+02:00</published><updated>2011-05-19T18:44:22.587+02:00</updated><title type='text'>Tomando (El) Sol</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Los hechos se desencadenaron casi sin que diese tiempo a reaccionar. Desde una masiva manifestación el domingo, cayeron rodando hasta la Puerta del Sol miles de personas de las cuales, unos cientos decidieron quedarse ahí a vivir. Por lo menos, hasta el domingo. Y todo, casi sin tiempo para reaccionar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Los políticos decidieron echarse la culpa los unos a los otros; para los de la derecha, era un claro signo de protesta contra el mal gobierno de la izquierda; para la izquierda, un signo de hartazgo de la mala política de oposición de la derecha. Se marcaron, como siempre en la mediocridad, los buenos y los malos. Esa maldad alternativa del "para mí lo eres tú y para ti lo soy yo". Y salieron voces que decían que los jóvenes de izquierdas iban a hacer perder las elecciones a su partido. Pero los de derechas decidieron ver una orquesta que tocaba al ritmo de Rubalcaba. Y en medio, la gente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Desorganizada, descentralizada, deslavazada. Jóvenes, señores, mujeres, viejos y algún niño de teta. Pancartas con sentido, con maldad, con ingenuidad y con agresividad. Toldos contra la lluvia. La Puerta del Sol, el mismo sitio donde regenta Esperanza Aguirre su Comunidad, el mismo lugar donde la gente celebra el nuevo año, se ha convertido en un reducto libre de la ciudad de Madrid.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Bajando desde Preciados no intuyes la verdad; solo cuando desembocas en la plaza traspasas la frontera y te adentras en un lugar nuevo, una autocracia en medio del Sol. Bajo una carpa formada por varios toldos, centros de información, recogida de firmas, un almacén de comida, un trozo de cartón mojado en descomposición, cámaras de televisión, cámaras de fotos, un cartel que pide por favor que no se saquen las caras de las personas, un saco que esconde una siesta a las 12.30 del mediodía. Y gente. Mucha gente. Gente que pregunta de todo; que solicita información; que muestra apoyo; que cierra filas; que abre brazos; que presenta hartazgo; que ofrece comida.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;A escasos metros, la entrada del metro y cercanías que se ha construido hace poco, después de las obras que peatonalizaron la mayor parte de la plaza, con forma de caparazón, se muestra recubierta de más mensajes, de pancartas, de peticiones, de reivindicaciones. Sobre los bordes, personas de pie atentos a la Asamblea que se lleva a cabo. El foro es el suelo de Sol; muchos sentados, otros tantos de pie. Todos atendiendo a los puntos del día, que los nombra un chico, micrófono en mano. Buscan orden y concierto. Buscan organizar a la multitud. Piden turnos de palabra y la levantan más de diez personas. Cada opinión es reforzada con una ovación, parte sonora, parte muda. Unos, baten palmas; otros, por no dar opciones a la disculpa del ruido para expulsarlos, las alzan y agitan, como los sordomudos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Mientras, la vida de la Puerta del Sol es la misma. Confluyen los que duermen, los que visitan, los guiris que se hacen fotos y los que quieren saber qué es todo aquello que ven en la televisión. De alguna manera, todos tratan de formar parte de algo que no se sabe aún lo que es. Será una página más de la historia, de esas que pasas sin mirar o será el principio de algo. Lo único que se puede afirmar es que no es algo político ni interesado. No por lo menos para la mayoría. Es algo social, una lucha contra una clase, la política, que ha desfondado los cuerpos del pueblo hasta llevarlos a pedir otra democracia. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Mucho afán de protagonismo; muchas ganas de pasar a la historia como el que hizo algo en tal momento; mucho grito trasnochado desde el micrófono. Pero muchas, demasiadas, razones para hacerlo y aceptarlo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Es probable que vuelva. A ver qué pasa. Y más, después del 22-M...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-1231471524850742950?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/1231471524850742950/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=1231471524850742950&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/1231471524850742950'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/1231471524850742950'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/05/tomando-el-sol.html' title='Tomando (El) Sol'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-9200557157638427258</id><published>2011-05-11T18:02:00.000+02:00</published><updated>2011-05-11T18:04:01.107+02:00</updated><title type='text'>Saludos Mudos</title><content type='html'>&lt;p align="LEFT" style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span style="color:#535353;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El pasado lunes, cuando abandonaba la redacción con la satisfacción del trabajo bien hecho (así nos lo dice uno de nuestros jefes, "podéis marcharos a casa con la satisfacción del trabajo bien hecho"; otras veces, nos suelta un escueto "sí, podéis iros a tomar por el culo...". En plan bien, claro), me crucé con la redactora jefe (o jefa) del Plus. Ella fue la primera persona con la que contacté ante de entrar como becario hace ya algo así como tres años; primero, por teléfono. Después, en persona. Me hizo una corta entrevista, una prueba escrita y poco más.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="LEFT" style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; font-size: large; color: rgb(83, 83, 83); "&gt;Aquella vez fue agradable, cercana pero sin pasarse, risueña pero sin estridencias, y acompañaba mis respuestas con la cabeza en movimiento afirmativo. Después, supe poco más de ella. En mi periodo como becario, la saludábamos fugazmente cuando nos la cruzábamos. No nos preguntaba cómo nos iba, qué tal nos sentíamos; no nos señalaba nuestros fallos ni nuestros aciertos. Realmente, éramos becarios de segunda. Para ser importante, tenías que haber hecho el master de El País o el del CES. Si eras de esos, te presentaba a los jefazos y te hablaba más. Si eras, como yo, un becario llegado de una Universidad cualquiera, su trato era correcto, pero sin más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="LEFT" style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; font-size: large; color: rgb(83, 83, 83); "&gt;De hecho, la bautizamos como "La Marrones". De vez en cuando, se acercaba a ti cuando estabas en las cabinas de montaje. Venía por detrás, te daba un toque en la espalda acompañado de un "Hola...". Ahí sí que te preguntaba cómo te iba todo, si estabas contento, si tal, si cual... luego te soltaba el enmarronamiento: "¿Puedes venir el domingo por la mañana a hacer una sustitución (sin cobrar más por hacerlo, pero, claro, eso no te lo digo)?". Tú, becario con ansias de ser más y de quedar bien, le respondías con los ojos iluminados por la fuerza del cariño (y por un foco que te impactaba en la cara): "Sí, claro, por supuesto, a sus pies, soy lo que tú quieras que sea". Y te enmarronaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="LEFT" style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; font-size: large; color: rgb(83, 83, 83); "&gt;Antes de terminar la beca, se acercó otra vez a nosotros. Esta vez no era para enmarronarnos, sino para decirnos que no había posibilidad de contratarnos, que antes se hacían así las cosas, pero que la situación de la empresa no era la mejor y que tal y que cual. Después, mi último día me despedí con un par de besos y una charla sobre las posibilidades de volver algún día, además de preguntarle por un master que ella misma dirigía. Las sensaciones finales fueron buenas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="LEFT" style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; font-size: large; color: rgb(83, 83, 83); "&gt;A principios de septiembre, a una semana de terminar mi contrato con Cuatro, me la encontré por el pasillo. "¡Mauro! ¿Qué tal?", me dijo con alegría. "No sabía que andabas por aquí". Todo quedó en un "qué haces de tu vida" y un "qué harás después". Dos días antes de terminar, me ofreció el contrato que tengo ahora y que expira el 20 de junio. Desde ese día, poco más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="LEFT" style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; font-size: large; color: rgb(83, 83, 83); "&gt;El lunes, como decía, me la volví a cruzar. Era la primera vez que nos cruzábamos a solas, en la intimidad de una redacción llena de personas. Y yo inicié una medio sonrisa; ella, me acompañó. Levanté la mirada y la clavé en sus ojos; ella, igual. Y en ese breve pero intenso momento en el que nuestros cuerpos quedaron en diagonal, ella gesticuló un saludo mudo. "¿Qué tal?", entendí leer en sus labios. Yo musité un carraspeado "Hola, grnmiengarjerrsirr". Y pasó.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="LEFT" style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; font-size: large; color: rgb(83, 83, 83); "&gt;Esos saludos extraños, esos momentos de no saber qué contestar. Esas incomodidades del qué hacer. Me pasan constantemente en la redacción.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p align="LEFT" style="margin-bottom: 0cm"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; font-size: large; color: rgb(83, 83, 83); "&gt;A lo mejor, vuelvo a hablar con ella antes del 20 de junio. Quizás, escuche su voz dentro de unos meses, cuando vuelva la temporada y me recontraten para los mismos programas. O, quizás, este saludo en 'mute' sea lo último que hayamos cruzado sobre la moqueta gris de la redacción.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-9200557157638427258?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/9200557157638427258/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=9200557157638427258&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/9200557157638427258'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/9200557157638427258'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/05/saludos-mudos.html' title='Saludos Mudos'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-2189631916321122082</id><published>2011-05-03T13:00:00.003+02:00</published><updated>2011-05-03T13:28:06.600+02:00</updated><title type='text'>De (Im)Pares</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Soy un número par. No sé en qué momento fui consciente de ello, pero la vida me ha retratado como un número par, sin remisión. Todo empezó, quizás, por causa de los dorsales que escogíamos en el equipo del colegio. Solo fui dos veces contra mi naturaleza. Un año con el '15' y otro con el '11'. En esos momentos, respondía a las fuerzas de los pares. Cosas de la edad, supongo; me refiero a que sería un pequeño acto revolucionario de la preadolescencia. Después, volví al redil. El resto se basaron en '6' y '8'.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y es raro que sea un número par, la verdad. Más que nada, porque nací un 13 y eso marca. Marca en muchos sentidos que creo que &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/04/martes-13-hoy-puede-ser-un-gran-dia.html"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;ya conté&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;. Pero cuando algo es inevitable no se puede parar. Así que me he visto envuelto en número pares el resto del tiempo. Y se refleja en las estúpidas manías del día a día, en el hecho de tener que comer cosas pares, de repetir dos veces las cosas, de viajar en líneas de metro pares y en autobuses que terminan en el '2'. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El mundo, realmente, está hecho para pares. Es cierto que, últimamente, la modernidad trata de dar importancia al impar, al rollo 'single', pero no es más que una oscura forma de llevar a esos impares a que compartan, a que se conviertan en pares, como el resto del mundo. El mundo que describe el signo de victoria con dos dedos, que nos cede dos ojos y nos dice que mejor ir en pareja a algunos sitios. Muchos impares están mal vistos, como el que sale por la noche solo. No es lo mismo estar 3 personas, pero eso no es más que una forma de esconder que el impar necesita a 2 más. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El problema que le llega al par es cuando tiene que convivir con un impar. Ahí estoy yo, en esa situación. "No somos nada empáticos entre nosotros", me dice el impar. "Pues claro", respondo rápidamente. Es que es muy complicado unificar realidades tan distintas, planos de la vida tan opuestos que generan el sempiterno duelo par/impar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Al principio fue complicado, la verdad. Mi impar no era capaz de centrarse con otros pares; le salía un sarpullido en la piel y se declaraba alérgico a los que eran como yo. Y lo había intentado varias veces. Había llegado a la conclusión de que sería un impar que compartiría con los pares lo necesario, lo imprescindible y en los momentos en los que los necesitase realmente. El problema que le generaban aquellos pares era que trataban de convertirlo en uno más del rebaño. Pero el impar, como parte de su naturaleza, reaccionaba con extrañeza y abandonaba la paridad en cuanto podía. Lo hacía poco a poco, a veces torpemente y terminaba demasiado cansado. "Quizás esto no sea para mí". &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y un día cualquiera nos encontramos. "Vaya... eres par. Lo siento, no tengo entre mis planes volver a un par". Y lo intentó con otros impares, pero tampoco funcionaba con ellos. Estaban en la misma realidad, pero no por ser impares significaban que compartiesen números. Además, algunos de esos impares buscaban ser pares, por ser como los demás. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y nos volvimos a encontrar. "Sigo siendo impar, pero...". El 'pero' se convirtió en un 'quizás', en la prueba de que aquel impar decidía olvidar la naturaleza del número y centrarse en la realidad de que los números no siempre dicen la verdad. Y yo, par de toda la vida, acepté el reto de reflejarme en otro número y cambiar un poco de dirección.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ahora convivimos en la misma realidad, sin tener en cuenta la terminación del número. Se presentan dificultades, entre el '9' y el '8', por ejemplo, pero tiramos de calculadora y sumamos un nuevo número. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ya iré contando cómo se vive siendo un par impar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-2189631916321122082?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/2189631916321122082/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=2189631916321122082&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2189631916321122082'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2189631916321122082'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/05/de-impares.html' title='De (Im)Pares'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-3674845814738851286</id><published>2011-04-07T13:12:00.002+02:00</published><updated>2011-04-07T13:39:56.824+02:00</updated><title type='text'>Un Soplido</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Quién de pequeño no se cayó brutalmente contra el suelo y se rasgó los codos o las rodillas. Quién, después de la caída, no se levantó con el gesto torcido embadurnado en lágrimas. Quién, en pleno desastre natural, no gritó el nombre de sus padres pidiendo auxilio. Quién, ya en brazos protectores, no recibió la cura milagrosa: un simple soplido; una ráfaga de aire conocido que sanaba, como el culito de rana, el escozor propio de la herida mortal de la infancia. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Antes, hace años, aquel simple soplido solucionaba los problemas. Te entregaba a la calma y te dejaba mecerse entre sus brazos hasta que el próximo juego salía a la palestra y tú brotabas otra vez de un salto para acompañarlo. Ahora es más difícil que un soplido cure las heridas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;No me quiero perder en la demagogia, pero leyendo los periódicos diariamente, me doy cuenta de lo fácil que es hoy en día causar el desgarro de la piel y los pocos soplidos auxiliadores que llegan hasta ellas. Sin ir más lejos, el manido tema en el último día y pico de los eurodiputados y los vuelos en primera clase. En cuanto lo supe, mi primera reacción fue cabrearme con todo. Cabrearme porque, mientras se hacen malabarismos propios del circo para sanar sin soplidos las economías (por quedar ya no nos queda ni Portugal), la élite política, la que se supone que nos debe mecer en los brazos y lanzar soplidos, se carga de razones para que, de una vez, el voto en blanco sea el mal menor. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Desde que se empezó a hablar de esa recién nacida crisis (negada por ZP hasta la saciedad), pensé que, esos padres nuestros, bien podrían ajustarse los cinturones; dejarse de memeces, de coches oficiales, de comidas copiosas con el objetivo de sacar más dinero del mantel, de cobros en negro, de pagos en metálico. En cambio, la solución estaba en empujar a los niños para que se rozasen la piel contra el asfalto y luego no atenderles, esgrimiendo el "lo hago por tu bien. Ya verás como se te pasa, ¿o es que no eres un hombrecito, ya?". &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y ya no digo nada del resto de la actualidad que riega las páginas. Ni de la desestructuración civil y mental. Ni de las noticias de sociedad que tanto gustan en Gente. Ni de la ola de cambios en los países árabes. Ni de las marchas en contra de la violencia en México (por fin, coño). Parece que todos están esperando el soplido en el codo que les permita descansar unos minutos para reincorporarse al juego. Un soplido que no llega. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Yo, para curar las heridas, he decidido que, en una semanita, me marcho a Vigo. He llamado a mis padres y les he dicho que cojan aire, que lo guarden en botes bien tapados, que los quiero traer a Madrid para, desde lo que se supone un punto central de la geografía (o eso dicen los mapas que estudié) lanzarlos al vuelo. Quedarme, eso sí, algunos para mí y para la gente que los necesita de primera mano, pero que el resto recorran todo el papel y dejen de caer, una y otra vez, sobre el suelo que rompe mangas y raspa codos. Yo qué sé, es que los soplidos de mis padres siempre han sido muy efectivos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Yo lo he intentado con mis soplidos, pero entiendo que a veces no es suficiente, porque los míos no tienen experiencia, no han terminado por aprender a curar heridas. Como mucho, son infectantes recién levantado...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ah, por cierto, este es mi post número 200... ¡¡¡Cajón'tal!!!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-3674845814738851286?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/3674845814738851286/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=3674845814738851286&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3674845814738851286'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3674845814738851286'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/04/un-soplido.html' title='Un Soplido'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-4637233099951393128</id><published>2011-03-23T19:51:00.002+01:00</published><updated>2011-03-23T20:08:51.298+01:00</updated><title type='text'>Enfermedades Ajenas</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Hay dolores que duelen más que otros. También hay dolores que afectan más que otros. Es como las lesiones, las enfermedades; siempre las hay algunas más graves. El otro día, por ejemplo, esperando el autobús en Plaza de Castilla, una señora mayor lloraba desconsoladamente. Se llevaba la mano a la cara para tapársela, pero sus lamentos en forma de llanto se le escapaban entre las grietas que formaban los dedos cerrados. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Los que esperábamos con ella, hacíamos caso omiso a la llantina de la mujer. En esos casos, piensas hasta tres cosas diferentes. Primero, que será una loca más de esas que abundan en las ciudades, que llora por que sí, porque le dio la tolemia y ya está; sin más. La segunda, es que algo muy grave le acaban de comunicar. La noticia es tan grave, que la señora no puede reprimir el llanto y se desconsuela en directo para los de la cola del bus porque no le queda otro remedio. En este caso, sientes cierta pena. "Qué cosa tan grave le habrán dicho para que llore así", pensaba. Vamos, que esos llantos no son de "me he dado con el canto de la mesa en la rodilla", sino más de "se ha muerto mi único hijo que iba para notario". La tercera cosa que piensas es que es ella la que está mal y que se acaba de dar cuenta de que, seguramente, esa sea la última vez que espere el autobús haciendo cola. Lo que nosotros hacemos mecánicamente, ella acaba de descubrir que no lo va a hacer más. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;La señora subió en el autobús y se bajó a medio camino, al lado de una residencia que nunca llego a descubrir de qué es exactamente. Bajó acompañada de sus lamentos y se perdió mientras el bus continuaba su camino. Los pasajeros giramos la cabeza y la acompañamos hasta que la perdimos de vista a modo de despedida. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Al final del trayecto, me encontré mal. Y es que hace tiempo que me pongo enfermo pero por males ajenos. Antes de ayer, como último ejemplo, me levanté con un dolor insoportable de garganta. La cuestión es que podía hablar y tragar con facilidad, pero me dolía constantemente. Y era un dolor que no se asemejaba al mío. Vamos, que era como si estuviese sufriendo el dolor de otra persona que se acaba de poner enferma pero que como no tiene tiempo para eso, ha expulsado sus gérmenes que han decidido instalarse en mi cuerpo de manera provisional mientras no consigan volver a su hogar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Con la mujer me pasaba algo parecido; el dolor en el pecho era una presión insoportable, y la mano derecha se lanzaba contra mi boca como si fuese a detener un llanto que nunca llegaba. Y todo empezó hace unas semanas, cuando me dolía la cabeza, pero no la mía. Cuando me duele la cabeza, tengo que cerrar los ojos y la frente se hace un muro de hormigón pesado que empuja los párpados contra el suelo; en este caso no era así. Me dolía de perfil, como si no hubiese completado la descarga del dolor y sólo se hubiese instalado la mitad. Además, me afectaba a la mandíbula, no a la frente. Estaba claro que era un dolor ajeno, no me pertenecía, y como tal lo traté. Me tomé unas pastillas que no me tomaría para mi dolor habitual. También me bebí un té, porque a mí no me gustan, pero pensé que a la persona del medio dolor de perfil es posible que le gustase y que, en todo caso, una infusión así no le vendría mal seguro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Con todos estos dolores ajenos estoy pensando que, quizás, lo que pasa es que estoy desarrollando, por fin, esa cosa llamada "empatía". O que no duermo bien por culpa de los obreros que martillean de sol a sol el piso de arriba. Pensándolo bien, tiene que ser lo segundo. Seguro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-4637233099951393128?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/4637233099951393128/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=4637233099951393128&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4637233099951393128'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4637233099951393128'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/03/enfermedades-ajenas.html' title='Enfermedades Ajenas'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-5528216093382799791</id><published>2011-03-11T21:20:00.005+01:00</published><updated>2011-03-11T21:54:17.872+01:00</updated><title type='text'>Periodismo Muerto</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Llevo más de un mes sin actualizar el blog. Las razones, muchas, supongo. Cada vez me cuesta más publicar lo que escribo y cada vez me cuesta más pensar que lo que se escribe significa algo. Y entre estos vaivenes, lo tengo claro: el periodismo ha muerto. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Hace unos meses, comiendo con mis padres en mi casa de Vigo, me retraté. Puse palabras a los sentimientos que llevaba tiempo acumulando en el estómago. "No soy periodista. Ni lo soy ni lo quiero ser". La estupefacción de mis padres desembocó en una pregunta: "Entonces, ¿qué quieres ser?". Era normal la reacción, por supuesto. Más que nada, porque siempre he dicho que mi sueño era ser periodista deportivo. Ahora que lo soy, o que juego a serlo y me pagan por ello, resulta que no lo soy. Más allá del trabalenguas confuso, está la realidad. Y no, no soy periodista.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Me dí cuenta en El País. ¿Información? ¿Actualidad? ¿Veracidad? ¿Instantaneidad? Esas palabras me sonaban a chino. Llevaban tiempo haciéndolo y cada día su significado se perdía más entre las caras de la redacción. Sinceramente, ser los primeros en dar una noticia, y más las que llegan desde las agencias (para los que no lo sepan, los medios tienen una emisión directa de noticias de agencia que hay que vigilar por si suena la liebre y hay más cosas para rellenar una página. Vamos, que es algo común y que está, en la profesión, fuera de toda sorpresa), me parecía una chorrada absoluta. Incluso, una razón onanista para darse palmaditas en la espada por parte de los grandes editores. Así que, importándome una mierda eso, mi perfil periodístico se venía abajo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Si yo moría a lo largo de estos años era porque el periodismo estaba, para mí, muerto. Queda el rastro de lo que algún día fue. Pero ya no es. Vamos, que es, sí, claro que es, pero es otra cosa. Y el ser, como el estar, tienen la facilidad de mutar dependiendo del momento y el lugar. El periodismo es algo, pero es otra cosa que nada tiene que ver con lo que era antes. No voy a hablar del origen del periodismo porque es evidente: gente que quería contar cosas. Normalmente, de denuncia. Otras, de información; de ahí, las agencias de noticias. A partir de ahí, con el camino recién empezado, ya comenzó la cuesta abajo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Y el periodismo como tal huele a podrido. Es el cadáver de un burro, ya putrefacto, que devoran los buitres. Es, como tantas otras cosas, una manera de ganar dinero. Vendrán los puristas a decir que no, que es tal y que es cual. Me parece genial, pero a mí no me la cuelan. Ni Gabilondo ni el otro, con todo el respeto profesional que le tengo a los Gabilondos y a los otros. Y en plena mortalidad acentuada, fallecía CNN+, uno de los resquicios lo más parecido a lo que yo entendía como periodismo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Y en el deportivo, pues más de lo mismo. He llegado al hastío absoluto, al cansancio mental, al agotamiento psíquico. Hoy es, nada más y nada menos, un agujero para mandar granadas de mano de un lado al otro, encabronar a la gente y vender. Eso es lo que es. Nada más. Y me refiero al periodismo como tal. Es cierto que de ahí nacen grandes cosas, como historias, libros, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.elpais.com/articulo/deportes/vomito/payasos/elpepidep/20110306elpepidep_9/Tes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;artículos de opinión&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;, programas de televisión. Pero el periodismo, en puridad, tiene el tufo del que no se limpia el culo desde hace siglos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Ya casi ni me da pena. Sólo presencio ojiplático los desvaríos de la profesión, los nombres manchados y las manos ensangrentadas de tinta. Pero de tinta china, de la que desaparece al cabo de un rato. Porque digo esto, pero mañana no, y no pasa nada. Porque digo tonterías, pero mi excelso curriculum me hace invisible a las balas. Y eso cansa. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Está muerto. No mal enterrado, muerto. Por mucho que nos queramos engañar. Hay artículos maravillosos, escritores geniales, pero gran parte pertenecen a caras que insinúan gestos cadavéricos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Por suerte, quedan &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.lalibretadevangaal.com/"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;sitios&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;, como limbos, que desahogan la frustración de los que intentamos ser algo algún día. Incluso, sin conocer a las &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.sportyou.es/blog/futbol/2011/03/10/periodismo-de-camiseta-299653.html"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;personas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt; que se esconden detrás de los nombres, parece que quedan algunos cerebros con partes intactas, suficientes para darle cuerda a la realidad y mostrarla sin importar, de una vez, intereses empresariales espurios (toma epíteto que te crió).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;De momento, no estoy enfangado. Creo que estoy fuera de ese círculo, gracias a Dios, por el trabajo que yo hago. De todas formas, si me llega el barro, si me da de comer, lo haré, para qué ser hipócrita. Pero, de todas formas, si no me llena la boca algún día, el mismísimo Maradona (o Messi, que es ahora el nuevo Dios; o el megamusculado CR7, por no herir sensibilidades) sabe que no pasará nada. Nada de nada.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Descanse en paz, si le dejan.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-5528216093382799791?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/5528216093382799791/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=5528216093382799791&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5528216093382799791'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5528216093382799791'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/03/periodismo-muerto.html' title='Periodismo Muerto'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-4370849544112260498</id><published>2011-02-09T10:34:00.002+01:00</published><updated>2011-02-09T10:57:23.586+01:00</updated><title type='text'>De Niño</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Con los años he perdido parte de lo que era hace años, bastantes ya, cuando era un niño. Siempre me recuerdan como impaciente, revoltoso, ilusionado y con gran capacidad para la sorpresa. También risueño, que estallaba en carcajadas sonoras, pero con tendencia a la otra dirección, a la de esconderme en el regazo de mi madre buscando una siesta con el chupete. Eso sí, hasta que llegaba mi hermana para proponerme otro juego. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;No es nada especial, la verdad. Siempre se habla de la capacidad constante para sorprenderse que tienen los niños. Recuerdo la imagen de mi primo viendo cómo nuestro periquito extendía las alas en aquella jaula diminuta, cómo le mutaba la expresión de la sorpresa al miedo y desembocaba en la risa mientras nos miraba a mi hermana y a mí. Él estaba sorprendido viendo una novedad que para nosotros no era más que una rutina de aquel pájaro. Petra, se llamaba (el periquito, no mi primo. Por cierto, él decía "Peta"...).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y estos días he recordado lo que era de niño porque quizás necesito volver a serlo. Sentado en el salón de mi casa con la televisión encendida he emprendido un viaje hasta Vigo, hasta los años 90, hasta mi habitación un miércoles cualquiera. Con la televisión encendida y un balón de tela (para no romper las cosas) zigzagueando entre mis piernas. De fondo, la 2 (ese canal que todos vemos mucho) retransmitiendo un partido de la Liga de Campeones. Jugaba el Mónaco, eso lo recuerdo; pero no sé contra quién. Aquel equipo de Scifo, Klinsmann, Djorkaeff... Ese es, seguramente, el germen de mi afición al fútbol como espectador. Aquellos partidos de equipos europeos que desconocía pero que me generaban un interés inusitado a mis 13 años. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Recordé, justo, los domingos por la noche, después de la jornada de Liga. "Estudio Estadio" o "En Xogo", con los resúmenes de todos los partidos. Incluso grababa los programas para verlos completos al día siguiente; y en esa época (o antes, ya no recuerdo tanto), "En Xogo" daba la Segunda B y la Tercera División. Y revisaba los partidos, las revistas, los diarios, ávido de información, de datos, de nombres, de curiosidades, de equipos, de países, de ciudades. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y llegamos a los lunes. Y llegamos a "El Día Después", un programa que me marcó. Mis primeros recuerdos son de Nacho Lewin con varios relojes por muñeca y un tal Robin, un inglés de acento británico que hacía las veces de co-presentador. Aquellos vídeos, aquella forma especial de ver el fútbol, aquel pasar por encima de lo meramente deportivo para hacer hincapié en lo que rodeaba al circo, aquel moverse fuera del rectángulo para buscar la noticia en otro punto de mira, dar otro enfoque a la pasión que nos retrataba, aquel primer plano de la boca de un futbolista despejando las dudas sobre sus palabras; unas palabras antes nunca vistas en televisión. Si me dicen en esa época que algún día estaría en ese mismo programa no sé qué hubiese hecho, cómo hubiese reaccionado. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ahora que lo estoy, mi reacción ha sido extraña, la verdad. Apática, supongo. Desprendida, a ratos. Desenfocada, en ocasiones. Y me veo en la necesidad de recoger mis 29 años, doblarlos y convertirlos en 18, y volver a plegar el papel para dejarlos en 9. Y renovar ilusiones y jugar a lo que llevo unos años jugando; a ser periodista deportivo. Un juego que quizás se termine, pero que debería ser eterno mientras dure, no vaya a ser que dentro de otros 20 años me descubra en mi salón recordando cómo viví en aquella redacción sin la ilusión que tenía a los 13 y jugaba en mi habitación al fútbol mientras Scifo metía el balón en profundidad a un joven Djorakeff, que centraba a la cabeza de Klinsmann para que anotase el segundo gol del Mónaco en la fase de grupos de la Champions. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;P.D: Todo viene de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.capitanarana.com/entrada_nico.php?idPost=284"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;este artículo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt; de Nico Abad que me ha hecho pensar...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-4370849544112260498?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/4370849544112260498/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=4370849544112260498&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4370849544112260498'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4370849544112260498'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/02/de-nino.html' title='De Niño'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-5438583677456750799</id><published>2011-01-31T14:35:00.002+01:00</published><updated>2011-01-31T15:03:49.614+01:00</updated><title type='text'>La Importancia De La Electricidad</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Solemos escapar, como tontos, de las obviedades de la vida. Si alguien, por la calle, un desconocido, se acerca a ti y te dice: "Eh, amigo, la electricidad es la pera limonera, ¿qué haríamos sin ella? Sería un retraso importante, volver a la edad de piedra". Tú, homo sapiens erguido de los cojones, chasquearías la lengua, desviarías la mirada lanzándola en un semicírculo y pensarías que menuda obviedad, que vaya un pensador contemporáneo es este payaso que se te acaba de cruzar por el camino. Bien, yo haría lo mismo. O eso era antes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Una vez, hace años, conté lo doloroso que es &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://diariodeunguapo.blogspot.com/2007/03/historia-de-una-ua-rota.html"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;romperse una uña&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;. Igual que ante la obviedad de la electricidad como motor de nuestra vida, pensaba que era una mariconada. Literalmente. A mí se me puso en 90 grados, y eso duele. Mucho. Muchísimo. Y no lo sabes hasta que no te pasa. Lo mismo ocurre con las modernidades a las que estamos ya hechos. Que si el móvil, el ordenador, la televisión, la TDT, el iPhone (¡¡tengo uno!! ¡¡Yuuujjuuuu!!), el DVD, el CD, la cadena de música, el iPod, el Mp4, el no sé qué, el no sé cuántos... Todo, absolutamente todo, dependiente de la electricidad. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;La mala sombra me llegó en la redacción. Era lunes, mediodía, cuatro horas antes de que empezase el programa. Suena la alarma de mensaje en mi móvil. Y aparece la cara de alarma en mi rostro: "Nos han cortado la luz por impago". El mensaje era claro, pero necesitaba más datos. Llamo por teléfono (gratis desde la redacción, claro). "Con el cambio de cuentas y de domiciliaciones se nos ha pasado, y tardarán en reponerla hasta el miércoles por la tarde...". Mi gesto se fundió como la bombilla que fallece. "¿Te pasa algo?". "Sí, que me he quedado a oscuras". &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Llegué a casa a las 12 de la noche y allí estaba: la oscuridad. Sobre la mesa que te encuentras en la entrada, varias velas y una bombilla comprada en un chino con un interruptor de cuerda. Tiro de él y surge una mínima iluminación. La electricidad que nace de las pilas no tiene tanta fuerza... "Menuda mierda", pensé. Y así me escabullí por el pasillo, llegué al baño, me quité las lentillas, me puse las gafas, rastreé el cajón buscando un clinex, hice pis (sí, soy de esos). Y me acerqué a la cocina. Me di cuenta de algo horrible: la nevera funciona gracias a la electricidad. Vamos, que la comida que había corría el tremendo riesgo de pudrirse en ese día y medio que faltaba. Por suerte, el agua caliente pertenecía a la caldera central del edificio, igual que la calefacción. En la oscuridad de la habitación, consumí un 37% de batería del ordenador viendo un capítulo de los Soprano y me dormí. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El martes tenía el día libre... pero sin televisión, internet u ordenador, las cosas son distintas en un día libre. Qué hice... leer. Sí, como un intelectual, me pasé toda la mañana leyendo. Comí fuera, porque la vitrocerámica es muy suya y también degusta electricidad, y centré mis esfuerzos en entender que esto no era más que un mensaje de la modernidad. "Mauro", decía, "las cosas importantes en la vida son otras, las pequeñas, las imperceptibles, como los recién nacidos, los pajarillos o los supositorios". "Tu p**a madre...".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Viví como un mendigo de lo moderno. Que quería cargar el móvil, a la cafetería a consumir cerca de un enchufe; que quería cargar el ordenador... lo mismo; que necesitaba un café... también a la cafetería; que necesitaba internet, pues no iba a la cafetería, sino al locutorio. Pedía en una esquina que, por caridad, alguien me cediese un poco de electricidad. "Una ayudita para un pobre desconectado... Señora, mire lo mal que lo paso". "¡¡Trabaja y déjate de tonterías!!", me gritaban las señoras que iban a la compra. Y me lo planteé: ir a la redacción a pasar las horas, a alimentarme de su luz, a enchufar algo, a notar el calor de los vatios, a sentir el cariño de la lucecita del móvil...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Mientras pensaba esto, el miércoles llegó. Eran las 12 del mediodía y la luz seguía escaqueada. Me acerqué al cuadro de luces y tomé una decisión: iba a levantar los fusibles. Es cierto que faltaban horas para lo que Fenosa entiende por "tarde" pero, qué cojones, era un hombre, un machote. Y así lo hice. Levanté uno por uno aquellos fríos fusibles. Con el último, una luz se encendió a mis espaldas. Era pequeña, tenue, huidiza, pero era una luz. El interruptor de la luz del salón me llamó: "¡Apriétame!". Lo apreté. Y sí, era cierto, la luz había vuelto a mi vida. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y nunca, repito: NUNCA, volveré a pasar hambre de electricidad. Y cada paso que dé, será siendo consciente de que hay algo mejor y más importante que la vida, que la muerte, que la paz o que la cura de las enfermedades. Y eso es... LA ELECTRICIDAD.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-5438583677456750799?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/5438583677456750799/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=5438583677456750799&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5438583677456750799'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5438583677456750799'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/01/la-importancia-de-la-electricidad.html' title='La Importancia De La Electricidad'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-4328530097725840017</id><published>2011-01-11T01:27:00.002+01:00</published><updated>2011-01-11T01:44:10.956+01:00</updated><title type='text'>Jardín Secreto</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Llevaba unos años pasando por ahí. El "Jardín Secreto". Guardaba la memoria de las aceras de aquella calle miles de historias, de pasos solitarios o acompañados. Era un referente en mi vuelta desde Malasaña a mi casa. "Ah, ya estoy en el Jardín Secreto; estoy al lado de casa...". Desde la cuesta que daba acceso a sus ventanas, veía, desde lejos, la gente dentro, disfrutando de un café, un té, una tarta o un plato de comida. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;La puerta siempre estaba cerrada, y el lugar, repleto. Para mí, el Jardín Secreto era un desconocido. Una pareja de paredes inertes que formaban una esquina, la misma que doblaba al pasar por aquella calle. No reconocía nada más que su fachada exterior, su cartel, que se levantaba sobre la puerta, y sus ventanas, que desvelaban en el claroscuro los perfiles de dos personas hablando.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Me engañé varias veces. Pasaba de largo y me iba al Café sin Nombre. También tenía ventanas, y asientos parecidos a los que pensaba que tendría el Jardín Secreto; y exposiciones de cuadros que alguien, algún dislocado, decidiría comprar en un arranque de amor al arte desconocido hasta ese momento. Y me engañaba pensando que el Café sin Nombre era más público que el Jardín Secreto, más cómodo, menos transitado y, por tanto, mejor y más accesible. Por eso acababa ahí. No tomaba riesgos. Si el Jardín Secreto estaba lleno, pasaba de largo, avanzaba unos metros y abría la puerta del Café sin Nombre, donde siempre me recibía aquel camarero calvo o la chica de pelo corto. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Hoy he entrado en el Jardín Secreto. Es diferente. Por lo menos, lo es del Café sin Nombre. Las paredes están repletas de adornos que parece que sobraban de otros lugares. Es una decoración sin ton ni son, pero acorde entre sí. Las paredes combinan fotos en blanco y negro de actores antiguos, una escena de "Desayuno con diamantes", una casa forrada con papel de periódico o un carro que vuela hacia la luna con la cabeza de un reno que sobre sale por uno de los ventanucos. "Yo tengo ese reno". El carro parece que escapa de los que le persiguen, como Elliot en bicicleta, teledirigido por E.T. "Te pareces a Elliot". Y yo no puedo evitar esbozar una sonrisa; siempre me identifiqué más con el marciano del cuello que se estira. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y la mesa tiene un reloj debajo del cristal que impide que el té y el capuccino se derramen en el aire. El reloj está parado. Justo, hace unos días, hablaba de las cosas que son capaces de parar el tiempo, y ese reloj seguro que había sufrido cualquier tipo de percance que lo había detenido en las 9 de cualquier día, de una mañana o una noche cualquiera de un año desconocido. Y quizás por una de esas razones que consigue que se pare el tiempo. A lo mejor, se paró desde mi entrada en el Jardín Secreto, como si supiese que, a veces, paro el tiempo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Los camareros no van a juego con la decoración, rococó, sobrecargada y extravagante por espacios; visten un polo color azul. Y atienden con la virulencia del estrés del encargo apresurado. Poco afectivos para estar en un café dentro de un Jardín Secreto. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y es por momentos, pero el tiempo recobra la capacidad de pararse. Siempre había pensado que tenía que entrar allí. Será que no encontraba la razón ni el momento.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-4328530097725840017?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/4328530097725840017/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=4328530097725840017&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4328530097725840017'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4328530097725840017'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2011/01/jardin-secreto.html' title='Jardín Secreto'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-5235446668514594139</id><published>2010-12-15T13:58:00.009+01:00</published><updated>2010-12-15T19:12:27.298+01:00</updated><title type='text'>Gijón En Menos De Tres Horas</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;El martes por la noche descolgué el teléfono y me lo comunicaron: "Mauro, viajas a Gijón el domingo". "De puta madre", dije; luego recordé que a mis padres no les gusta que diga tacos, así que rectifiqué. "Chachi, qué guay". Volvía a Gijón, donde viví durante un año y medio en mi más tierna infancia. En ese momento estaba en Lisboa (ya contaré, supongo, en otra ocasión), pero mi cabeza se trasladó hasta Asturias, hasta Gijón, hasta El Molinón. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Resulta que uno de mis nuevos cometidos es viajar como &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Captaci%C3%B3n_electr%C3%B3nica_de_noticias"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;ENG&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;. Era mi segunda vez, porque somos varios nuevos y nos van rotando. Casualmente, han decidido mandarme de ENG el fin de semana posterior a un viaje de placer. El primero fue en Barcelona, en Cornellá, estadio del Espanyol; cuando me lo comunicaron estaba en Granada (supongo que también lo contaré en otro post). Lo malo de eso es que los días que te restan de viaje los pasas dándole vueltas a lo que vas a hacer el domingo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Para Gijón tuve una idea clara: Preciado, su entrenador. Estaba en la cuerda floja, el equipo iba mal y una derrota del Sporting ante el Levante podría ser fatal. Le seguiría durante todo el partido, escondería un micro, y tendría la imagen con sonido perfecta. Esa idea se fue diluyendo entre el jueves y el viernes, y el sábado tenía menos fuerza que un puñetazo mío (soy extremadamente débil). Así que me puse a buscar otro tema, algo con lo que cubrirme las espaldas. Casualmente, los diarios asturianos le habían dado mucha bola a &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cundi"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Cundi&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;, ex futbolista del histórico Sporting de principios de los 80; resulta que su hijo, Rubén Suárez, jugaba en el Levante y regresaba al Molinón en Primera División por vez primera (valga la ridodoncia). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Tenía tema: ver el partido con Cundi, grabar sus reacciones y, al final, juntarlos a los dos. Conseguí su teléfono, después hablé con el Sporting para que me dejasen grabarlo en un palco privado... vamos, tenía tema. Así, el sábado lo cerré con una sonrisa en la cara. Al día siguiente iba a grabar y estaba convencido de que podría convertirlo en un vídeo de El Día Después. Qué pasó... Lo siguiente:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;b&gt;1.-&lt;/b&gt; Llego al aeropuerto de Barajas, saco mi tarjeta de embarque y me llama Jon, uno de mis compañeros que viajaba a Alicante. "Mauro, se están retrasando y cancelando vuelos. Ven a las pantallas que están después del control de metales". Allí estaba él, Jon. Me dijo que José, otro de los que viajaba, él a Bilbao, se había cogido un coche. Yo vi en la pantalla que todo estaba correcto, así que embarqué sin problema.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;b&gt;2.-&lt;/b&gt; El autobús que nos llevaba al avión se paró delante del pájaro ese de metal. Estuvo cinco minutos parado y dio la vuelta. Volvíamos a la terminal. La gente empezó a ponerse histérica. Me llamaron desde Producción (los que gestionan los viajes y los gastos). "Si no sale, coge tu coche y vete YA a Gijón; son 4 horas". Y así lo hice.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Aclaración: hay que estar con el cámara en el estadio dos horas antes de la hora del partido, las cinco, en este caso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;b&gt;3.- &lt;/b&gt;Regresé a la Plaza de España y partí hacia Asturias. En el camino pensé: "¿Por qué no me han alquilado un coche ya en el aeropuerto?". Respuesta: porque soy tonto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;b&gt;4.- &lt;/b&gt;Llegué, entre pitos y flautas, a Gijón a las 16.50. Entre que aparqué y que conseguí mi acreditación y el peto para estar a pie de campo, eran las 17.20. Grabamos sólo el juego, y quedé con Cundi para verle en el descanso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;b&gt;5.-&lt;/b&gt; La historia de Cundi no salió. No pudimos grabar bien en su palco VIP de ex jugadores del Sporting porque era pequeñísimo y le tapábamos la visión al resto de la gente y su hijo fue sustituido al poco de comenzar la segunda parte. Al final del partido los junté, pero ya sabía que no tenía historia, así que mi ilusión esfumada me hizo entender que no iba a salir nada. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;b&gt;6.-&lt;/b&gt; Regresé a Madrid. A las 00.50 estaba en la redacción para dejar las tarjetas. Al día siguiente, me planté tres horas antes en la redacción para ver el bruto. Compacté 6 minutos de las más de dos horas de grabación y me presenté en la reunión con el tema de Cundi y otro que salió del visionado de las imágenes: la tensión que se vivió. Y el vídeo fue ese: tensión en el Molinón. Eso, más dos imágenes para "Lo que el ojo no ve" y unas imágenes de un sportinguista cabreado con su portero con el que se retó para después del partido fue el resultado de mi viaje. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;No estuvo mal, la verdad. Podría haber sido peor. Este es el resultado:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="480" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/g6bszUHzsKA?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/g6bszUHzsKA?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Y así recorrí más de 900 kilómetros para estar menos de tres horas en Gijón...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-5235446668514594139?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/5235446668514594139/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=5235446668514594139&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5235446668514594139'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5235446668514594139'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/12/gijon-en-menos-de-tres-horas.html' title='Gijón En Menos De Tres Horas'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-8896578853742883521</id><published>2010-11-30T10:50:00.002+01:00</published><updated>2010-11-30T11:17:22.592+01:00</updated><title type='text'>Fetichismo</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;La vida me ha sentado, habitualmente, a esperar a los demás. Si existe la impuntualidad es porque hay otras personas, como yo, que marcamos las citas en rojo y aparecemos a la hora exacta que se acordó. Es más, yo me considero &lt;i&gt;prepuntual&lt;/i&gt;. Me he inventado esa palabra para definirme, después de revivir constantemente la experiencia de llegar no a la hora, sino unos minutos antes. Eso sólo conlleva que la espera al impuntual abarque más allá de los minutos que van desde la hora de la cita hasta la llegada del tardío. Se convierte, en fin, en un suplicio.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;En Madrid, mi primera experiencia &lt;i&gt;prepuntual&lt;/i&gt; fue el día que quedé por primera vez con mis compañeros de clase para salir por la noche. Aún no los conocía bien y habíamos quedado a las 23.00. Yo, temeroso de llegar tarde y hacerles esperar, aparecí en el metro de Tribunal a las 22.45. Al no reconocer ninguna cara conocida, me metí en un bar a tomar una caña, sin perder de vista el lugar de la reunión. A la hora exacta sólo estábamos dos personas; diez minutos después, aparecieron otras dos; más tarde, otras tantas. Así constantemente, se sucedieron los minutos y las personas. "Con estos no vuelvo a ser &lt;i&gt;prepuntual&lt;/i&gt; en mi vida". Mentí.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Con el tiempo, he tenido que inventar técnicas para pasar el rato mientras espero solo. Y me he dado cuenta de que soy un fetichista. La primera vez que me percaté de mi enfermedad fue en la entrada del Retiro. La espera era una incógnita, porque habíamos quedado allí "en lo que tardemos en llegar". Yo, evidentemente, no tardé más que los demás. Y ante la duda de los minutos de espera, que se podrían contar por decenas, empecé a fijarme en una prenda particular de los que pasaban a mi lado: los zapatos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Mi padre siempre me insiste mucho en que los lleve limpios, que por los zapatos se puede reconocer a una persona, cómo es, cómo actúa y qué enseña a los demás. Yo, con los zapatos sucios, supongo que enseñaré que soy un poco descuidado, que me meto por caminos farragosos y enseñaré uno de mis grandes (y múltiples) defectos: la vagancia. Así que empecé a escrutar el calzado ajeno para tratar de poner cara a los pies que se cruzaban durante unos segundos por delante de mi cara.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y me la empecé a jugar: "Zapatos de cordón negros con algo de suciedad... chaval joven que trabaja de abogadillo y se compra trajes baratos para ir al despecho... acerté; zapatillas Nike de deporte, de&lt;i&gt; cross&lt;/i&gt;, acompañadas de unos vaqueros... este lleva una mochila y algo de acné en la cara... acerté; botas de 'chúpame la punta'... esta lleva falda corta y el pelo suelto... acerté". Y así, los minutos pasaron rápidamente, entre análisis 'socio-psicológicos' de los transeúntes y victorias personales por ser tan avispado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Luego, el análisis se hizo extensivo a sus vidas. "Este hombre habrá salido de trabajar e irá a su casa a descansar; sus hijos pequeños, ya en casa, estarán jugando tranquilamente esperando su llegada"; "esta tía tiene una cita con un chico que le gusta. O eso o es que le gusta hacer sufrir a sus pies"; "este no tiene novia, por lo menos de esas que le dicen que se compre otro calzado".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y me reconocí como un enfermo de los pies, de los zapatos. Yo siempre he odiado mis pies. En la playa, envidiaba los de los demás. Algunos bien dibujados, con una diagonal perfecta que iba desde el dedo gordo hasta el meñique, con las uñas perfectamente perfiladas, con aspecto suave y sedoso, o peludo y masculino. Yo me cubría los míos con la arena, para que nadie me analizase por la imagen que daban los míos. Justamente lo que estaba haciendo yo por primera y no última vez. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ante el descubrimiento de mi obsesión fetichista que se dio inicio aquel día, bajé la cabeza y analicé mi propio calzado. La conclusión fue clara: "Joder, me tengo que comprar otros tenis ya...". &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-8896578853742883521?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/8896578853742883521/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=8896578853742883521&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/8896578853742883521'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/8896578853742883521'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/11/fetichismo.html' title='Fetichismo'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-5501003425005281266</id><published>2010-11-26T11:17:00.003+01:00</published><updated>2010-11-26T12:02:26.263+01:00</updated><title type='text'>El Karma</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Hace tiempo escribí sobre un enemigo íntimo de mi vida: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://diariodeunguapo.blogspot.com/2006/11/seres-inertes_26.html"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;la Inercia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;. Ahora, años después, me veo obligado a escribir sobre un aliado para hacer el bien. Si la Inercia te mataba poco a poco, te marcaba un camino del que sólo podías salir si te esforzabas y te dabas cuenta de que te había atrapado, este nuevo aliado te ayuda a vivir mejor, a complacer tus expectativas y te devuelve lo que la malvada Inercia te había quitado sin tú ser consciente. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Corría el año 1998 y en boca de todos estaba aquella horrible expresión con la que se definía un estado de ánimo o una actitud: el "buen rollo". Las cosas se hacían "de buen rollo", te daban "buen rollo" o se decían "de buen rollo". Ante esa moda, yo, que soy un hortera pero tengo mis límites, marqué otra expresión en mi vocabulario; las cosas me daban "buen Karma". Esa tontería la trasladé a mi círculo cercano, aunque sólo trascendió y fue determinante en la vida de una persona: el gran Dani C.M. Él expandió la palabra por Santiago hasta el inquietante punto de definir a sus amigos de Física como "Los Karmáticos" y componer una canción &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;a capella&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt; que hablaba de los chakras, de cómo se abrían y de cómo el Karma era guay. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;A lo largo de estos años, 'Me llamo Earl' ha sido otro punto clave en el conocimiento de algo tan etéreo como el Karma. Antes de la serie, yo ya creía en él, en la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/12/justicia-poetica.html"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;'Justicia Poética'&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt; y toda clase de tonterías que me ayudase a salir de la rutina y me explicase la razón de mi desazón por la vida. Pero, a veces, no es suficiente con creer. Como la protagonista de 'Dogma', hasta que no se me apareció el mensajero del Karma, no fui consciente de la realidad. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Fue una mañana de abril. Salía de la ducha y me asaltó en el pasillo. Tomó forma humana (originariamente era una mota de polvo) y soltó un berrido que me dejó tieso (además de acojonado y cagado literalmente). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Voz del Karma:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt; No te asustes; soy la voz del Karma. Me ha enviado aquí porque te vemos con poca fe últimamente. Tío, vamos a ver, ¿qué te pasa? ¿No te das cuenta de que nuestro archienemigo la Inercia (cuando nombraba al Innombrable, una música de tensión sonaba en el ambiente) te vuelve a ganar la partida? Tienes que reaccionar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Mauro:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt; Ya, ¿pero cómo? No sé si el Karma, tú y toda vuestra panda de frikis sois conscientes de que voy a cumplir 29 años y mi vida no es precisamente como yo pensaba. Todo cuesta mucho más de lo que debería, y no es justo, coño. Además, he rezado a la Justicia Poética y tampoco me ha hecho mucho caso...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;VdK:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt; Quejica... Vamos a ver, chaval. Estás quejándote todo el día y no haces nada para que actuemos. El Karma es un friki, peor que yo, que soy una mota de polvo que se convierte en hombre en medio del pasillo delante de un tío recién salido de la ducha (por cierto, tápate que se te ve el pajarito), así que deberás realizar algún tipo de sacrificio extraño, un ritual absurdo para que se ponga en acción. Es cierto que has acumulado méritos, pero tienes que hacer una señal. ¿Tú te crees que esas bengalas horteras que lanzan los barcos cuando se pierden son para llamar la atención de un humano? ¡¡Nooooooooooo!! Es que el Karma flipa con esas cosas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;M:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt; Ah... pues justamente estaba pensado mientras me duchaba que no me apetecía hacer nada especial por mi cumpleaños por mi situación. De hecho, estaba pensando en hacer un funeral. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;VdK:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt; Mira, esa es una buena idea. Hazlo, muérete y vuelve a nacer. Resurge de tus cenizas como el Ave Fénix (muy colega del Karma, por cierto, que juegan al paddle todas las semanas). En serio, actúa, amigo, y serás recompensado. Eso sí, todo lo bueno que te pase a partir de ahí deberás agradecérselo al Karma.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;M:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt; Vale lo haré. Por cierto, a ti también se te ve el pajarito. Es muy bonito, ¿un periquito Spangle? Maravill...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y desapareció. Yo me puse manos a la obra. Decidí que para vivir como vivía, era mejor fallecer. Qué mejor que elegir uno el momento de su muerte y ver, por ejemplo, quiénes vienen a tu funeral... Es cierto que vino demasiada poca gente; que si me coincide con otro cumpleaños (¡¡que lo mío es un funeral!!), que si no estoy en Madrid, que si soy retrasado... en fin. Poca gente me quiso. Pero fallecí. Y me desperté distinto. Destrozado porque morir cuesta lo suyo y es un trabajo digno de admiración, pero con una sonrisa en la cara, como si supiese que aquel era el momento de un cambio.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Tardé un mes, más o menos, en actuar. No quería forzar demasiado al Karma, así que me lo tomé con relativa calma (ya lo dicen por ahí: "Las cosas de palacio van despacio, y las del Karma, con calma"). Pero surtió efecto. Al mes de aquello, dejé mi trabajo de becario y emprendí un viaje a Barcelona. Fuero dos cambios sutiles. El primero, porque podría parecer una mala decisión; el segundo, porque un traslado a otra ciudad por unos cuatro días no es muy drástico. Pero regresé a Madrid con las esperanzas renovadas. Y me llamaron de un trabajo (trabajo trabajo, no beca-mierda).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Me resguardé en Vigo de los peligros de la capital, España fue campeona del mundo, empecé en Cuatro como paso previo a Canal Plus y conseguí que una maravillosa mujer me aguantase. Todo gracias al Karma. Como pago por los servicios, de vez en cuando tengo que hacer algún trabajillo para él, pero compensa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Así que ya sabéis, amigos: amad al Karma, que él os lo recompensará.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-5501003425005281266?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/5501003425005281266/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=5501003425005281266&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5501003425005281266'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5501003425005281266'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/11/el-karma.html' title='El Karma'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-5184131518210073363</id><published>2010-11-16T17:05:00.003+01:00</published><updated>2010-11-16T17:21:27.549+01:00</updated><title type='text'>Título Pedante</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Dicen que no controlamos ni la mitad de nuestro cerebro. Vamos, que seríamos capaces de hacer cosas increíbles si lo dominásemos al 100% de sus posibilidades. Por eso mismo, el cerebro es un desconocido; un elemento propio, porque lo portamos dentro de la cabeza, de nuestra cabeza, pero que, muchas veces, tiene vida propia. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y ahí entran los pequeños conductos, las ínfimas vías de acceso y salida de los impulsos que logren que funcione. Correctamente o no, pero que funcione, que esté activo. Son tan pequeños y tan desconocidos que no somos capaces de entender por qué razón nos descubrimos un día canturreando una canción, por qué un olor nos traslada en el tiempo, por qué una imagen nos llega a conmocionar si se trata de algo ajeno a nuestra vida y a nuestra realidad o cuál es la razón que nos lleva a soñar con algo que no sabemos qué significa. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Esas interconexiones que nos sorprenden de día o de noche se basan en caminos inescrutables que son recorridos por impulsos nerviosos que, casualmente, nos sacan de nuestras casillas, nos ponen nerviosos o nos hacen no saber reaccionar. Nos quedamos inmóviles en la cama, sentados, con las piernas cruzadas, dándole vueltas a las razones que nos han trasladado a esa plaza vacía de personas pero llenas de imágenes, contradictorias muchas de ellas. Y, muchas veces, nos encontramos perdidos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Supongo que son controlables; que ese enemigo íntimo es posible que sea detenido, arrestado y puesto contra la pared para registrarlo, vaciarle los bolsillos y recuperar la cordura que nos ha robado en el metro, cuando la postura de perfil es la única posible para encontrar un hueco en el que respirar. El problema es que casi nunca sabemos. No entendemos por qué actuamos de determinadas maneras, por qué nos derrotamos antes de seguir, por qué nos encontramos en la nada, como si hubiésemos dado tantos pasos atrás que el borde del abismo estuviese justo a nuestro lado. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Pero esa es la parte divertida. La de buscar el control de lo incontrolable, la de robar al ladrón, la de agarrar al desconocido para someterlo a nuestras intenciones y, si no podemos con él, unirnos, fusionarnos para entender que vamos a compartir toda la vida con él y que no queda más remedio que conocerlo y que comprenderlo, perdonándole sus pecados y exaltando sus virtudes, que también las tiene. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y sí, esas interconexiones cerebrales a veces están a punto de matarnos. Pero siempre es reconfortante ganar la partida, empatar el partido o perder la batalla cuando la guerra o la Liga no está perdida. Porque no lo está. Nunca.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Suerte.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;P.D: El título originario era "Interconexiones cerebrales". Ya, una flipada y una pedantería asquerosa, de ahí el título final...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-5184131518210073363?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/5184131518210073363/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=5184131518210073363&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5184131518210073363'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5184131518210073363'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/11/titulo-pedante.html' title='Título Pedante'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-4818393893570041011</id><published>2010-11-03T12:00:00.002+01:00</published><updated>2010-11-03T12:52:41.498+01:00</updated><title type='text'>Hasta Pronto...</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El hall del metro Sol nunca había estado tan poco iluminado. Desde hace más de cuatro años, cuando aterricé en Madrid, nunca había faltado tanta luz en aquella estación; ni las nuevas obras que la habían convertido en uno de los centros neurálgicos del transporte de la capital, más que antes, habían esquivado la sombra que acechaba aquel lunes. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y es que las ciudades son personas y recuerdos. Decía el imbécil de Martín Hache que "extrañaba los tejados" de Buenos Aires, y su padre, Martín, que echaba de menos que la gente silbase por la calle. Las ciudades son, decía, cosas más importantes que los edificios, las calles o la oferta cultural. Puedes vivir en la más fea del mundo que si tienes gente y recuerdos, vivirás como Woody Allen en Nueva York. Y Madrid es para mí, varias personas y muchos recuerdos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Aquel lunes de infausta memoria, una de esas personas que aglutinaba cientos de ellos, agitaba la mano en señal de despedida. Y lo hacía allí, en la estación de Sol, en la oscuridad de la caverna. Agitaba la mano, que golpeaba mi pecho a la altura de los pulmones, cortándome la respiración, prensando el poco aire que podía inhalar. Agitaba la mano, que lanzaba de un lado a otro las imágenes de los últimos años de Madrid, de mi vida en Madrid, de mi felicidad en Madrid. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;No era la primera despedida a la que hacía frente, pero era, sin duda, una de las más duras. Y yo, que vivo en el mundo de la memoria, me quedé ciego, como tocado por Saramago, pero en lugar de perderme en un resplandor, me sumergí en las imágenes que la parte de mi cerebro que se activó en ese momento decidió escupir a mi retina. Y eran demasiadas, que se agolpaban para ser la primera, mientras otras luchaban por sumergir la última, la de la estación oscura de Sol, en el olvido. Y aparecían sonrisas, belgas, plazas mayores, tetas de Vallecas, Casas de Campo, aulas, apuntes perfectamente diseñados, exposiciones preparadas y por preparar, osos y madroños, Fnacs, O'neill's, Plazas de Santa Ana, San Chinarros, paddles y alitas de tamaño descomunal, victorias al mus, derrotas vitales y sobre todo, la sombra que me iba a acompañar hasta mi casa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Salí de la estación como quien busca refugio en la realidad, pero no tuve suerte. Igual que a los románticos, el paisaje decidió acompañar mi camino de regreso. Preciados era una calle vacía, oscura, donde el único sonido reconocible era el de las escobas de dos siniestros barrenderos. Callao, fantasmal, como si un velo de tul cubriese los cines y las farolas. Incluso los semáforos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El rojo era apagado, opaco, oscuro. El descenso por la Gran Vía parecía cuesta arriba. Los edificios, los mismos que hace poco cumplían con la avenida la centena de años, se derretían a mi paso, como si estuviesen pintados con acuarelas y expuestos a una lluvia torrencial. Se doblaban, se invertían, se desgranaban en miles de partículas que golpeaban en la noche, haciendo estallar los luminosos de los espectáculos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;La Plaza de España conservaba su microclima, pero su viento, esta vez, era más huracanado que nunca, como si tratase de arrebatarme lo poco que me quedaba durante esos minutos que van desde el primer hasta el segundo cruce. Miré hacia atrás y no había rascacielos, sólo una llanura amorfa de colores apagados que se transformaba en una avalancha que se desplazaba con ira hasta mí. Corrí para evitarla y me resguardé en la Plaza de los Cubos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ya a salvo, apuré los últimos metros con prisa para esconderme en mi casa. Dejé la mente en blanco durante unos minutos mientras me fumaba un cigarro en el salón y empecé a agitar la mano. "Hasta pronto. Espero que todo le vaya bien a Harpo...".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-4818393893570041011?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/4818393893570041011/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=4818393893570041011&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4818393893570041011'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4818393893570041011'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/11/hasta-pronto.html' title='Hasta Pronto...'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-3981540907152581343</id><published>2010-10-17T13:03:00.002+02:00</published><updated>2010-10-17T13:27:31.300+02:00</updated><title type='text'>Especiales</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Todos nos creemos especiales. Cada paso que damos, pensamos que somos los primeros en darlo; cada cosa que hacemos, creemos que hemos sido pioneros; cada paisaje que vemos, entendemos que nadie lo había enfocado antes. Así, desde nuestra perspectiva, consideramos que hemos dado una vuelta de tuerca más a la vida porque lo somos: somos especiales. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Cada vez que me pongo a escribir en el blog, empiezo con la voluntad de redactar algo novedoso, sorprendente, original, que nadie antes haya escrito. No con el objetivo de que algún día me den un Nobel, ni siquiera deseando que esto, lo que hago una mañana de domingo en mi habitación víctima del aburrimiento, sea algún día lo que me dé de comer. Sólo lo termino haciendo para sentirme, una vez que le doy a 'publicar entrada', especial. Distinto a los demás, diferente al resto que invierten su tiempo en rellenar los huecos de sus respectivos blogs para contar su vida, sus experiencias, sus viajes o plasmar sus inquietudes artísticas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;¿Y lo consigo? Desde la perspectiva personal, por supuesto. Es como cuando te plantas delante de un paisaje increíble y lo memorizas, lo fotografías y lo observas. Empiezas a escudriñar todos los recovecos, a viajar por las líneas del horizonte y del dibujo, no tardas ni tres segundos en pensar que eres el primero que ha conseguido eso: personalizar la imagen objetiva, subjetivizarla. Por desgracia, no es real. Tantos millones de personas a lo largo de la historia lo han intentado (e incluso conseguido) que sólo eres un elemento más en esa rueda de personalismos, un eslabón más de la cadena que convierte esa imagen en algo para recordar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Para ti, eres especial; eres único por haberte fijado en un detalle ínfimo y por haberlo sabido centrar en el foco de la cámara, en la punta del boli o en la yema de los dedos. Pero seguro que ya alguien lo hizo. Es el pecado de los modernos, que recurren a la novedad que ya existía y la disfrazan de alegorías, de palabras rimbombantes y de colores afilados para que no sea la que ya existía. Pero sí. Existía. Y seguramente en manos de otro creador, de otro especial pero que lo es de verdad. Ya habrían escrito sobre eso, ya habrían cantado sobre lo que quieres contar, ya hay miles de fotografías expuestas que retratan tu novedad. No eres más que una versión futurista de un especial como tú que se adelantó en el tiempo, por la extraña virtud de haber vivido en otras épocas, para robarte la idea que te hacía tan especial.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Así que el 90% de los especiales terminan siendo copias de algo que ya existe. Muchos afinan con palabras que suenan bien, que se ordenan una detrás de otras y que, por lo general, no son más que sucesiones de tópicos baratos que algún día fueron novedades, pero que hoy no pasan de la mera imitación barata y anacrónica de un especial que, por desgracia, lo fue antes y más que ellos. A eso hay que resignarse, que no por hacer se es. Que no vale la intención de la especialidad, sino que tiene que ir acompañada con algo que los gitanos llaman duende, los humanos genialidad y los cursis, sensibilidad. Y no hay más.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Después de tantos años escribiendo en el blog, llega un punto en el que te das cuenta de que ya no vas a ser especial. Ha pasado tanto tiempo y tantos post, que las musas han ido nadando a otras orillas y sólo te alcanzan cuando estás despistado, pensando en otra cosa. Y la putada es que las musas, cuando vengan, mejor que te pillen trabajando, porque si no la idea se convierte en un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;coitus interruptus&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt; olvidado en la ceguera de la memoria, que es débil cuando no tiene un soporte de papel.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Hace poco, conseguí sentirme, de nuevo, especial. Miraba lo que otros ya habían visto y creo que puedo presumir de haber visto eso mismo de manera diferente a los demás. Sin caer en la condescendencia, sin caer en la cursilería y cayendo, lo justo, en la subjetividad del especial. Una vez lo vi como quería verlo, corrí a escribirlo. Y lo plasmé. Decía que era especial porque había logrado un punto de vista distinto a los demás, había sido capaz de apreciar cada movimiento ínfimo, cada aire que rozaba y cada tela que caía como antes nadie lo había conseguido antes. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Grabé la imagen, trasladada al texto, para recordar que, al menos una vez, fui especial&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-3981540907152581343?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/3981540907152581343/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=3981540907152581343&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3981540907152581343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3981540907152581343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/10/especiales.html' title='Especiales'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-2236042552165327635</id><published>2010-10-09T14:28:00.003+02:00</published><updated>2010-10-09T14:47:50.090+02:00</updated><title type='text'>Un Casi</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Un amigo me decía que en la India, las cosas funcionan por un "casi"; los coches circulaban a toda velocidad por calles estrechas y llenas de gente, pero no pasaba nada por un casi; la gente pasaba hambre, pero sobrevivía por un casi; la suciedad de algunos sitios podía ser un nido de enfermedades, pero no pasaba nada por un casi. La India seguía en pie por un casi. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El Casi está en nuestra vida constantemente. Es un freno ajeno a nosotros, pero también un impulso para vivir. Es una contradicción constante que soporta nuestra existencia. Nos pasamos la vida viviendo a través de los Casis, que nos limitan las acciones hasta un punto a veces desquiciante. Yo, esta semana, he vivido en un casi constante. Y me he dado cuenta de que, en los últimos años, mi vida en Madrid se ha convertido, muchas veces, en un casi. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Esta semana, casi me voy de viaje. Hasta el último momento, el casi era un condimento afirmativo. Sin las maletas hechas y sin la planificación definitiva, las horas que pasaban sin que se llevase a cabo el viaje, hacían que el casi fuese tomando un cariz negativo. Las circunstancias se juntaron, se pusieron en fila como niños esperando para saltar en un trampolín. Y las dudas se multiplicaron hasta convertir el casi en un elemento negativo que dejó al viaje en un casi del pasado. "Casi me voy, pero al final me quedo el puente en Madrid".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y esta semana casi hago un máster. Todo parecía bien encaminado desde hacía tiempo. Mi trabajo de tres días semanales en Canal Plus me permitía, en un principio, compaginarlo con el máster (el de Radio Nacional, para más señas). Pero el casi tomó, de nuevo, forma negativa. La actitud de los señores del máster (llamémoslos los "Máster del Universo") aplicó el "no" a la realidad y el casi se hizo inabarcable para mí. Casi digo que sí, con circunstancias adversas incluidas, pero al final todo queda donde empezó, en el punto cero, en el de no hacerlo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y así me he dado cuenta de que soy un casi con patas. Ayer pensaba que me gusta escribir, pero no leo lo suficiente para hacerlo bien; que me gusta la música, pero que no escucho la suficiente cantidad como para ser un experto ni un buen músico; que me gusta el deporte, pero que no hago el suficiente como para estar en forma; que me encanta comer, pero no cocino lo suficiente para preparar una maravillosa cena para dos; que me encanta el teatro, pero que no voy lo suficiente para empaparme y que no me muevo lo suficiente para hacer una obra que tenemos en el tintero desde hace más de un año. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Casi que voy a dejar de escribir el post, que casi es la hora de comer y casi empiezo a tener hambre. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Mucha suerte a todos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-2236042552165327635?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/2236042552165327635/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=2236042552165327635&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2236042552165327635'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2236042552165327635'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/10/un-casi.html' title='Un Casi'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-8408355422103448904</id><published>2010-09-22T16:24:00.005+02:00</published><updated>2010-09-23T16:26:09.109+02:00</updated><title type='text'>Cucarachas</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Los miedos son incontenibles; las fobias, incontestables; el terror, inimaginable. No sabemos de donde salen, cuándo nacen, por qué aparecen, pero están ahí. Como aquella riada de cucarachas que invadía las aceras de la ciudad aquel verano. Eran negras, patilargas, agresivas en el paso, con cáscara dividida, como un culo disparado al aire con la raja pendiente del cielo. Y copaban el suelo, acompañaban el paso, salían despedidas de las alcantarillas, donde escondían su guarida. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Agosto, que regalaba grados al termómetro, era el escenario de aquella lluvia negra que recorría el asfalto. Cada una de ellas vagaba sin rumbo, como si esperasen una señal, un paso miedoso al que atacar. Escondidas entre las sombras, ocultas del sol, rebañando la humedad de las cañerías, acechaban a su víctima, que caminaba despistada, ausente, pensando en las miles de cosas que tenía que hacer y que no haría, las listas que tenía que completar con las actividades que le habían quedado por hacer la semana anterior. Enumeraba en silencio: "Uno, ordenar la casa; dos, llamar al médico; tres, hacer la compra...". Mientras, sus enemigas se organizaban como un ejército que busca invadir un territorio, sólo que lo que buscaban era invadir su miedo más interno, lograr un daño superficial reflejado en un grito que desangrase por dentro los nervios y produjesen una herida más grave, más profunda, más enraizado en el subconsciente. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Y la víctima cambió el paso. Entró en una tienda de móviles. Su estancia fue corta, pero intensa. Una discusión le hizo cambiar el aire que le recorría la cara. Las cucarachas lo intuyeron; escondidas, acechantes, se rehicieron, cambiaron de táctica. Lanzaron una avanzadilla. La más joven y más valiente, la más echada para adelante, acercó la cabeza al hueco de la alcantarilla. Siguió con la mirada el caminar de la víctima y surgió de entre las profundidades, desde lo más remoto de la oscuridad que la encubría con el ahínco de un malhechor armado del arma más útil, la amenaza de lo desconocido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;La víctima olvidó la parálisis que las cucarachas le provocaban. El cielo se tiñó de rojo intenso y el sol se escondió detrás de un árbol, generando una sombra alargada sobre la escena. La imagen, en blanco y negro, matizando los grises, dibujó una suela que se detuvo al mismo tiempo que el segundero del reloj, que no supo avanzar ante tal situación. 30 centímetros separaron la acción del miedo, el cielo del infierno, la vida de la muerte. La cucaracha alzó la mirada con la dificultad que conlleva la ausencia de cuello y vio pasar su vida por delante de los ojos; los dos días que llevaba en la alcantarilla, sin a penas salir, planeando su ataque a los miedos más íntimos de la víctima recorrieron desde una antena a la otra como un camino con principio y fin. Y se despidió de la media hora que le quedaba de vida si la suela no se hubiese elevado sobre su figura.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;La víctima, con la cólera enredada en la ira de la incomprensión de la telefonía móvil que no le permitía cambiar de tarifa, hizo descender su pie contra el suelo, llevándose el miedo por delante. Estampó la suela contra la cáscara dividida, que dejó de verse como un culo disparado al aire con la raja pendiente del cielo. Y ahí terminó el miedo. En ese preciso instante, murieron las antenas, la cáscara dividida, como un culo disparado al aire con la raja pendiente del cielo, las patas alargadas y las fobias incomprendidas en marañas de años. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Alzó y mató, pero siguió sucumbiendo al miedo irracional. Eso sí, siempre contaba el día que dejó atrás al miedo, cuando la fobia se ahogó al lado de una tienda de móviles, entre la suela del zapato y la acera, entre la ira encendida y el terror olvidado. El día que mató a una cucaracha.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-8408355422103448904?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/8408355422103448904/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=8408355422103448904&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/8408355422103448904'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/8408355422103448904'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/09/cucarachas.html' title='Cucarachas'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-4358185133580961884</id><published>2010-09-18T22:13:00.002+02:00</published><updated>2010-09-18T22:32:33.849+02:00</updated><title type='text'>El Final</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y llegó el final. De un día para otro, llegó. No se lo esperaba nadie, ni siquiera ellos. Se despertaron y eran dos desconocidos. Y llegó el final. Y con él, las cosas perdieron su sentido; por lo menos, el sentido que tenían antes de que él llegase. Ya no eran las mismas; eran, sí, seguían siendo, no habían desaparecido, pero no tenían nada que ver con el día anterior al final.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Entre las grietas de los azulejos de la cocina se escondieron los restos del aceite que había cocinado todas las comidas y las puertas de los armarios se olvidaron de que contenían la materia prima. Se quedaron abiertos, despistados, como si nunca hubiesen sido la caja de caudales de cada mediodía y de cada noche, como si hubiesen olvidado su función. Eran armarios, pero no se identificaban con lo que guardaban dentro. Y el grifo del agua se confundía, no sabía hacia qué lado se giraba su manivela para echar el agua caliente. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y el pasillo se quedó a oscuras, desnudo de los paseos nocturnos hacia el cuarto de baño, que también se había perdido entre jabones y champús, entre geles y pastas de dientes, entre cepillos que marcaban con un color a quién pertenecían. Y el salón no tenía las mismas cortinas. Eran las mismas, pero no se agitaban igual por las corrientes, que ya no ventilaban la casa, sólo ahogaban los minutos del final. Y el polvo depositado sobre la pantalla de la televisión y que griseaba las imágenes había perdido contundencia; ahora era una simple capa difusa sobre la que no se podía dibujar ni escribir mensajes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y las sábanas se arrugaron, se aburrieron de no ser, se escaparon de las noches y sólo vivían por el día, sin conocer cuál era su nueva función, si es que la tenían. Como la almohada, que se preguntaba dónde se habían quedado las cicatrices del pelo, los hundimientos de las cabezas, los giros bruscos en busca del sueño. Y los libros se separaron de las palabras, que abandonaron las páginas para habitar en otros lugares más cálidos. No tenían ya ni portada.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y la plaza se quedó sin palomas. Y la terraza en la que se tomaban la caña se separó del mundo. Ya no era su terraza. Sería la de otros, pero no la suya. Y las cañas ya no tenían color dorado ni sudaban el vaso con el frescor de septiembre. Y la frutería vendió las frutas, y la carnicería, la carne, y la pescadería, el pescado, y los negocios colgaron el cartel de 'se vende' y de 'se traslada' y de 'se alquila'. Y los pocos huecos para aparcar se llenaron de olvido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y el final llegó. Y se lo llevó todo. Sólo de vez en cuando recobraba la vida aquella calle, como la anciana que se arregla para las visitas y prepara café y galletas. Y llegó, porque siempre llega, el final.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-4358185133580961884?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/4358185133580961884/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=4358185133580961884&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4358185133580961884'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4358185133580961884'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/09/el-final.html' title='El Final'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-3496004703664849564</id><published>2010-09-06T17:11:00.002+02:00</published><updated>2010-09-06T17:32:56.581+02:00</updated><title type='text'>Ojal</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El McDonal's es un refugio de gente extraña. Somos pocos los que pasamos por sus oficinas para cubrir sus formularios y salir pitando a nuestra casa con la bolsa de papel que no impide que la Coca-Cola gotee y empape tu pedido, tu adorada Big Mac. Muchos encuentran ahí la soledad buscada, el silencio, un escondite para estar con los suyos. Ya se sabe, Dios los cría...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;En una inmensa cola te da tiempo para pensar de todo: de lo bueno, lo malo, lo divino y lo humano. Con la mirada fija en los carteles que anuncian los variadísimos menús y algún cartel tachado recordándote que un producto que solías consumir ya no existe. Política empresarial y mercantil, supongo, la que lleva a hacer desaparecer algunos de los productos que antes relucían entre los anuncios luminosos de esa oficina. Los miras, sí, pero no lo ves. Yo, al menos, sé perfectamente qué voy a pedir y qué no. Así que la estatua de sal es una mera pose que le dice a la gente que no tenías pensado comer carne de rata, sino que ha sido el azar y el poco tiempo y las pocas ganas de cocinar lo que ha llevado a tus divinos huesos a estar ahí plantados. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Al fondo, los encargados de atender y servir el pedido divididos por colores y ropajes. Los hay con gorra, con camiseta "Hamburguer University", con peto y con un amago de traje; estos últimos son los mandamases. En el de la Plaza de los Cubos, al lado de mi casa, una mujer sonríe sin cesar y canturrea tu pedido, como si trabajar allí fuese su máxima aspiración. Tras observarla durante los últimos meses, he llegado a la conclusión de que sonríe porque sabe que no puede aspirar a más. Y es amable, sí, pero no goza del respeto de sus compañeros. Dos de ellos la criticaron un día mientras acompañaban mi salida, sin darse cuenta de que era espectador de excepción de su verborrea. "Ya lo ha vuelto a hacer. En cuanto le dices algo porque lo ha hecho mal, llora y se comporta como una niña pequeña". Dudé de la veracidad de aquello hasta que, semanas después, presencié cómo lloriqueaba mientras me servía mi menú; a su lado, una superiora que le recriminaba su mal trabajo, su falta de eficiencia. En resumen, su inutilidad. Ya no sonreía, porque aspiraba a poco, pero no le gustaba que le robasen sus aspiraciones. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;En medio de ese circo, rodeado de tribus callejeras, de niños gritones, de padres que no saben pronunciar lo que quieren sus hijos, de viejas que piden un café, de chavales que gastan un euro en una Cheeseburger, de adolescentes con el pavo encima que reclaman desde los hierros de sus bocas aún por corregir un helado con furia, de cocineros que bromean con los de la caja desde su cocina, de los "rápido ese cuarto de libra", de los "me cambias este muñeco que lo tengo repe" y de los "¿me das mostaza?", y con mi pedido ya hecho, di unos pasos hacia atrás.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Con la perspectiva que me daba la media retirada, un chico avanzó hasta la posición de la caja. Mientras hacía su pedido, ahí estaba, en todo su esplendor, en toda su esencia... el ojal. De mi cabeza se borraban las chicas que enseñan el tanga al agacharse o al sentarse, el famoso y buscado "murciélago" de las chonis, los gayumbos petados combinados con unos pantalones enormes; todo aquello se apartó de mi mente. ¿Por qué?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Porque aquel joven que ansiaba su hamburguesa me mostraba lo más profundo de su ser. A ver, yo soy un chico tradicional y no me gusta que las cosas aparezcan así, sin más, sin conocer algo de la otra persona; pero él me lo estaba dando todo, absolutamente todo, a cambio de absolutamente nada. Del pantalón surgía una línea negruzca, traviesa, escocida por el sudor. Como un obrero cualquiera, hizo la "táctica de la hucha". Su ojete apenas escondido por la tela sobresalía sin vergüenza de lo más profundo para darme en la cara y en el estómago. Él no se inmutaba. Era evidente su plan "comando", su modelo talibán, su soltura interior.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;La hucha me impresionó. Duró dos minutos, el tiempo que él estuvo apoyado sobre el mostrador recitando el menú y esperando a que le cobrasen. Dos minutos intensos y, lo admito, algo dolorosos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ahora, siempre que vuelva al McDonal's, recordaré de por vida aquel ojete de ojal que perturbó mi pre comida.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-3496004703664849564?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/3496004703664849564/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=3496004703664849564&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3496004703664849564'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3496004703664849564'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/09/ojal.html' title='Ojal'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-722009105507755680</id><published>2010-08-28T18:30:00.002+02:00</published><updated>2010-08-28T18:44:50.777+02:00</updated><title type='text'>Soy De Cuatro</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Pues eso, que soy de Cuatro. Al menos lo he sido este verano. Quedan algo más de 12 días para que expire mi contrato temporal, el que me ha dejado dos meses en la redacción de ese polémico y criticado informativo de deportes. Vale, mirad, lo admito: de informativo, tiene poco. Pero es un producto enfocado en otra dirección. Esa dirección es el entretenimiento. Y ha sido realmente entretenido trabajar este verano ahí. Y no sólo por los compañeros, que me han amenizado las 8 horas de trabajo diario (más o menos), sino también por dedicarte a hacer vídeos partiendo de NADA. La nada, esa cosa sin forma que tanto asusta a los periodistas. Si no hay nada, no hay información, y sin información, no hay trabajo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Como memorandum de este verano, de estos dos meses en Cuatro, he recopilado algunos de los vídeos que se han ido colgando en Youtube. A veces te preguntas para qué sirven los frikis que cuelgan cosas en Youtube... pues para esto, para dejar a mi Mauro del futuro una prueba de lo que me pasé dos meses haciendo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Algunos mejores, otros peores... pero, qué cojones, son míos. Y a lo mejor os importa un comino, pero es mi comino, copón. Ah, falta uno de Cesc que no encuentro y todos los que aparecen son del Madrid... No, si al final va a resultar que soy madridista, cagoentó...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="640" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/QGx5iHGYmsc?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/QGx5iHGYmsc?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="640" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/fC38ho04Ogg?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/fC38ho04Ogg?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="640" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/04mVbz2TXaM?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/04mVbz2TXaM?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="640" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/3BU-hpRKJFU?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/3BU-hpRKJFU?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="640" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/cmwYCglKXEE?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/cmwYCglKXEE?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="640" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/OhdjfA25KbM?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/OhdjfA25KbM?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="640" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/2UaUBFSJeWA?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/2UaUBFSJeWA?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="640" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/fIk-ppEompw?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/fIk-ppEompw?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Y de regalo, el que más gracia me ha hecho. Es de Carlos Pozuelo, uno con el gen Cuatro, además de amigo y el primero que tuvo el valor de introducirme, hace algo más de un año y medio, en el mundo de Sogecable. Vamos, un crack.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="640" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Bl4lIyOqNIo?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/Bl4lIyOqNIo?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-722009105507755680?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/722009105507755680/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=722009105507755680&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/722009105507755680'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/722009105507755680'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/08/soy-de-cuatro.html' title='Soy De Cuatro'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-4978254829100106105</id><published>2010-08-27T17:48:00.005+02:00</published><updated>2010-08-27T18:09:28.127+02:00</updated><title type='text'>Aquella Sonrisa...</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Todo empezó un día, a eso de las 12 de la noche, en Barcelona. El aire a gazpacho y a festivo entre semana se escapaba de las gradas con un invitado del sur como espectador de excepción. Desde el verde, su figura se deslizó sorteando rivales y líneas blancas. Cuando la vista aún no alcanzaba la meta, el cañón disparó su bala; golpeó en el travesaño, rebotó contra el suelo, y repitió movimiento. Aquel día nacía una nueva sonrisa. Aquel día empezaba una nueva etapa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;A veces dos años son suficientes para justificar una decisión. "Lo hice; fueron dos años, pero fueron increíbles". A lo largo de ese tiempo, a lo largo de esos dos años, quedaron recuerdos en el camino que el tiempo no ha podido borrar. Fue la dentadura más desestructurada del Universo, la mirada más desviada de la Tierra y el gesto más reconocible del Mundo. Fue el rey durante 690 días, el emperador absoluto, la figura más rimbombante y el objetivo más perseguido. La corona no era de oro ni de plata, sino que estaba recubierta de admiración y de aplausos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Duró dos años, pero fueron interminables. Ató el balón a la bota y dibujó regates y figuras inimaginables. Convirtió la rigidez en elasticidad, la dureza en gomas de borrar y le añadió la potencia y la fuerza que nace de la naturaleza, la que viene impuesta del más allá, la que no hace falta ni se puede entrenar. Y regaló constantemente; envolvía paquetes que desataban pasiones y siempre terminaban besando redes. Y lo hizo con un esférico. Qué mejor reflejo de la perfección que la esfera a la que le daba sentido con cada intento de magia, con cada destello de un imposible que recobraba sentido con él.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Y sonrió. Tanto lo hizo que llegó a su final así, mostrando el marfil. La alegría le llevó a querer alargar la vida, a hacer los días más cortos y a pensar que la luz del sol ya no era para invertir en trabajar, sino en desaparecer del mundo con los ojos cerrados. Y la sonrisa se le bajó a las abdominales y desató la rumorología. Y el rumor se convirtió en realidad. Y el cuero seguía atado, pero a un tercio de la velocidad irracional de antes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Nunca había visto nada como aquello. El otro día, recuperaba en mi memoria a Ronaldinho, que fue el reflejo de lo que tiene que ser el fútbol, de la alegría que tendría que desbordar el deporte profesional, de la identidad que tiene que reflejar un brasileño cuando le dan permiso para hacer disfrutar, para demostrar que tienen las caderas más que para bailar samba. Al ver las imágenes recordé que es lo más impresionante que se ha visto en los últimos años y que tardaremos décadas en volver a ver una mezcla similar de fuerza, velocidad, técnica y potencia en una misma persona. Que era diferente e incomparable. Que aquella sonrisa mal dibujada por los genes escondía dos años de fútbol que nadie nos podrá quitar nunca. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Y me quedé extasiado delante del ordenador sin poder dejar de recordar aquella sonrisa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-4978254829100106105?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/4978254829100106105/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=4978254829100106105&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4978254829100106105'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4978254829100106105'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/08/aquella-sonrisa.html' title='Aquella Sonrisa...'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-5479274603216752335</id><published>2010-08-23T10:50:00.003+02:00</published><updated>2010-08-23T11:31:40.753+02:00</updated><title type='text'>Vivo En Marte</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Las cosas en la Tierra están poniéndose difíciles. Que si la capa de ozono, el cambio climático, la crisis... vamos, que esto está manga por hombro y uno no puede pasarse la vida preocupado por todo. Así que me he ido de la Tierra; me he olvidado de todo lo que tenía aquí, he hecho las maletas y con el poco dinero que tenía ahorrado me he comprado un billete para viajar a Marte.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Hace unos meses, me llegó una oferta de un pisito allí. Era de nueva construcción, buen precio y materiales de calidad. Como único habitante del planeta, me daban toda clase de facilidades para poder costear el montante de la operación. Cansado de compartir piso, de limpiar lo de los demás y que los demás limpien lo mío, agité el cerdito en el que guardaba los ahorros y con lo que cayó sobre el colchón de la cama pagué la entrada del piso. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Ahora soy propietario y he decidido empezar una nueva vida allí. En Marte. Además, es que el viaje sólo lleva unas horas y se hace muy bien. Solemos parar en el Mar de la Tranquilidad, donde han abierto un restaurante lunar que ofrece comida y descanso a buen precio y te permite retomar fuerzas. Y desde la Luna las cosas se ven mejor, con distancia, con perspectiva. Y el cohete que me lleva a Marte vuelve a partir y mientras el piloto nos señala que estamos viajando a una altura indeterminada (porque ese concepto es relativo si no hay gravedad), a una velocidad incomprensible para unos recién estrenados del siglo XXI y que estamos dejando a la derecha varias estrellas que aún no tienen nombre, miro por la ventana para descubrir que el espacio es demasiado desconocido como para tener miedo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Pegado al asiento, con la espalda recta, las horas que transcurren en el viaje rejuvenecen la piel y alargan la sonrisa. El ventanuco que queda a mi izquierda ofrece mezclas de colores galácticos, desvela masas de gas que giran en torno a fórmulas químicas complejas, mucho más que las que inventaron el oxígeno. Porque estamos en otra dimensión de las cosas. No hay turbulencias porque las pequeñas hordas de meteoritos que se cruzan están domesticadas como un espectáculo más, una idea del Consejero de Turismo de la Vía Láctea para retirar de las cabezas esa idea catastrofista de los viajes interestelares. Y llegamos a mi nuevo planeta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;No hay gravedad, sólo tranquilidad. Un apartamento con vistas a la Luna y a la Tierra, que parece dormida a tantos años luz. La cocina da a un pedazo de tierra roja en la que están construyendo un parque infantil, para los que queramos echar raíces en el planeta y lo queramos repoblar. A escasos metros de mi edificio, un centro comercial se alza con velocidad, con la rapidez con la que pasan las cosas en Marte, en donde no hay que esperar por licencias de construcción porque todo es tan novedoso que no se han inventado aún las dificultades ni existen aún los funcionarios que te exigen recorrer sus edificios con documentos de nombres indescifrables para terminar regresando al punto cero, con cansancio y la misma cara de imbécil con la que empezaste el camino.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;En Marte todo es diferente. El 'no' es una utopía para extranjeros, el 'sí' es una palabra cómoda de uso habitual, las leyes aún se forjan según el comportamiento y la costumbre aún no tiene el arraigo suficiente para condicionar comportamientos. No están inventados los delitos todavía, porque la vida aquí es fácil. Es una vida de puertas abiertas, de cerrojos de plástico y de relojes de arena que dejan escapar los granos con lentitud porque la ausencia de gravedad retrasa todo, incluso los males que aún están por llegar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Estoy contento. Vivo bien en Marte. Aún hay ideas que tengo que borrar de la cabeza, porque la vida terráquea ha sido larga y un poco dura por momentos y cuesta relajarse y adaptar la mente a las nuevas situaciones. Pero sé que lo conseguiré, que lo que queda por vivir aquí puede que esté pendiente de inventar una palabra para que se autodefina, que las mismas palabras que en la Tierra tienen un significado, una carga y un pasado, se renueven con el paso del tiempo, que aquí recibe también otro nombre y martillea con otro ritmo las manecillas de los relojes espaciales. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Tengo una casa en Marte. Vivo en Marte. Quiero quedarme a vivir aquí, en Marte, donde, por fin, todos los sueños pueden ser reales. No sé si con expectativas de infinito, pero sí con idea de permanencia. Estáis todos invitados.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;object width="480" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/w6l8zrsf4LY?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/w6l8zrsf4LY?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-5479274603216752335?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/5479274603216752335/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=5479274603216752335&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5479274603216752335'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5479274603216752335'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/08/vivo-en-marte.html' title='Vivo En Marte'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-3561918876331822210</id><published>2010-08-12T17:25:00.003+02:00</published><updated>2010-08-12T18:15:57.651+02:00</updated><title type='text'>Dos Meses</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Apoyado sobre la valla metálica que separa a los viajeros que aterrizan de los que esperan tejiendo como Penélopes con la mirada perdida en la puerta que se abre automáticamente, aguantaba dos meses después el tipo en Barajas. Ese era el tiempo que había pasado. Dos meses sin a penas noticias del mundo que se encontraba fuera de Madrid.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Tres años antes ya me había encontrado allí, en la misma postura, apoyado en la misma valla y con el mismo vacío sideral en el estómago. Y las imágenes se repetían; familiares arremolinados alrededor de una pobre chica cargada de maletas, novios que recibían efusivamente a sus novias, ellas que abrazaban con pasión a los que esperaban, que llegaban con la forma del asiento del avión en el pelo, y yo con el mismo espacio inmenso en el estómago. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;La tinta del periódico que leía compulsivamente para esquivar la espera teñía las líneas de la palma de mi mano, que empezaba a impacientarse, como si fuese la primera en darme el aviso de que ya se hacía tarde y que de entre las fauces de aquellas puertas que separaban a soldados y a Penélopes los ojos no detectaban la salida que esperaba. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Como hace tres años, cuando Madrid se convirtió en el espacio perfecto para asumir la realidad. Esta vez, en cambio, la misma ciudad apartaba las luces del cielo para que pudiese ver con calma las estrellas desde el templo de Debod y entender con calma otra realidad que se plantaba delante de mi cara. De ahí el precipicio que se abría a la altura del estómago.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Mientras el reloj marcaba los segundos al ritmo de los anuncios de nuevos vuelos que ya estaban en tierra, los ex pasajeros salían vomitados de los aviones, con maletas repletas de imágenes, de ropa y de recuerdos desordenados entre la ropa interior sucia. En algunos se desvelaba la decepción de volver a la rutina; en otros, la tristeza provocada porque el viaje no había colmado sus expectativas, como una pareja que ni se miraba y que no proyectaban hacia el exterior las ganas de agarrarse de la mano después de diez días juntos recorriendo las calles de Nueva York.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Y la misma sensación de desazón en el estómago, que no paraba de golpear contra las paredes de la tripa pidiendo auxilio, rogando una salida rápida, una exhalación de aire que comprimiese los pulmones y expulsase las malas sensaciones de un "no te volveré a ver". Como hacía tres años. Y después de dos meses, las tripas se arrugaban como desconocidas que no se atreven a compartir un taxi. Y el minutero machacaba el tiempo con un martillo de ritmo cadente. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Las fauces se abrieron y la imagen recibió la luz de un foco que el techo del aeropuerto había colocado especialmente allí. Con la maleta a rastras y un vaquero que había sufrido el viaje, se acercó con la misma mirada que se había perdido en aquellos dos meses, la misma con la que me había recibido hacía mucho tiempo. Y sin entender de seguridad en los aeropuertos, la maleta se desmayó, igual que la luz, sobre el suelo. Sus brazos se convirtieron en la prolongación de su mirada y se entrelazaron en mi espalda. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Con una sonrisa, los dos meses anteriores pasaban al olvido en una terminal de aeropuerto,esas que me producen dolores de estómago y malos humores. Excepto aquel día, que se hicieron luz y silencio para emprender una nueva realidad. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-3561918876331822210?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/3561918876331822210/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=3561918876331822210&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3561918876331822210'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3561918876331822210'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/08/dos-meses.html' title='Dos Meses'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-4046783309231640931</id><published>2010-07-30T19:41:00.007+02:00</published><updated>2010-07-31T19:38:39.637+02:00</updated><title type='text'>EnCantabrio</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El verano en Madrid es duro. El calor, la polución y el estrés que no se va ni en verano del asfalto convierten la ciudad en un lugar demasiado árido para permanecer indefinidamente sin tomarte un descanso. Eso fue lo que hice el fin de semana pasado. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Libraba tres días seguidos (viernes, sábado y domingo) y me uní a un viaje que llevaba preparándose desde hacía semanas o meses a Cantabria. Hice mi maleta y me embarqué en un coche al lado de un coreano, una peruana y una brasileña. Salíamos a las 3 de la tarde de Madrid y calculábamos estar antes de las 8 en Hinojeda, al lado de Suances, donde habíamos alquilado un hostal. El plan: ir a dos festivales; uno en Santander, que se encajaba dentro de la semana grande de la ciudad, y otro en Suances, gratuito, de música un poco más dura y donde el chico coreano conocía a todo el mundo (como bien demostró después). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Además del equipaje, dos discos grabados con algunas peticiones horteras de la brasileña y algunas peticiones propias para no morir en aquella horterada. Y, como no podía ser de otra manera, las cosas se torcieron nada más salir. La mala noticia tomó forma de atasco de salida de Madrid. Cuando tardas dos horas en avanzar 90 kilómetros, te esperas que nada peor pueda pasar... pues sí.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Tardamos 7 horas en hacer todo el trayecto porque, entre otras cosas, nos encontramos con unas obras en la autopista que la reducían a un carril. En fin, que después del infierno de trayecto (que supimos amenizar perfectamente, es lo que tiene ir de viaje con amigos), llegamos a las 10 de la noche al hostal. El hostal... bonita por fuera era aquella casa, sin duda; el problema lo tenía la señora hostalera, empeñada a través del teléfono desde nuestra salida de Madrid en que éramos una pareja con dos hijos, a pesar de la reiterada aclaración de la peruana: "Que nooooo, señora, que somos cuatro adultos jóvenes". Nos desplazamos a Santander y llegó la segunda mala noticia, esta vez en forma de no entradas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Lo que pasó es que mi tarjeta no me dejó sacar mis entradas y las de la brasileña, así que los dos nos perdimos el concierto (realmente el que íbamos a ver) y lo cambiamos por una hora y pico sentados en la playa, hablando de lo divino (como yo) y lo humano (yo; y no, no soy egocéntrico). Cuando el coreano y la peruana se aburrieron de ver al segundo grupo, nos juntamos de nuevo los cuatro, nos fuimos a Suances, y llegamos a ver el último grupo del segundo festival. Después, poco más, porque el largo viaje nos dejó demasiado cansados para salir "de fiesta" mucho más que dos horas desde la finalización del concierto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El sábado, playa. Sí, playa y sol en el norte de España, para que luego se diga. La playa de los Locos (estaban muy crazy, tío) y otra que no recuerdo el nombre nos tiñeron la piel de otro color (rojo intenso en el caso de la peruana) y nos bañaron con el cantábrico a una temperatura impropia de ese mismo norte. Luego, por la tarde, visitamos Santillana del Mar (que ni es santa ni es llana ni tiene mar) y escuchamos un poco de un concierto de jazz al que no pudimos quedarnos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El efecto del sol intenso sólo nos había dejado fuerzas para cenar en Suances de tapas guiados por el coreano en un gran acierto (de los pocos que tuvo el pobre en el viaje, porque es un poco tonto) y para volver al hostal. Allí, intercambio de duchas y siestas (nada sexual -ojalá-, simplemente mientras uno se duchaba, los otros tres dormitaban) y de nuevo al festival. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Sobre el escenario había un guitarrista gordo, barbudo y brazicorto con una camisa de flores, un bajista con una camiseta que rezaba "I love Benidorm" (sobre el que la brasileña y yo convenimos que estaba colocado), un batería al que casi no se le veía y un percusionista/teclista demasiado feliz y sosegado para el momento. ¿Y el cantante? Digamos que a los dos minutos de introducirme entre la gente con el coreano, el cantante apareció a escasos metros de mí mirándome fijamente a los ojos mientras entonaba su canción. Se pasó todo el concierto paseando entre el público, saltando con ellos, sentándose con ellos, bebiendo sus cervezas y poniéndose sus viseras... y todo esto bajo el auspicio de los organizadores del concierto, encargados de sostener y manejar el eterno cable del micro; cuando subía al escenario era un cuadro. En fin, que fue bastante gracioso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Esta vez, ya finalizado el concierto, el débil estómago del coreano nos invitó a volver a hostal, donde a penas pudimos mantener una conversación de media hora castigados por el cansancio. Mejor, porque recuperamos fuerzas para el domingo. Visitamos Comillas (" "), donde comimos, y Torrelavega fugazmente. Y emprendimos el viaje de vuelta a Madrid, con una de esas mochilas que te llevas de los viajes geniales. Porque el tiempo se había parado durante esos dos días y medio. Volver a Madrid supuso partir de nuevo de cero en casi todos los sentidos. Y es que la vida y la capital en verano es muy dura. Tanto se había parado el tiempo para mí que el lunes el Real Madrid ya no contaba con Guti y Raúl se despedía del equipo. Qué tiempo, cómo es.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Pues eso, que encantabrio de haberos conocido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;P.D: Si alguno de mis ilustres acompañantes tiene a bien dejarme fotos o colgarlas en el Facebook podré decorar el post con imágenes. Ejem. He dicho.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-4046783309231640931?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/4046783309231640931/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=4046783309231640931&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4046783309231640931'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4046783309231640931'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/07/encantabrio.html' title='EnCantabrio'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-3244107661878059798</id><published>2010-07-04T20:55:00.004+02:00</published><updated>2010-07-07T10:30:43.802+02:00</updated><title type='text'>Mis Apuntes De Derecho</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;El otro día, rebuscando en mis cajones, encontré una libreta en la que tomaba apuntes en segundo de carrera, en Derecho. La asignatura, Derecho Constitucional II; la profesora... A.G. (dejémoslo así, que Internet es muy traicionero). Esto es lo que recogía aquel día en un aula de Derecho en Santiago (totalmente verídico):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"&lt;span style="font-style: italic;"&gt;A.G. porta hoy unos bellos ropajes; un estupendo conjunto de pantalón 'maprietaelculo' y un jersey 'notevoyaenseñarná'. El pantalón es de color gris oscuro y el jersey es de ese color inclasificable que se acerca al púrpura pero que jamás nadie se atreverá a ponerle un nombre exacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El jersey se ve adornado por un collarcito dorado que nuestra protagonista porta en su cubiero cuello (por el jersey, que es de cuello alto). El pelo está recogido (y suponemos que lavado) y lo hace con un broche 'keloflipas' que le ayuda a retirarse el cabello de su cara leve y elegantemente maquillada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Está de pie sobre el estrado que preside la clase, algo que le daría algo de autoridad de no ser porque es ella, la G., la mujer que un día se chapó varias lecciones de Constitucional y ahora las dicta, intercalando entre frases su ya mítico "¿mng?", inigualable e irrepetible por otra persona que no sea ella. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En los días como hoy es cuando te preguntas si las clases valen la pena, si merece la pena ir a clase sólo para escuchar cómo A.G. te dice cuatro paridas que jamás será capaz de explicar. Son de esos días en los que las mujeres se sienten orgullosas de ser mujeres, los hombres se alegran de que las mujeres se enorgullezcan de ser mujeres, el oso Yogui goza por vivir en un parque natural tan mal vigilado como el de Yellowstone, los pajaritos emigran a otras tierras, la mayoría del PP nos atrapa, el fuego se quema, el agua se moja, el pez nada, la vaca todo, los chicos guapos se compran cremas para su cara, las chicas guapas se compran cremas de depilar, las gordas adelgazan, las delgadas también y todos son muy duros y guais.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Creo que con estas pinceladas os podéis imaginar que es un día que marcará el inicio de una época, uno de esos en los que te encuentas en una casa que no es la tuya pero que no huele del todo mal y en la que la gente te mira raro. Llego así a la conclusión de que Ricitos de Oro hizo mal en comerse la sopa de los tres ositos, que, como todos los osos, son unos lurillas y se cabrean, y no me extraña, ya que si una fulana rubita acaba con tu sopa merece morir. Además, ¿qué hace una niña sola por el bosque y sin caperuza roja? ¿quién le manda entrar en una casa que no es suya? ¿por qué lleva esos ricitos tan guais?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Todo esto lo consigo gracias al ralle de la G., pero creo que lo que viene aquí es más interesante que lo que ella dice"&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Madre mía... 20 años y la inocencia perdida. Eso es lo que tiene ir a clase solo a las 4 de la tarde. En fin, ¿por qué no me quiero dedicar al Derecho...?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-3244107661878059798?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/3244107661878059798/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=3244107661878059798&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3244107661878059798'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3244107661878059798'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/07/mis-apuntes-de-derecho.html' title='Mis Apuntes De Derecho'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-2169734927626886901</id><published>2010-07-04T17:41:00.002+02:00</published><updated>2010-07-04T18:24:27.314+02:00</updated><title type='text'>El Portero</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;El portero, ese personaje. Supongo que la gente se preguntará cómo uno llega a ser portero de cualquier deporte que lo demande. Es como ser árbitro... Yo fui portero. Mi razón, el asma. Se supone que si corría mucho me ahogaba, así que la estatua inamovible durante la mayor parte del partido que representa el defensor de la portería parecía la mejor opción para entrar en el equipo del colegio (realmente me hice portero el segundo año, después de una nefasta temporada). Lo fui de fútbol sala. Mi cueva era de red blanca y palos rojiblancos. Lo tuve que dejar por una bursitis en el codo, y sólo de vez en cuando he recuperado el tiempo pasado (como cuando &lt;a href="http://diariodeunguapo.blogspot.com/2007/03/historia-de-una-ua-rota.html"&gt;me rompí una uña&lt;/a&gt;).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El portero, ese hombre. Es un antihéroe del fútbol; también en balonmano y en hockey (hielo, hierba o sobre patines). Vive solo en casi la totalidad del tiempo que dura el partido, atrapado en una dulce locura que le caracteriza. El portero, un jugador que en el campo sufre las mayores frustraciones. Sus fallos suelen ser los más recordados. También los del delantero, pero él tiene el premio del gol. El único premio del guardameta es el parar un penalti, pero para restarle mérito ya existe el dicho de "el penalti no lo para el portero, lo falla el jugador". Un dicho que resulta importantísimo para entender la figura del portero desde fuera; se distingue al portero del jugador, como si el primero careciese de la importancia que tiene el defensa, el mediocampista o el delantero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero bendita locura la del portero. Higuita, con su escorpión en Wembley, la capital europea del fútbol; Jorge Campos, con sus camisetas horteroides y su alma de delantero centro; el desquiciamiento habitual de Chilavert, ese entrañable gordo que lanzaba las faltas como el mejor Maradona; o el máximo goleador, Rogerio Ceni, que demostró que los brasileños son especiales en el fútbol hasta cuando son porteros. Y eso que Brasil es el país en el que menos importancia han tenido ellos en la historia del fútbol. Sólo uno es recordado generación tras generación, y para eso, se le recuerda con odio. Se llamaba Barbosa y fue el triste protagonista del Maracanazo, una "tragedia" clásica que se vivió en Brasil, en 1950, en su Mundial, cuando todo estaba a su favor. Brasil perdió la final de ese Mundial en un Maracaná repleto hasta la bandera. De nada vale que los goles sean de Schiaffino y Gigghia, porque el mundo del fútbol recuerda a Barbosa, que fallecía en el año 2000 con la sombra del recuerdo nefasto del 50 y la indiferencia y odio de todo un país que vive por y para el fútbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Genio y figura, el portero. La imagen de la soledad. En los deportes de equipo, él es la imagen marginada, en una punta del campo, expectante de que, de sopetón, le llegue un balón. Si la caga, la caga; si la para... es lo que tenía que hacer. El solitario, el guardián de la puerta, el Can Cerbero, que protege la puerta del infierno... el puesto más poético del fútbol, seguro. Y a veces se le va la cabeza y se dedica a tratar de marcar goles, en lugar de pararlos; así lo escribí en &lt;a href="http://www.elpais.com/articulo/deportes/Porteros/goleadores/elpepudep/20091210elpepudep_9/Tes"&gt;El País Digital&lt;/a&gt; (vale, es que no me apetece repetir lo que ya escribí; por cierto, el titular no era ese, sino "Porteros contra natura", pero me lo cambiaron... cabritos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer, Casillas nos recordó lo importante que puede ser. Paró un penalti, salvó el empate casi al final. El mismo que ha demostrado, también, que el portero puede ser como el quarterback y quedarse con la tía buena, ayer se erigió en el símbolo de una selección que hizo historia. Repetida hasta la saciedad es la imagen del portero vestido de negro alzando la Eurocopa; esperemos que esa misma imagen se repita dentro de unos días, pero ahora levantando la copa dorada de campeones del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y si lo hace, será el portero el protagonista, esa figura especial del fútbol.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-2169734927626886901?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/2169734927626886901/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=2169734927626886901&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2169734927626886901'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2169734927626886901'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/07/el-portero.html' title='El Portero'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-4561791443707871820</id><published>2010-06-30T20:23:00.002+02:00</published><updated>2010-06-30T20:48:58.364+02:00</updated><title type='text'>Números</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Números y más números y más números y más números. Entended que para un chico de letras puras como yo, eso se convierte en una espiral sin fin de desasosiego y dolor en la entrepierna. Dicen de mí que fui capaz de revivir lenguas muertas como el griego y el latín en 3º de BUP y COU, que conmigo tenían actividad e incluso generaban nuevas normas y reglas gramaticales; yo, que vivo por y para las letras; yo, que vivo en la letra A en Vigo y D en Madrid; yo, que estaba en el grupo C en derecho y en la clase B en el colegio; yo, que no sé hacer la O con un canuto. Yo, en resumen, que soy de letras, me veo rodeado de números.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro día me pedían un número del que aún no había oído hablar. "Necesitamos tu número de la Seguridad Social". ¡¡Un número nuevo!! Además, uno que conllevaba empezar a cotizar, como un chico mayor, que suponía dejar el biberón y empezar a beber en vasos grandes, pasar del pantalón corto al largo y empezar a peinarme yo solo. Conocía números raros, como el número pi, aquel famoso 3,1416... Había oído hablar de él, pero ¿el de la Seguridad Social? "No te preocupes, aquí te lo damos", me dijo un hombre calvo en el edificio que ocupa el Ministerio de Trabajo en Vigo. Y sí, me lo dieron. Era un número largo, como un nuevo DNI.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera duda apareció rápido detrás de mi oreja, acechándome como un violador. "¿Tendré que memorizármelo?". Tengo ya muchos números en mi cabeza, retengo demasiada información numérica en mi cerebro como para sobrecargarlo con tantos dígitos. Mi teléfono móvil, el fijo de mi casa, mi piso, el código postal, el número de cuenta, las claves de la tarjeta de crédito o del correo electrónico... ¿uno más? Creo que será imposible. Para descargar responsabilidad y soltar lastre numérico en mi cabeza, saqué copias del documento oficial que mostraba al que quisiese saberlo que acababa de recibir un nuevo número para engrosar la ya de por sí engorrosa lista de numeritos. No tenía vida laboral, pero sí un número que era el principio esa vida. "Con tanta copia no hace falta que lo memorice y siempre lo tendré a mano", pensé mientras sonreía lleno por dentro por mi gran razonamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, sin ir más lejos, hace unos minutos, decidí consultar el correo de la Universidad de Madrid. Aún seguía ahí. "Introduzca su clave". Como no, mi clave era... ¡¡premio!! ¡¡un número!!. Pero no un número de esos que puedes poner tú como quieras ni uno de esos que es fácil, de dos cifras, cuatro dígitos o tres chorradas, no. Era un numeraco que si te lo aprendías creo que te convalidaban un par de asignaturas de matemáticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo confío mucho en mi memoria. Demasiado, creo. Así que no se me ocurrió apuntarlo nunca en ningún sitio. Y ahí estaba yo, delante de la deslumbrante pantalla del ordenador, realizando las cábalas más extrañas para alcanzar un haz de luz en mi memoria que me transportase al mismo día que me dijeron: "Eh, chaval, esta es tu clave; es un número, así que apúntatelo por si se te olvida". "¿Olvidárseme a mí? Estás de coña, pringao...". Ese mismo que con desidia llamaba "pringao" al otro era yo, el mismo imbécil que se secaba las gotas de sudor tratando de descifrar en su maltrecha y atiborrada de números memoria aquella clave que hace cuatro años memoricé, pensaba, para el resto de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por suerte, el haz de luz apareció. Era Dios. "Mauro, te doy esta oportunidad para que no vuelvas a fallar. Este es el número, pero ahora no me hagas la misma jugarreta con el número de la Seguridad Social". Con su divinidad (muy divina, por cierto), me rescató de las fauces del olvido para que pudiese entrar en mi correo de la Universidad y sorprenderme de nuevo, una vez más...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro número: "Mensajes sin leer: 60". Me cago en todo, malditos números.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-4561791443707871820?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/4561791443707871820/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=4561791443707871820&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4561791443707871820'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4561791443707871820'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/06/numeros.html' title='Números'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-565332520608931080</id><published>2010-06-27T10:37:00.003+02:00</published><updated>2010-06-27T17:04:49.877+02:00</updated><title type='text'>Con Platón En El Autobús</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Llegué justo a tiempo para dejar la maleta y la mochila en el maletero del autobús, que ya tenía el motor en marcha. El conductor me confirmó que el billete era real y que mi asiento era el 25, casi al final y al lado de la ventana. Arriba, mis compañeros de viaje se acomodaban en los asientos, anchos y acolchados, colocaban sus maletas en los altillos o se acurrucaban como fetos buscando el sueño que les hiciese más llevaderas las siete horas que nos quedaban por delante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Perdona, pero creo que ese es mi asiento". Ella, que miraba a un punto infinito por la ventana, se giró, me miró y con una sonrisa me pidió perdón. "Es que no sabía cuál era el mío". Con el motor en marcha y el autobús con la intención de abandonar Madrid, ella, con la misma sonrisa, me mira, me toca el hombro y me pregunta si le puedo ayudar a bajar el cabezal de su asiento. "Es que soy bajita y me queda muy incómodo". Éramos compañeros de viaje. Las dos breves conversaciones nos habían convertido en una especie de pareja unida por el azar de los números aleatorios que repartía un ordenador accionado por un empleado que perdía sus horas y su ilusiones en la ventanilla de una estación de autobuses. A mí me había llevado hasta ese asiento la urgencia de irme a Vigo y la imposibilidad de ocupar uno de los individuales que el autobús express y nocturno regala en su parte derecha. A ella, lo caro de los billetes de avión y el relax que le proporcionaba haber estado dos semanas en Madrid esperando por un trabajo que nunca llegó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con Madrid a la espalda y los márgenes de la autopista repletos de luces de neón que anunciaban noches largas para los camioneros, entablamos nuevas conversaciones. La primera, forzada por la película que se proyectaba en la televisión del bus. El dvd fallaba y nos repitieron hasta tres veces los primeros 20 minutos de la película. A la tercera, entre risas, reproducíamos los diálogos y las situaciones. Antes, habíamos descubierto juntos cómo se conectaban los cascos y cómo se llegaba al canal del audio para poder seguir la televisión. Eso sí, el cabezal de su asiento seguía sin adaptarse a su altura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin película (el conductor se hartó y nos castigó sin ella) y sumergidos en la madrugada en plena Castilla, nos amenizamos el viaje entre susurros. El resto de los pasajeros dormían, pero nosotros sólo habíamos empezado a viajar. Respuestas a las preguntas. ¿Qué haces en Madrid? ¿Por qué te vas un martes a Vigo? ¿Por qué va el autobús tan lleno un martes? ¿Dónde estudiaste? ¿Así que la conoces? No me lo puedo creer... Y ya eran las 2 de la madrugada. Y quizás rendida por el día tan largo, apoyó la cabeza en mi hombro, abusando de la extraña confianza que logramos en tres horas de susurros y sonrisas intuidas en medio de la carretera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¿Sabes que sólo podemos ver menos de un tercio de las estrellas que cubren el cielo por culpa de las luces de la ciudad?". "No", contesté, sin pararme a pensar si eso era mucho o poco. "Desde el pueblo de mi familia se ve todo el cielo despejado. Seguro que se pueden ver más de la mitad de las que existen". "Seguro", contesté, sin parame a pensar si eso era posible. "Tienes el hombro muy cómodo. Yo no, siempre me lo dicen".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz del conductor nos avisaba de que tocaba parar en mitad del camino, justo antes de entrar en Galicia, para comer y beber algo y estirar las piernas. Mala decisión. Sentados uno frente al otro en la mesa del bar de carretera nos dimos cuenta de todo. Con luz, con gente, fuera de nuestro hábitat, no era lo mismo. Estábamos limitados al autobús, a los asientos 25 y 26, a ver la vida desde el cristal. Allí, uno enfrente del otro, no éramos más que dos viajeros desconocidos sin nada de lo que hablar. Yo me levanté antes. Terminé el agua sin gas y salí a fumar. Ella pasó delante de mí cinco minutos después. No la reconocí. No era la misma del autobús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando reiniciamos el camino, todo volvió a la normalidad. Pero sabíamos que nos quedaban tres horas, más o menos, para ser los dos. Aprovechamos el tiempo de viaje para reirnos mientras nos repartíamos las posesiones comunes. Nos dividimos la luna que nos acompañó durante el viaje, las estrellas y las luces de las casas lejanas. Ella se quedó con los árboles que pasaban difuminados por la velocidad y la oscuridad y yo con los reflejos de las farolas de los pueblos en la lejanía. Y nos quedamos dormidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz del conductor me despertó ya entrando en la estación de Vigo. Tardé en abrir los ojos; sólo lo hice cuando el autobús apagó el motor. Ella ya no estaba. Había sido la primera en bajar. Con la sombra de la culpa sobre los hombros por no haber despertado antes, recogí el equipaje. Fuera, esperando un taxi a las 6 de la mañana, me pareció verla subiendo a un coche y diciéndome adiós con la mirada. "A lo mejor en otra ocasión; quién sabe, en Marte, quizás...".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre nos quedará lo que Platón diseñó para un autobús.   &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-565332520608931080?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/565332520608931080/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=565332520608931080&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/565332520608931080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/565332520608931080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/06/con-platon-en-el-autobus.html' title='Con Platón En El Autobús'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-2644282149827240790</id><published>2010-06-21T01:22:00.002+02:00</published><updated>2010-06-21T01:43:56.016+02:00</updated><title type='text'>Terminal</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;"Está terminal", dice el médico a la familia del enfermo. Está a punto de llegar al final. Está, por tanto, repitiendo el esquema en el que se puede resumir la vida, que no es más que un conjunto de acciones que tienen un final, que se terminan. Cada paso que inicia algo se convierte en el primero que se da para llegar hasta el final. Es decir, todo lo que empieza, por las mismas termina. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Hace unos tres días iba a terminar mi estancia en Madrid y el fin de una etapa. Regresaba por unos meses a Vigo para hacer una cura de desintoxicación del último año, de los últimos meses. Un tiempo de playa y de cambio de ambiente. Un tiempo de asueto prolongado en el tiempo con el objetivo más o menos cercano de volver a empezar otra vida. El primer paso que daría con el fin de conseguir dar el último con el futuro regreso a Madrid en septiembre. Después, otro primer paso; el comienzo de un máster o un contratillo en cualquier medio para subsistir engrosando el curriculum con vistas a regalarme otro final cuando todo eso terminase. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ahora, incluso, parece que las vacaciones medio forzadas se van a esfumar y Madrid será mi ciudad de veraneo otro año más... si las cosas salen bien, por supuesto. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y las piezas del dominó erguidas sobre el tablón de la mesa de mi habitación se empezaron a caer dibujando sus formas al mismo son del sonido que hacían al estamparse contra la madera. Los finales se fueron sucediendo como un causa-efecto sin mucha explicación. Mientras los días se empiezan a despejar de nubes y el calor empieza a amenazar humeante desde el asfalto de mi calle, se despellejaban también las rodillas después de meses caminando por las cuerdas más flojas, las que nunca regalan palabras y los "noes" se ahogan en la orilla de la playa que visité hace ya, parece, mucho tiempo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;"Dame un sí", le decía un chico a una chica el otro día en una cafetería, sin saber que yo era espectador de lujo de su conversación. Mientras revolvía el café abrasivo con la cucharilla, el tintineo marcaba el tiempo real en el que un final, un enfermo terminal, se sentaba entre aquella pareja para avisarles que, esta vez, el sí que él le solicitaba a ella no iba a aparecer, y lo mejor era que se levantasen, me dejasen a mí sin espectáculo de telenovela barata y pusiesen fin a la historia que para mí había durado unos escasos minutos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El carácter terminal de esa escena retrataba lo que me tocaría vivir pocas horas después, con el final inesperado de un plan que nació antes de morir, con el principio de dos meses que serán distintos y con el calor que se apoderó de mi cuerpo y se transformó en sudor frío que me cubría el cuello, la frente y el pecho. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Por si acaso las cosas salen bien, para Vigo me voy a disfrutar de la playa el tiempo que pueda. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-2644282149827240790?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/2644282149827240790/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=2644282149827240790&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2644282149827240790'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2644282149827240790'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/06/terminal.html' title='Terminal'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-8330781310698991136</id><published>2010-06-17T00:34:00.007+02:00</published><updated>2010-06-17T01:15:20.901+02:00</updated><title type='text'>BCN</title><content type='html'>&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 360px; height: 480px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/TBlXplJqNGI/AAAAAAAAAIY/Uyn6ujzRhNA/s400/31879_10150205974920543_576410542_12985286_7069838_n.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5483510393159169122" /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Desde pequeño, siempre dije que me gustaría vivir en Madrid o en Barcelona. Tonterías de un chaval cualquiera, pensaréis... Pues sí. Pero me reafirmo. Y me he reafirmado desde que estoy en Madrid y siempre que visito Barcelona. Este último fin de semana he estado en Barcelona (con cama en Sabadell, cortesía del Gigante Bueno) y, como siempre, me ha vuelto a encantar. Yo soy de ese tipo de personas, extrañas ellas en esta España del PP, a la que le encantan los vascos y los catalanes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Viajar a Barcelona merece la pena ya sólo por la entrada que hace el avión en la ciudad. La sobrevuela, se encamina hacia el mar, se coloca en paralelo a la costa para que puedas dibujar la Diagonal y la Sagrada Familia, y aterriza. Desde lo alto, con una escuadra y un cartabón, puedes diseñar tu camino; yo me planifiqué los cuatro días que estuve ahí en los breves minutos que duraba la maniobra del piloto. Lo peor, las increíbles turbulencias que tuvimos durante el viaje y la mala noticia, después de aterrizar: un control de policía nada más salir del 'finger'. En él, dos polis bien identificados con su placa al cuello como el que lleva un móvil última generación, hacían guardia como estatuas de sal. Primero, un aviso a uno de los cubanos con los que compartí el viaje en avión. Segundo, un "espere un momento" dirigido a mí. No sé qué cara tengo o pongo, que los controles me eligen a mí como víctima.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;El poli malo, calvo y con cara de mala leche, mirando al frente, a un punto infinito en el que supongo que estarían apilados todos sus traumas infantiles, me pidió, sin mirarme a los ojos en ningún momento ni apartar la mirada del infinito, mi identificación y me preguntó de dónde venía. "De Madrid", contesté con seguridad e incredulidad porque ¿realmente no sabía de dónde venía el avión? "Ha hecho alguna escala", decía sin apartar la mirada de su infancia triste con un padre que le pegaba en la cabeza. "No...", le respondí. Cogió el DNI, miró el reverso con velocidad y me devolvió la identificación. "Puede pasar". Sólo me acojoné en el momento en el que recordé que llevaba un pequeño desodorante en la mochila que había pasado desapercibido en el control previo al embarque. Si se dedicasen a otras cosas, mejor nos iría...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/TBlX4G94BzI/AAAAAAAAAIg/m3X2dUTDRnc/s400/31879_10150205974860543_576410542_12985281_3651390_n.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5483510642754717490" /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Sabadell desde la terraza del Gigante Bueno&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Y ahí dieron comienzo mis cuatro días en Barcelona. El Gigante Bueno me citó en la Plaza de Catalunya, y después de encontrarnos, adularnos y abrazarnos, nos dirigimos a la bella ciudad de Sabadell. Después, otra vez vuelta a la gran ciudad. Contando que en cada recorrido tardas unos 40 minutos, mis primeras horas fueron observando las maravillas de los Ferrocarriles de la Generalitat, cortesía del señor Pujol. Acabamos en Gracia cenando un kebab servido por Roberto Benigni y después nos tomamos una cerveza en un local cubano con un excelente ambiente (estaba el camarero hablando por teléfono y la tele encendida, además de una música estupenda). Éramos dos, pero a partir de ese momento, las gentes se fueron sumando.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;La noche en general, bien, qué os voy a contar. Salir por Barcelona tiene las mismas ventajas y desventajas que en Madrid. Muchos sitios a los que ir, muchos ambientes diferentes, pero mucho coñazo para trasladarse de un sitio a otro. El tren de vuelta me invitó a dormir después de asegurarle al Gigante Bueno que yo no dormía en los trenes...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;El sábado disfrutamos de una maravillosa tarde en la villa de Sabadell. Qué puedo decir de ella... pues que tiene chimeneas de antiguas fábricas y que tiene una calle grande con comercios y algunas plazas. Ah, también constaté la obsesión de los catalanes con los dragones, a los que incluyen en toda celebración que se precie.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;img style="text-align: left;display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px; " src="http://2.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/TBlYcHuS1FI/AAAAAAAAAIo/-k5lUoDCh5k/s400/31879_10150205974890543_576410542_12985283_3843102_n.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5483511261433091154" /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Bola de Drac&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial, serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Por la noche, una fiesta en un chalet cerca del Parc Güell, previa cena en un restaurante francés. Lo digo aquí: fuimos los más divertidos de la fiesta. Es una realidad. Esa fue mi impresión, pero creo que no conocer a la gente te permite algunas licencias, como la no necesidad de socializar con gente que no te apetece. Los cinco que fuimos (sólo uno conocía a unas cuantas personas, que incluso algunos le odiaban) conseguimos que la fiesta no fuese un coñazo. Vale, esto último es una flipada, pero así lo pensaba mucha gente de la fiesta (claro, contestaban que sí a mi pregunta, a la pregunta de un desconocido con acento gallego).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/TBlY__VawPI/AAAAAAAAAIw/EX7gXt9Qljw/s400/31879_10150205976340543_576410542_12985337_6688931_n.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5483511877656559858" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Los cinco más divertidos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;l domingo lo cerré con una visita a mi primo de Barcelona. Por no enrollarme, me quedo con su disección de la universalizada idea de que el catalán es agarrado. Todo se resume en un término de márketing, el smart shopping (comprador inteligente). El catalán no se va a una terraza con sus amigos a gastarse 4 euros en una cerveza; él se la compra en un supermercado por 65 céntimos, la enfría y se la toma en casa. Lo mismo, pero más barato... La comida, igual. Total, si la vas a cagar en dos horas...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Y nada más. El lunes hice una fugaz visita al mar, a las Ramblas y al barrio Gótico, comí con el Gigante Bueno y regresé a Madrid. Otro país, otro lugar, vamos a ver el circo... &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y eso, besos, chiquets.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-8330781310698991136?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/8330781310698991136/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=8330781310698991136&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/8330781310698991136'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/8330781310698991136'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/06/desde-pequeno-siempre-dije-que-me.html' title='BCN'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/TBlXplJqNGI/AAAAAAAAAIY/Uyn6ujzRhNA/s72-c/31879_10150205974920543_576410542_12985286_7069838_n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-545053153863765144</id><published>2010-06-01T15:40:00.005+02:00</published><updated>2010-06-06T21:59:49.731+02:00</updated><title type='text'>Última Vez</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Cuántas veces habré pensado "esta es la última vez que...". Muchas veces, como algo afirmativo, como una decisión y algo definitivo. Por ejemplo, hubo una última vez que me afeité con cuchilla. Al terminar, decidí que era la última vez que lo hacía y que me pasaba a la maravillosa maquinilla. Total, para mi vello adolescente y escaso, invertía demasiado tiempo, y todo por hacerme el mayor y por la envidia que me daba el tío musculoso del anuncio de Gillette.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Estas últimas veces tienen forma absoluta y una sombra de certeza con mucha efectividad. Están basadas en la experiencia y en el historial particular de cada uno. "Nunca más voy a  pensar que soy más listo que los demás"; una afirmación formulada de manera absoluta y basada en la experiencia. Por lo menos en mi caso. Y estas últimas veces están bien. Muy bien.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Las otras "últimas veces" son las que ponen fin a momentos. Más que afirmaciones, se formulan como preguntas. Algo así: "Y si esta fue la última vez que...". Este tipo ha estado muy presentes en mi vida desde siempre. Cuando terminaba un curso, dejaba el colegio pensando "esta es la última vez que piso este suelo siendo alumno de séptimo de EGB". Volvería a pisar ese mismo suelo, pero lo haría siendo un chicarrón de octavo. Aquí hago un inciso con la teoría que tenía un compañero de clase sobre los cursos. Se resumía en la posibilidad de pegar a otros alumnos. Vamos a ver: si estás en octavo de EGB (no sé las correspondencia ahora), está genial, porque eres el mayor de EGB y puedes pegar a todos los demás porque son menores que tú. Al pasar a primero de BUP, en cambio, pierdes esa cualidad y te conviertes en el pequeño de BUP y los demás te pueden pegar a ti. Ya, yo tampoco entiendo esa obsesión por pegar a los demás...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Últimamente, dentro de mi pequeño caos personal, me encuentro preguntándome si una vez será la última que hago algo. O si algo que he hecho, lo será por última vez. El domingo pasado me lo pregunté. A lo largo de una hora completa, atravesando las calles de Madrid, pasando al lado del Retiro, cruzando por la Puerta de Alcalá, escalando la Gran Vía, recreándome en la Plaza de España y abriendo la puerta de mi casa. Había dejado algo atrás, detrás de mi camino, y las imágenes que se me venían a la mente me preguntaba si tenían forma de última vez, si se repetirían o se quedarían como estatuas que sólo sirven para recordar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Lo peor, que seguro que vuelvo a pensar si algo es la última vez que pasa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-545053153863765144?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/545053153863765144/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=545053153863765144&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/545053153863765144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/545053153863765144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/06/ultima-vez.html' title='Última Vez'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-1598850862732723457</id><published>2010-05-23T14:22:00.003+02:00</published><updated>2010-05-23T14:49:55.668+02:00</updated><title type='text'>En Un Bolsillo</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Hace días, haciendo una limpieza de armario (tíos/as, hay que renovarse; además, hay que retirar la ropa de invierno y sacar las camisetas petadas de verano), encontré un abrigo que hacía tiempo que no utilizaba. Me lo había comprado en el Rastro en mi primer año en Madrid y siempre pensé que me daba la imagen de moderno que no tengo. Revisando los bolsillos me encontré un papel arrugado en el interior, en el que está a la altura del pecho, en el forro que simula piel de oveja azul (la oveja azul, esa gran persona).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo saqué, lo desdoblé, lo planché con las manos. En él, sólo había escritas dos líneas. Una frase larga que era el comienzo de algo que no había llegado a terminar. Murió antes de nacer. Como muchas de las cosas que empiezo y nunca termino. Creo que hay un cementerio de libros con la página 32 marcada cerca de mi habitación. La pereza, el desinterés o el simpre olvido me llevan a hacer este tipo de cosas. Mis padres siempre me lo echan en cara: "Siempre empiezas cosas y luego no las terminas". Creo que el fútbol y la guitarra (ahora tendría que añadir lo del bolg, o lo de escribir) son de las pocas cosas a las que les he dado continuidad en mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella frase supongo que la escribí en un momento bohemio, cuando pensaba que lo podía llegar a ser. Un bohemio de provincias que se sorprendía con lo que le regalaba la capital. Me imagino escribiendo, apoyado en un escaparate que muestra ropa cara, un poema hermosísimo sobre los semáforos, sobre el baile de colores y el orden y concierto que le dan al tráfico de una calle como la Gran Vía. O peor, colocando las manos a modo de un objetivo de cámara, como un director que sueña con hacer la película de su vida, mientras imagino la escena que está ocurriendo a pocos metros de mí como un eslabón más de mi primera película. Y sí, aún puede ser peor, y me veo en un parque, descalzo, con un perro despeinado que corre a cien metros de mí mietras yo, con una guitarra lila, regalo canciones a la naturaleza. Un asco, vamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También llegué a la conclusión de que la escribí en el transporte público, porque aunque tengo muy mala letra y un pulso pésimo, aquel trazo tan irregular sólo puede significar que volvía en un bus desde la Universidad o que las musas me asaltaron en el metro. Intuyendo el vaivén, sería la línea 6, la circular, la más vetusta y pesada línea de metro de Madrid. Eso sí, iría sentado, porque lo de escribir de pie ya no lo veo como algo mío. Leo, escucho música y pienso de pie, pero escribir o subrayar unos apuntes previo examen no son compatibles con mis piernas estiradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es curioso lo que me revelan los bolsillos. Yo no soy de los que ha caído en la moda de la bandolera. Sé que es útil, pero me inclino más por la bolsillez. No es nada relacionado con la resta de masculinidad que algunos dicen que genera el bolso o la bandolera, tiene más que ver con mis manías. Bolsillo de la derecha: cartera, abono de metro y llaves; a la izquierda, móvil, mp3 y tabaco. Esto cambia cuando llevo cazadora, pero bueno. Eso, que haciendo una búsqueda de mierdas en mis bolsillos me llevo más de una sorpresa. Como un mechero que no recordaba dónde lo había metido. Eso sí, el día que lo encontré, lo perdí definitivamente. Fue en una fiesta. "Mauro, déjame fuego". "Claro, toma". Y adiós. Se perdió entre las cabezas y entre el humo del cigarro recién encendido. "¿Y mi mechero?". "No sé, yo no lo tengo...".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deposité el papel sobre la mesa, me senté y leí: "Últimamente, las horas me parece que se me quedan entre los huecos de los asientos que ocupo en Madrid y los minutos se pierden por las calles que aún no reconozco". Yo qué sé, sería mis primeras impresiones de la ciudad. O un mal día. O un día FP. La verdad es que trataré de seguir esa historia para meterla en el blog, en plan ejercicio de escritura, tratando de adivinar qué hubiese escrito en aquella época.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Últimamente, a mí, al Mauro del presente (hola, Mauro del futuro que estás leyendo esto), se le pierden las horas delante de un ordenador y los minutos entre las sábanas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-1598850862732723457?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/1598850862732723457/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=1598850862732723457&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/1598850862732723457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/1598850862732723457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/05/en-un-bolsillo.html' title='En Un Bolsillo'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-9135706089908763454</id><published>2010-05-15T16:39:00.002+02:00</published><updated>2010-05-15T16:53:26.053+02:00</updated><title type='text'>Cómo Conocí El Rojiblanco</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Chicos, todo empezó el miércoles. Agüero centraba, Forlán remataba, el balón rozaba el muslo de un gigantón noruego y el Atlético era campeón de la Liga Europa (para los ignorantes, la antigua UEFA; para los más ignorantes, una competición menos importante que la Copa de Europa). Salimos del bar y Madrid se había teñido de rojiblanco: coches dando bocinazos, banderas, bufandas y camisetas del Atlético. Y pusimos rumbo a Neptuno, la plaza donde se celebran sus títulos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;La razón no la sé, pero me sentía muy del Atleti. Sería que hacía mucho que tenía ganas de ir a una plaza repleta de gente para celebrar un título. En mi primer año en Madrid estuve a puntito de ir a la Cibeles a celebrar la Liga del Madrid (ya, pintaba muy poco y hubiese sido ir TOTALMENTE contra mis principios, pero soy una prostiPuta barata del fútbol), pero justo había descendido el Celta a Segunda y el luto me parecía necesario.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;En fin, después de cantar, gritar y agitar una bufanda prestada (e insultar a Guti), volví a casa. Al día siguiente, no me dio tiempo ni de pisar la redacción: “No, no te sientes que te vas. Toma esta mini cámara y &lt;/span&gt;&lt;a style="font-family: georgia;" href="http://www.elpais.com/videos/deportes/gran/dia/Atletico/elpepudep/20100514elpepudep_1/Ves/"&gt;vete a cubrir la celebración del Atlético&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;”. Resulta que iban a recorrer Madrid (bueno, una pequeña parte, desde el Calderón hasta Sol) para festejar el título con la afición y con todo friki/aburrido que pasase por ahí. Cogí un taxi con una compañera que le tocaba cubrirlo para el papel (yo lo hacía para la web, yeah) y nos plantamos en el Calderón.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Después de esperar un rato y fumarnos dos cigarros, apareció el de prensa del Atlético con la primera mala noticia de la tarde: “No estás acreditado”. Yo trasladé el mensaje a la redacción: “No estoy acreditado” (tendría que haberles dicho: “Capullos, no me habéis acreditado”, pero soy un encanto de persona. Muy riquiño). ¿Eso qué suponía? Pues que no podía ir en el bus reservado para la prensa (los jugadores iban en uno descapotado chulo, chulo) y que no tenía acceso a la Almudena, al Ayuntamiento ni a la Comunidad, las tres paradas previstas para la celebración. “¿Qué hago?”, pregunté en la enésima llamada a la redacción para que me diesen una solución. Segunda mala noticia: “Mira, cógete un taxi y vete a la Almudena. Adelántate a lo que haga el bus, según su recorrido, y graba la llegada, el ambiente, la afición… y vete llamando cuando puedas para llevarlo en directo en la web”. “Vaya”, pensé, “queréis que me adelante a sus movimientos, ¿eh? Queréis que sea un ninja… pues vale”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Y ahí empezó mi tarde. Después de recorrer calles y calles en busca de un taxi (son como la policía: sólo aparecen cuando no los necesitas), me subí a uno en plena efervescencia periodística y le obligué a que me llevase hasta la Almudena (le pagué por ello, evidentemente, pero lo normal, no era algo excesivo…). La zona ya empezaba a estar abarrotada y, a lo lejos, se intuían las banderas y las cabezas con pensamientos rojiblancos (“…como en el 96…”). Las campanas repicaron a su llegada mientras los codos y las cabezas, esas rojiblancas, se clavaban en mi cuerpo y en mi pantalla de la mini cámara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Siguiente parada, el Ayuntamiento. Llegué andando, porque lo de la Almudena (ofrecimiento, ramo de flores, chorradas varias…) iba para largo. Fue una mala idea, porque la caminata me hizo sentir la tercera mala noticia del día: los primeros pinchazos en las piernas. Pero soy un profesional, coño. Entre &lt;/span&gt;&lt;a style="font-family: georgia;" href="http://www.formulatv.com/images/fgaleria/11100/11157_paula-prendes.jpg"&gt;Paula Prendes (aaaay, omá)&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, uno de CQC, más aficionados y policías que me echaban de los lugares estratégicos, pasaron los minutos hasta que llegaron otra vez en su autobús descapotado los jugadores. Después, en el hall, escenario con cánticos con la plantilla, más codos, más cabezas y unas nuevas invitadas (y la cuarta mala noticia): las bufandas. Grabé, escribí y llamé por quinta vez a la redacción. Esa llamada me hizo perder tiempo y fallé en mi misión ninja: cuando llegué a la Puerta del Sol, el autobús se me había adelantado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Esperando a que saliesen los jugadores al balcón de la Comunidad, una amable anciana me dio conversación. Mentira, me dio la brasa con preguntas sobre mi trabajo, mi vida y casi mi condición sexual. Después de escaparme, aparecieron los protagonistas una vez más y el día enfilaba su recta final. Sólo esperaba Neptuno, la plaza donde, como comprobaría después, la multitud de gente iba a ser el último escollo. Y es que a cada minuto que pasaba, a cada lugar que marcaba la ruta que llegaba, la masa de gente crecía de manera exponencial.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Evidentemente, lo de Neptuno ya fue una locura. Desde la Carrera de San Jerónimo se divisaba la plaza teñida de los dos colores que me estaban dejando ciego desde las 4 de la tarde. Una concentración de gente entre la que lo mismo te encontrabas a un bebé, que a un borracho (o varios, los que más eran estos), que a un tío subido a un semáforo, que a una familia encantadora o que a una señora que, ingenua, trataba de subir la calle en coche, mientras pedía perdón con las manos y la gente la insultaba (en plan bien).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Sabía que era mi última parada y desde la redacción me habían dicho que volviese, pero los ninjas somos así. “Grabo un par de cosas en Neptuno y ya voy”, dije con voz de guapo de peli americana, mientras la bandera de las barras y las estrellas ondeaba detrás de mí y el himno ‘yanki’ sonaba con fuerza. La imagen que quería era una: Antonio López, capitán del Atlético, poniéndole la bufanda del equipo al dios Neptuno.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Los jugadores llegaron, cantaron, se pusieron pesados (casi más que mis piernas, que ya acusaban las horas de pie, caminando, parado, corriendo, saltando…) y, por fin, llegó el momento. Era el cierre perfecto para mi vídeo. Pero…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Antonio López estira sus brazos para rodear al dios y una cabeza se interpone entre la cámara y la imagen. Después, una bufanda (zorras). A continuación, un brazo que casi me tira la cámara mientras una trompetilla incómoda estampa su sonido contra mi oído. En décimas de segundo, avancé a empujones a un lugar mejor (dentro de lo horrible que era cualquier sitio en aquella plaza atestada de gente). Alcé la cámara para evitar elementos distorsionadotes y… “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Battery off&lt;/span&gt;”. ¡¡¡¿QUÉÉÉÉÉ?!!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Con el rabo entre las piernas, la mala hostia en la cara y algunas imágenes de Neptuno (pero no LA IMAGEN), me escapé de allí bufando contra todo y contra todos. En la calle Alcalá (la corista viene y va) paré un taxi. Se acababa la jornada callejil. Sólo restaba llegar a la redacción para hacer acto de presencia, fallecer en la silla e irme poco después. Con un manto rojiblanco sobre la cabeza, me subí al taxi.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a style="font-family: georgia;" href="http://www.elpais.com/articulo/deportes/fiesta/llega/Neptuno/elpepudep/20100513elpepudep_10/Tes"&gt;Y así fue cómo conocí el rojiblanco.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-9135706089908763454?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/9135706089908763454/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=9135706089908763454&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/9135706089908763454'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/9135706089908763454'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/05/como-conoci-el-rojiblanco.html' title='Cómo Conocí El Rojiblanco'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-3836247200732739767</id><published>2010-05-03T12:08:00.002+02:00</published><updated>2010-05-03T12:25:44.713+02:00</updated><title type='text'>La Filosofía, Irrenunciable</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Los trayectos suelen ser largos. No tienen una sola dirección ni un solo objetivo, sino que están compuestos, por suerte o por desgracia, por líneas que se entrecruzan, caminos que se bifurcan y curvas tan pronunciadas que te invitan a posar el cuerpo sobre el asfalto a riesgo de caer antes de completarla. Y todo, a miles de kilómetros por hora. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;En ese trayecto, sólo existe algo que debe ser irrenunciable. Puedes tomar la dirección equivocada, chocarte contra la pared al escoger y rascarte las rodillas y romperte el pantalón por inclinarte demasiado en las curvas. Pero hay algo que debe ser irrenunciable. La filosofía. Una filosofía. La tuya. La propia. La que debes dejar que te marque el camino, aunque tardes en entenderla y en saber si las decisiones que estás tomando son las correctas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Desde hace meses he renunciado a todo. Total, pensaba, ya vendrá. Y te echas sobre el césped a esperar, con el cielo abierto de par en par sobre tu cabeza mientras los coches y los autobuses pasan a tu lado trasladando a cada persona por su camino. Cada uno con su filosofía a cuestas o perdiéndola en cada gesto y en cada palabra. Pero no nos damos cuenta de que la perdemos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Suele haber un momento determinado en el que alguien te da un toque en el hombro para avisarte del desvío, de que tienes que decidir si sigues por el camino o coges la primera salida a la derecha. Cuando te avisan, el tiempo de reacción es corto, casi inexistente, porque sueles estar con la mirada en la carretera sólo atendiendo a los letreros azules que le dan denominación a la autopista. Eso sí, cuando te avisan del desvío, tienes un microsegundo que dura horas para tomar la decisión. Una decisión tan importante como difícil de tomar. La voz del GPS dice: "Toma la siguiente salida a la derecha o sigue recto".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y ahí es cuando decides que tu filosofía tiene que ser irrenunciable. Que si tienes que pasar por la estación de servicio a repostar, también puedes aprovechar para tomarte un café, leer un periódico y descansar el rato necesario. Siempre, claro, sin renunciar a la filosofía. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El otro día, el Barcelona quedaba eliminado por el Inter. En juego, más que un título y más que el fútbol en sí. Quedaban enfrentadas dos filosofías y uno de los dos tendría que renunciar a la más pura. Al final, vencieron las sombras. Unos se fueron al pozo sin pasar por caja y los otros se dieron en festín con los aspersores. Unos cayeron con su filosofía intacta y otros se ganaron el favor de los mediocres que no supieron luchar con sus armas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Yo perderé, seguro. Y me caeré al pozo. Puede que mañana mismo introduzca una de mis piernas en él y empiece a acomodarme al precipicio, pero lo haré sin renunciar a la filosofía. A la mía. A la que creo que tengo que seguir. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Quizás mañana, cuando vuelva a leer esto, ya sea uno más de los que coge el bus con la filosofía en la mochila y deje atrás los festines de los mediocres.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Por si acaso, deseadme suerte.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-3836247200732739767?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/3836247200732739767/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=3836247200732739767&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3836247200732739767'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3836247200732739767'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/05/la-filosofia-irrenunciable.html' title='La Filosofía, Irrenunciable'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-4235395453688912599</id><published>2010-04-19T12:16:00.002+02:00</published><updated>2010-04-19T12:37:03.850+02:00</updated><title type='text'>Lunes</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El que inventó los días, el calendario y las fechas cometió un error. Supongo que querría ser equitativo, ser bueno en el reparto, no dejar a nadie de lado. Pero no lo consiguió. Amigo inventor, el lunes se te ha quedado colgado. Es un día horrible que nadie respeta, nadie quiere y nunca escucharás a nadie decir: "Por fin es lunes". ¿Nadie? Para eso estoy yo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Resulta que todos los días tiene su 'aquel'. Veamos: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;- El martes: Es como la clase de gente que tiene la suerte de estar al lado de alguien muy odiado. Cuando alguien que tiene un amigo asqueroso, su personalidad se salva. El martes, al estar al lado del lunes, se salva de la quema. Además, hay partido de Champions, y eso influye.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;- El miércoles: Está en la mitad de los cinco días laborables y eso, quieras que no, da gustirrinín. Cuando llega sólo tienes que pensar que te quedan menos días de trabajo. Además, también tiene Champions.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;- El jueves: El alumno aventajado. No es nada especial. Podías odiarlo porque se interpone entre el alivio del "ya es miércoles" y el asco de "aún no es jueves", pero la sociedad, sobre todo la estudiantil, le ha dado un sentido. Y es que hay gente que piensa que los jueves son los nuevos viernes. Te permites el lujo de salir a tomar algo y acostarte tarde. Total, ya descansarás el viernes. El viernes...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;-El viernes: La joyita de la corona de los laborables. Es un día especial. Algunas empresas te permiten ir "casual", dejando atrás la soga de la corbata y la incomodidad de la americana, se suele trabajar menos y te acerca al precipicio del descanso, del fin de semana. El viernes es, sin duda, un día genial.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;-Sábado y domingo: Nada que decir. Fin de semana, descanso y no hacer nada. Gracias.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Pero... ¿el lunes? A las 11 de la noche de un domingo ya te estás cagando en él. Has pasado dos días de relax (o no relax) disfrutando de tu tiempo libre, de tus amigos, de tus cosas... y ahí está. Acechándonos. Como la puerta de Alcalá a la pobre Ana Belén. Viendo pasar el tiempo. Vuelve a empezar la semana, el trabajo... ¡y no hay fútbol! Bueno, ahora sí, pero se juegan partidos que no verías ni aunque te pagasen por ello (lo digo con conocimiento de causa).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Pues yo creo que el lunes es un día genial, ¿vale? Desde hace meses, los lunes no eran una vuelta a la rutina, sino el principio de mi descanso. Es lo que tiene trabajar los fines de semana. Mientras tus compañeros y tus amigos están desperezándose la mente para trabajar, tú estás tranquilo, en la cama, oyendo como la ciudad empieza a funcionar con horario de oficina para todos menos para ti. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Las circunstancias me llevaron a marcar los lunes en rojo en el calendario. Empezaban mis dos días de descanso. Además, por casualidades los llenaba siempre de canciones que me hacían invertir la mañana en eso. En nada. En música. En estar sentado en el sofá por la mañana con un café y leyendo lo que otros habían escrito para mí. Y era el momento de recuperar el contacto con lo que había perdido con el tiempo. Una tregua, supongo, que me concedía el mundo real.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ahora que he vuelto a trabajar algunos lunes, me he dado cuenta de lo geniales que pueden ser los días cuando los vives contra los demás. Ya no están llenos de canciones, ya no está presente el rojo en ellos y sólo significan, de nuevo, que empieza otra vez la torturadora semana. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Brindo, sin más, por los lunes (o lor lunes).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-4235395453688912599?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/4235395453688912599/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=4235395453688912599&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4235395453688912599'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4235395453688912599'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/04/lunes.html' title='Lunes'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-9103388598227811510</id><published>2010-04-13T00:36:00.008+02:00</published><updated>2010-04-13T03:27:13.863+02:00</updated><title type='text'>Martes 13 (Hoy Puede Ser Un Gran Día)</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;No soy muy fan de las fechas ni de los días señalados. Soy muy torpe para eso y siempre se me olvidan. Será por eso que nunca he tenido en cuenta lo de los números de la mala suerte, y lo digo porque nací un día 13. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;A todos nos marca algo. A mí, varias cosas. Mi nombre compuesto, mis apellidos, mi belleza arrebatadora y haber nacido un 13. Desde pequeño escuchaba a los demás hablar de ese número relacionándolo con la mala suerte. Incluso hay una película de terror, 'Viernes 13', que señala de nuevo mi número. Es un dorsal maldito en el fútbol, el reservado para los porteros suplentes, esos que nunca llegan a jugar. Supongo que tan malos augurios provenían de la cifra que, de manera inconsciente, siempre elegía otro como favorito. En el fútbol, por ejemplo, es el '6'. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Pero pensándolo bien, el 6 es par, redondo, aburrido, divisible por 3, por 2... no me gusta tanto ya. El 13, en cambio, es incómodo. Te hace restructurar una mesa en una celebración; no existen juegos de 13 cubiertos ni vajillas de 13 platos ni elementos enfocados a él. Está desestructurado, fuera de la realidad, fuera de las obligaciones sociales. 12 personas se pueden dividir en parejas; 13, no. Es la otra cara del 31, un número marginado por el calendario. Es, el 13, un número que no se espera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Pero estas cosas de la mala suerte están para romperlas. Mário Lobo Zagallo ya lo hizo. Era un jugador brasileño y llevaba el dorsal 13 pero por lo contrario, por la suerte. Los años de dos de los Mundiales que ganó con Brasil sumaban 13. En el 58, como jugador, y en el 94, como asistente de Parreira. Además ganó otro como jugador y otro como seleccionador. Vamos, que le dio la vuelta a esa chorrada del número. Como yo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Leyendo un poco sobre la historia de la fealdad legendaria del número (que no voy a explicar, para el que le interese le regalo este enlace a &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Martes_13"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Wikipedia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;), me doy cuenta de que todo viene de la mezcla insana de dos malas tradiciones. Así que el martes 13 es un mal día porque cuatro pirados de la historia han decidido unir tradiciones hasta acabar con el prestigio de los dos pobres inútiles. Así que lo siento, pero no voy a atender a esa gente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Para mí siempre ha sido un día especial el que hacía coincidir el martes con el 13. Y cuando ocurría en abril, mucho más. Esos eran los mejores cumpleaños. La gente me lanzaba miradas piadosas, abrían mucho los ojos al preguntarme si estaba bien, si no me importaba cumplir un día que estaba gafado por los siglos de los siglos que nos antecedían. Yo no respondía. Para qué, si estaba siendo un día cojonudo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Hoy es martes 13. Es mi cumpleaños. Qué cojones, hoy puede ser un gran día.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="480" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/0T1blhMd6iA&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/0T1blhMd6iA&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-9103388598227811510?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/9103388598227811510/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=9103388598227811510&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/9103388598227811510'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/9103388598227811510'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/04/martes-13-hoy-puede-ser-un-gran-dia.html' title='Martes 13 (Hoy Puede Ser Un Gran Día)'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-36353886388079960</id><published>2010-03-31T12:21:00.002+02:00</published><updated>2010-03-31T12:51:07.822+02:00</updated><title type='text'>Des·Mayo</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;"Yo me desmayo con mucha facilidad". En un café sin nombre, a la luz de lámparas que fingían ser velas encendidas que regalaba un ambiente relajado en medio del ajetreo capitalino y enfrentada a una cerveza en copa, me reiteraba su mayor habilidad en la vida. Tenía aquella virtud de desligarse del tiempo, desvirtuar la realidad que le cubría habitualmente y perderse en la inconsciencia del desmayo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Contaba que, en el aeropuerto de unas islas, el retraso anunciado por las pantallas planas de la terminal había hecho enloquecer al personal. Los viajeros potenciales se llevaban las manos a la cabeza y temían no poder volver ese día a su casa, expectantes por si la nueva hora fijada no se cumplía y se posponía de nuevo proponiéndoles una mayor espera en esos incómodos asientos que nos suelen ofrecer las puertas de embarque de esos crematorios de esperanzas que son los aeropuertos. Algunos se dejaban morir sobre el respaldo; otros se acomodaban en dos butacas y encogían las piernas en modo fetal, dispuestos a conciliar el sueño que habían perdido en cinco días de vacaciones con amaneceres en la playa; algunos exigían responsabilidades en la ventanilla de la compañía aérea; muchos se desesperaban en silencio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Ella no. Ella automatizaba su cuerpo, avisaba a los órganos vitales encargados de mantenerla con respiración que se iba a tomar una pausa. Las lecciones de anatomía del colegio le permitían conocer el proceso que la llevaba al desmayo, a la privación del sentido. El pistoletazo de salida se traducía en sudores fríos que empapaban la frente y un temblor de segundos en las manos. Seguía la pérdida de fuerza en las articulaciones. Las piernas, diseñadas con escuadra y cartabón, se tornaban de goma y los pies se cubrían de plástico para no dejarle mantener el equilibrio. Y se deslizó por la butaca hasta dar con sus huesos en el reluciente suelo de la terminal.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;"No sé cuánto tiempo pasó. Sólo me desperté y me vi rodeada de gente desconocida, de otras caras comunes y de dos personas uniformadas que me daban agua y me secaban la frente". "No lo hago a propósito, supongo que me superan algunas situaciones y la forma que tengo de protegerme es esa, como el erizo que da como cara sus pinchos. Yo, simplemente, dejo de existir, no para los demás, pero sí para mí misma".&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Mientras le daba un trago a la cerveza y mojaba sus labios después de hablar durante quince minutos sobre su habilidad, me di cuenta de la envidia que tenía. Muchas veces sería ideal dormirse durante un rato para no pasar determinadas situaciones, para escaparte del tiempo en épocas en las que lo que más cuesta es vivirlo. Ella perdía la referencia obligada del espacio tiempo y esparcía su cuerpo sobre cualquier superficie que quisiera retenerla. Como la silueta de un cadáver pintada con tiza. Sus rizos desentramaban los huecos del suelo, sus brazos perdían consistencia sobre el firme, con sus muñecas contorsionadas como alas de un ave que no sabe volar. El tronco se retorcía entre descargas de tensión y sus piernas, antes de escuadra y cartabón, regalaban formas imposibles para la geometría.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;Yo le dije que desmayarse era como morirse durante unos segundos, pero con cobardía, porque volvería a despertar siempre. Un quedarse a medio camino, una cobardía por no querer asumir que, quizás, quería quedarse en ese estado para siempre. "No es una elección, es una realidad". Levanté mi vaso, le di ahora yo un trago a la cerveza para enjuagar mi garganta, y percibí que la realidad en aquel café sin nombre me iba a dar una sorpresa. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;En ella empezaban los sudores fríos y la pérdida de consistencia de sus articulaciones, que se traducían en acordes hechos de golpes en aquella mesa redonda y coja. Y era en pleno mes de mayo.&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-36353886388079960?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/36353886388079960/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=36353886388079960&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/36353886388079960'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/36353886388079960'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/03/desmayo.html' title='Des·Mayo'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-7059123594688016267</id><published>2010-03-24T19:00:00.002+01:00</published><updated>2010-03-24T19:32:37.068+01:00</updated><title type='text'>Libertad Para Marwan (En Copropiedad)</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El Libertad 8, en la calle Libertad, barrio de Chueca. Ese local que encontré en Internet hace cuatro años, cuando la mesa de mi habitación de Vigo soportaba el peso de los apuntes de Procesal, pero que aguantaba por el aire de Madrid que ya le había anunciado un mensaje de texto. He tardado cuatro años en visitarlo en condiciones. Hasta ayer nos conocíamos de vista; un par de veces, una en un &lt;i&gt;conciertus interruptus&lt;/i&gt; y otra un día cualquiera tomando una cerveza.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Marwan, el cantautor que descubrí hace dos años, un día cualquiera, en mi habitación, por esos vínculos que unen a unos cantantes con otros. 'Meninos da rua' creo que fue la primera canción que escuché de él. Lo hice durante cuatro días casi ininterrumpidamente. Después, me puse a buscar más cosas de él. El &lt;i&gt;conciertus interruptus&lt;/i&gt; fue de él. Demasiada gente en un sitio demasiado pequeño. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Ayer se unieron los dos, el Libertad 8 y Marwan, fruto de un regalo, de una sorpresa, de una cita del pasado que quedaba pendiente con I.P. El concierto empezaba a las nueve y media, pero se retrasó hasta las diez. Estamos en España y se acepta, sobre todo cuando merece la pena. Los minutos previos, mucho calor, una cerveza que regalaba la entrada que se quedaba caliente y buena compañía y larga conversación. Aquella sala minúscula se iba abarrotando y los grados aumentaban al mismo paso que las gotas de sudor ya bañaban la frente. Pero se atenuaron las luces. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y empezó el concierto. Una guitarra y poco más. Y fuimos, palabra por palabra, corriendo en chándal hasta el próximo verano que nos esperaba como un adolescente, como ángeles que se preguntaban como decirte que nos quedábamos todos con carita de tontos después de escuchar las canciones. Al final, globos (¿?). En medio de todo, un chavalito que empezaba en ese mundillo y que parece que se va a quedar en poco más que un par de canciones ese día, una chica de ojos hipnotizadores que acompañó en un 'Para siempre' y luego se soltó por su cuenta, un calvo que nos prometía que las personas cambian y dos canarios que parecían salidos de la nueva trova cubana. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y yo, sentado, rompiéndome la espalda pero con una sonrisa en la cara. Y la pobre I.P. se creía que se sabía todas las canciones del pseudopalestino. Y en los descansos, peticiones de aumento de la paga a su madre, historias de su ex, frases a su psicólogo y algún detalle del porqué de todas esas canciones. Y se fue terminando. Poco a poco. Al mismo ritmo que la cerveza calentorra. Y se acabó. Y me quedé con los restos del paracaídas en la espalda soñando con un viaje a Argentina que él empezaba en una semana. Qué envidia. Y mientras, hoy llueve en Madrid. Otra vez. Maldita Espe.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y se quedó en el Libertad un concierto de Marwan en copropiedad y me traje a casa un disco blanco y sin la entrada que ya recuperaré. Porque sí, amiguitos, era mi primera vez. Y me gustó.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="500" height="405"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/XjQ7YWnp_vA&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;border=1"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/XjQ7YWnp_vA&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;border=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="500" height="405"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-7059123594688016267?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/7059123594688016267/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=7059123594688016267&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/7059123594688016267'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/7059123594688016267'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/03/libertad-para-marwan-en-copropiedad.html' title='Libertad Para Marwan (En Copropiedad)'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-2051074397258409154</id><published>2010-03-15T23:31:00.002+01:00</published><updated>2010-03-15T23:52:42.058+01:00</updated><title type='text'>Memoria Selectiva</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Como son las cosas. Empecé a escribir sobre un tema y cuando me he dado cuenta, me había desviado totalmente del origen y ya estaba hablando de otra cosa... Es lo que tiene la memoria, que es capaz de vincular imágenes que no tienen nada que ver. Asociación de ideas que son difíciles de explicar a otra persona porque, por mucho que lo intentes, no lo va a entender.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y me he dado cuenta de esa llamada memoria selectiva. Se supone que recordamos lo que queremos, lo que nos interesa, lo que nos va a servir algún día... Pues yo no. En serio. Y todo nace por culpa de El canto del Loco. Sí, ese grupo de música para tías esquizofrénicas con la cara pintada con los colores de la guerra; la guerra por a ver quién grita más. Todo por su maldita culpa. "Estados de ánimo". Pensaba en estados de ánimo con el fin de encauzar el post que estaba escribiendo. Lo tuve que dejar. De repente, me vi recordando que "El canto del Loco" tiene un disco que se llama así. No me preguntéis más; ni por qué lo sé ni qué canciones tiene ese disco ni la portada ni de qué año es. Nada, porque no lo sé. Sólo sé que existe y ya está. Me parece suficiente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Pues bien, me he dado cuenta de lo inútil que es mi memoria. ¿Para qué recordar el nombre de algo que ni conoces? Mira que tengo cosas que recordar y que me gustaría, pero nada. El Canto del Loco (es evidente que ni tengo claro cómo se escribe, cuál es mayúscula y cuál no). Es lo mismo que me pasaba en quinto o sexto de E.G.B. Me sabía algunas canciones de Alejandro Sanz y de Laura Pausini. Soy capaz de recordar mentalmente la de "Se fue" y la de "Se le apagó la luz". La razón, también desconocida. Juro que nunca he escuchado la canción solo; me refiero  a en mi habitación, con los cascos. En serio, lo juro, pero me la sé. Más o menos, pero sí. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y tirando del hilo de mi memoria, me reconocí en cuarto de E.G.B. Y me acordé de la chica que me gustaba y de cómo me armé de valor para decirle que me gustaba. Era mi compañera. Me giré, la miré, dije su nombre, se giró y le dije: "... ¿me dejas la goma de borrar?". Sí, ella nunca lo supo, pero recibió la mejor declaración de amor posible. Por lo menos la única que era posible para mí en ese momento. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y de la goma de borrar de aquella chica viajo hasta Gijón y su calle Corrida. Yo, en pantalón corto, lloro desconsolado al lado de una alcantarilla. ¿Qué pasaba? Que mi goma de borrar Milán, de esas que te daban ganas de morder (y que mordía) y a la que le había cogido DEMASIADO cariño por lo que intuyo, se había colado entre los barrotes de aquellas malvadas fauces. "¡¡Mi gomita!!", gritaba desconsolado. Y ese chillido me traslada al coche de mis padres, con la ventana abierta, el brazo por fuera y mi mano sujetando una visera. El coche acelera, no puedo retenerla y sale volando. El desconsuelo, el mismo. "¡¡Mi gorrita!!", volvía a vocifear mientras mis padres hacían lo posible por conseguir que me olvidase de tal desgracia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;La memoria selectiva me cubre y yo, delante del ordenador, soy incapaz de entender por qué sólo me lleva a episodios ridículos de mi vida en orden descendiente. Así que me sabía canciones de la Pausini y del señor Sanz, me declaraba a las chicas pidiendo utensilios de clase y gritaba cosas en diminutivo a las que les daba un valor claramente excesivo y fuera de lugar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Odio mi memoria selectiva. Y más al Canto del Loco, que todo esto es por su culpa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-2051074397258409154?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/2051074397258409154/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=2051074397258409154&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2051074397258409154'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/2051074397258409154'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/03/memoria-selectiva.html' title='Memoria Selectiva'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-5030521844773014740</id><published>2010-03-04T19:13:00.003+01:00</published><updated>2010-03-04T19:46:30.380+01:00</updated><title type='text'>Pause</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Coger el mando a distancia y darle al pause. Creo que no hay un invento mejor dentro de otro invento. El pause. Te estás meando y un hombre está a punto de resolver la trama, está a punto de devolverte el tiempo que has invertido en observar su vida de aproximadamente 90 minutos, está a punto de desvelarte el misterio. Pero tú te meas. Y es con intensidad. Con esa intensidad que no te permite despistes, porque un segundo de más significa algo así como vergonzoso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Recuerdo la vez que con más intensidad me he meado en mi vida. Me enfrentaba a cuatro largas y duras horas de examen de Derecho Romano. Llegué a la facultad con la sensación de tripa rota que suele acompañar a esos momentos, los malditos previos del examen, que más de un profesor se empeña en alargar durante segundos que se hacen eternos. Como soy precavido, lo primero que hice, con el programa de la asignatura en la mano como compañero, fue ir al baño. "No vaya a ser que luego...", pensé. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;El aula magna estaba repleta de cándidas almas que se enfrentaban al gran hueso de Derecho, a esa asignatura sin la que, se decía, no podías pasar un verano. Un taco de folios en blanco, sólo manchados por mi letra con las diez preguntas a desarrollar en esas eternas cuatro horas. El tiempo pasaba y la tinta de mi pilot se iba impregnando en el papel a la vez que yo expulsaba todos los conocimientos adquiridos (y ya olvidados) en tres meses y medio de vida monacal y opositoril. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Habían pasado casi tres horas y mis tremendas ganas de mear llamaban a la puerta de mi vejiga para preguntar si podían materializarse. Llevaba más de cuarenta minutos retorciéndome en el asiento de madera, cambiando de postura, buscando una que apretase poco esa maldita zona; llegué, incluso, a desabrocharme el pantalón en un último gesto de desesperación. Cuando las ganas ya habían formado ejército y se acumulaban ante la puerta del castillo con antorchas y gritos de "Te vas a mear, te vas a mear", cedí ante la presión. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Me levanté. El profesor (¡¡de Romano!! Repito: ¡¡de Romano!!) me miraba fijamente; admiraba mi caminar retorcido, mis piernas a lo Lina Morgan y mi botón que asomaba desabrochado en la bragueta. Su estupor se tradujo en un "¿qué quiere? Para responder a las preguntas ya me acerco yo a su sitio". "No, mire... sé que le va a parecer raro... necesito URGENTEMENTE ir al baño". Ante mis mayúsculas asintió con la cabeza. Yo, no contento con eso, le hice una proposición indecente: "Puede venir conmigo para ver que no copio...". Gracias, Mauro, eres más gilipollas de lo que pensabas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;En fin, que meé. Pensé que me torturaría, porque era el profesor ¡¡de Romano!! Repito: ¡¡de Romano!! Pero fue bueno, fue mejor que Cayo con Ticio (chiste de romano. Repito, de romano).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Como decía, que te estás meando y le puedes dar al pause. El hombre se queda congelado y espera gentilmente a que tú te tranquilices. Y sin pedirte nada a cambio. Luego retomas la posición, vuelves a tomar el mando, y permites al amable caballero que prosiga con sus avatares. Y quien dice mearse, dice recibir llamada de teléfono, sufrir una caída grave mientras intentas imitar la patada voladora que él acaba de hacer o recoger las palomitas que se te han caído por hacer el imbécil con ellas lanzándolas al aire a ver cuántas caen en tu boca.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Pero el botón de pause sólo existe en los vídeos (bueno, DVD, Blue ray, televisiones molonas de nueva generación o lo que sea). En la vida no tenemos ese botón de pause. Nos mintieron en el anuncio de Kit-Kat, es cierto, porque no existe un botón de pause.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Yo, si no os importa, voy a probar a darle al mío, que no tengo ganas de aguantaros ahora.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Yeva.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-5030521844773014740?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/5030521844773014740/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=5030521844773014740&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5030521844773014740'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/5030521844773014740'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/03/pause.html' title='Pause'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-8646332350715759590</id><published>2010-02-26T11:45:00.003+01:00</published><updated>2010-03-01T11:51:27.423+01:00</updated><title type='text'>Oportunismo</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;"Estaba en el lugar adecuado en el momento preciso". Frase que resume el oportunismo. Pero el oportunismo en el buen sentido de la palabra, claro. Yo llevo tiempo pensando que llego tarde a los sitios, que aparezco en ellos cuando ya no es oportuno, cuando se han ido las oportunidades a otro local. Carezco, pues, del oportunismo tan apreciado en los delanteros centro. El balón sale rechazado de mala manera y ellos, que se encontraban allí por una extraña mezcla de suerte, inercia de la carrera e intuición, se topan con el balón a sus pies para marcar. Por eso, los que tienen ese llamado "olfato de gol" cobran lo que cobran y cuestan lo que cuestan.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Yo sería un segundo punta que se abre espacios entre las defensas, tira buenos desmarques e incluso remata algún centro complicado de manera espectacular. Pero no tengo mucho gol, esa es la verdad. Cuando llego al área, estoy a veces tan fatigado de los esfuerzos previos (físicos y mentales) que o no llego al balón o llego pero lo remato con escasa fuerza ("más flojo que el pedo de un marica", que decía mi entrenador). Supongo que soy más de asistencias, de jugar para el equipo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y todo lo que tiene de virtud el oportunismo, lo tiene de defecto. Si bien "oportunismo" es aprovechar las oportunidades, también puede significar hacer mal uso de esa virtud. El aparecer en el lugar no ya porque estaba allí por casualidad, no, sino con la intención de hacerlo, conociendo que la oportunidad estaba ahí. Y claro, el oportunismo como defecto borra el toque de magia del delantero centro; el que ya sabía porque se lo habían dicho que el balón rebotaría en la pierna del defensa, saldría despedido hacia el punto de penalti y allí botaría de manera irregular, por lo que había que rematar con el empeine hacia abajo para que no se fuese alto el disparo no tiene el don especial. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Y las oportunidades no se pueden dejar pasar. "&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Que se hace o sucede en tiempo a propósito y cuando conviene", dice la RAE del adjetivo "oportuno" en su primera acepción. Y eso es lo que caracteriza a la oportunidad: que, cuando conviene por el tiempo en el que sucede, hay que aprovecharla.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Hace unos días me enteraba de que al final seguiré en Madrid. Lo de Galicia no salió. Se cerraba una oportunidad, pero se abren otras en la capital. Quizás no era oportuno que me fuese ahora, quizás no era esa mi oportunidad. A lo mejor, el oportunismo del ariete que remata en boca de gol esté reflejado en Madrid, en seis meses más en El País y en seguir exprimiendo la vida lejos de casa. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Quién sabe. Lo importante es que no hubo oportuni&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;dad. Quizás me la robó un oportunista de los malos, pero a lo mejor lo oportuno esté aquí, y no allí.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-8646332350715759590?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/8646332350715759590/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=8646332350715759590&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/8646332350715759590'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/8646332350715759590'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/02/oportunismo.html' title='Oportunismo'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-6884308334444607017</id><published>2010-02-19T12:14:00.007+01:00</published><updated>2010-02-25T10:42:31.351+01:00</updated><title type='text'>Los "Me Da Que Sí"</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;El conocimiento del mundo que tenemos alrededor se compone de varios elementos de juicio (bufff, vaya frasecita asquerosa para empezar...). Por lo general, atendemos a los sentidos para conocer lo que nos rodea. Con los ojos vemos qué tenemos alrededor, lo fea que es esa persona que te mira fijamente pensando que tú también eres extremadamente feo, nos guiamos por las calles, los utilizamos como cámara para retener imágenes en eso que se llama "memoria visual". Los ojos, imprescindibles.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Luego, los oídos, para escuchar, para conocer quién nos habla o lo que nos dice, comunicarnos después reproduciendo esas palabras que alguien ha decidido inventar y llamar al conjunto idioma por la boca; el tacto, con las manos para saber si algo es suave, rugoso, pringoso... y poder descartar las cosas por el mero hecho del asco que da tocarlas (prefiero no poner ejemplo de esto). Y luego las piernas, para trasladarnos y dejarse guiar por los ojos. Vamos, todo muy material y muy corporal.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Lo que pasa es que al juego este de la vida se le suman elementos que no se ven, que no se tocan, que no puedes agarrar. Siempre se ha hablado de "alma", como símbolo religioso o filosófico, aquel elemento "espiritual" (también, con significado religioso y sin él; hasta el derecho habla de un elemento espiritual en muchos casos) que, seguramente, sea lo que nos convierte definitivamente en seres humanos, por encima de los animales (bueno, conozco a bastantes &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://http://www.elpais.com/articulo/espana/Aznar/dice/piromano/Zapatero/puede/ser/jefe/bomberos/elpepuesp/20100218elpepunac_19/Tes"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;autoproclamados seres humanos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt; que estarían por debajo, pero bueno...).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Entramos dentro del terreno de lo que no se ve, de lo que se siente. Odio bastante, lo admito, a los que hablan de sí mismos como "intuitivos"; esa gente que se cree que por refrendar una vez un pensamiento sobre alguien ya tienen la verdad absoluta ganada para el resto de las veces. Pero, que carallo, es cierto que el campo de la intuición existe y es amplio. Yo no soy intuitivo, ni mucho menos, de hecho es probable que sea todo lo contrario: hasta que me la pego no intuyo ná. Pero esto tiene excepciones, y muchas de ellas se han dado en Madrid.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Como llegué nuevo y solo a una ciudad desconocida, a empezar una carrera nueva y después de una experiencia de odio intenso en la facultad de Derecho de Santiago, me propuse  a mí mismo no ceder ante las intuiciones malas. Yo soy así, de primeras sensaciones, de primeras impresiones; por suerte, sé cambiar, claro. En este caso, Madrid me ha regalado muchas cosas en el plano de lo que no se puede palpar con las manos, de lo que no recoge los sentidos. Desde personas que han aparecido en mi vida a lo largo de este tiempo (amores a primera vista con hombres vascos) hasta sensaciones de "esto lo voy a hacer porque me da que sí" que antes experimentaba poco. Dirán, los listos, que eso se llama madurar. No sé cómo se llama, pero Madrid me lo ha dado. Un grupo de acciones que se encuadran en ese ámbito de lo espiritual, donde caben &lt;a href="http://diariodeunguapo.blogspot.com/2008/06/casualidad.html"&gt;casualidades (con causa o sin ella)&lt;/a&gt;, la suerte, el destino y las carreteras que se van formando a tu paso (como los juegos de coches de antes, donde el horizonte no existía, sino que se iba "creando" cuando llegabas a él... ¿me explico?).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Y cuatro años después, con sensaciones así en la mochila, se presenta una bifurcación en el camino. Sabía que iba a llegar, pero pensé que lo haría más tarde y de otra manera, la verdad, cuando las circunstancias fuesen otras. Ahora, caba la posibilidad de que cambie de ciudad para aceptar un trabajo y volver a Galicia. Es una posibilidad que está ahí. La de volver... &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=ffRaOrgkNtk"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Volver, con la frente marchita las nieves del tiempo platearon mi sien...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Eso sí, si me voy, que no lo sé, que no depende de mí (bueno, o sí), le puedo agradecer a Madrid muchas cosas, sobre todo las que no se atan a lo corporal y se quedan en lo espiritual. Las veces que las intuiciones me guiaron, los amores homosexuales (joder, quien lea esto...), las veces que no me guiaba con los ojos ni con la cabeza, los "me da que sí..." que me llevaron a navegar por Puertos en medio de una ciudad sin mar pero que respiraba un río. Y, si me marcho, que no lo sé, que no depende de mí (bueno, o sí), guardaré en una de las muchas cajas que me lleve todo eso y lo guardaré para no perderlo, por si no vuelvo, o por si vuelvo, para que sigan conmigo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Unha aperta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-6884308334444607017?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/6884308334444607017/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=6884308334444607017&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/6884308334444607017'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/6884308334444607017'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/02/los-me-da-que-si.html' title='Los &quot;Me Da Que Sí&quot;'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-6266958416227208100</id><published>2010-02-06T02:37:00.010+01:00</published><updated>2010-02-06T18:54:12.168+01:00</updated><title type='text'>Fantasmas Del Pasado</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Enfiló la cuesta. Detrás quedaba la plaza de Cervantes. No había yonkis, ya no. Tampoco aquel kiosko en el que le preguntabas al señor: "Eh, ¿qué prefiere? ¿A Bustamante o a la Pataky?" y él contestaba "Mmmmmm... al Bustamante". La cuesta le dirigía los pasos y podía observar las huellas que él mismo había dejado años atrás. Huellas marcadas en la piedra. Se encontró, de frente, con la puerta. Asomó la cabeza al cristal y le abrieron.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/S22KpBZGSsI/AAAAAAAAAHw/KRr-Rop_yEs/s1600-h/DSC00031.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 300px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/S22KpBZGSsI/AAAAAAAAAHw/KRr-Rop_yEs/s400/DSC00031.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5435152762659031746" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Allí, sin más, una antigua damisela de pelo corto y reflejos lentos le reconocía con una sonrisa en la cara. "Ayyyyyy... hola, ¿qué tal te va la vida?". El cuerno sonó. Bajó de las escaleras un fantasma del pasado. "Creo que la última vez que nos vimos fue en la obra de teatro de mi primer año. Desde aquella vez te sigo de lejos". "Yo también a ti", pensó. Pero no lo dijo. Los fantasmas impresionan a las primeras de cambio. "Por aquí todo sigue igual, más o menos. Yo me iré y, en el futuro, ningún fantasma del pasado te recibirá con los brazos abiertos". A él se le &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;abrió un hueco en el pecho. "Ya... seré yo el que vuelva como el fantasma que nunca nadie conoció".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Observó los sillones, la sala, los pasillos, las nuevas fotos de todos los fantasmas con rostros que algún día habían posado para el objetivo. Ya ninguno de ellos vagaba por allí. Había cosas nuevas en el edificio, con el aire de siempre pero cambiado, con nuevos vientos de modernidad: pantallas planas, proyectores, mujeres... ay, omá.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;"Me voy, tengo más citas con más fantasmas". Abandonó el edificio al mismo tiempo que la puerta se cerraba tras de él. Su camino prosiguió por las mismas piedras &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;embaladas con papel de recuerdos. Ese día el sol había decidido salir y apartar todas las nubes para regalar una luz especial a la ciudad. En pleno Obradoiro, lanzaba sus rayos contra la Catedral, que se levantaba más majestuosa que nunca. Más, quizás, que en los años anteriores. Hacía tiempo que no pasaba por el pasado, que no lo paseaba y lo recorría con aires melancólicos sin libros y códigos odiosos debajo del brazo. La luz era la misma, pero distinta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/S22K3CrxztI/AAAAAAAAAH4/rDbshSEJLY4/s1600-h/DSC00033.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/S22K3CrxztI/AAAAAAAAAH4/rDbshSEJLY4/s400/DSC00033.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5435153003523985106" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;El Franco le guió. Pasaba por Dakar y por la biblioteca, llena de caras desconocidas que le habían sustituído en angustias vitales y académicas. La calle se hacía estrecha a su paso por las tiendas de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-family:georgia;" &gt;souvenirs&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt; y los cuerpos le cerraban el paso como si fuese un extranjero. Se paraba en los portales, en los soportales, en las columnas, en los edificios y en las piedras. Foto. Foto. Miradas de gente que no entendía el porqué de esas fotos. La entrada de la Alameda era una fauce enorme que se quería batir en duelo con él. Pero pasó. Prefería enfrentarse con la calle Senra, el McDonal's y las tiendas de la zona nueva. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/S22LKnPV9-I/AAAAAAAAAIA/ZfiB_Pn_qd8/s1600-h/DSC00035.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 300px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/S22LKnPV9-I/AAAAAAAAAIA/ZfiB_Pn_qd8/s400/DSC00035.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5435153339754346466" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/S22LjgPlaaI/AAAAAAAAAII/UUl4bXf_OMg/s1600-h/DSC00038.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 300px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/S22LjgPlaaI/AAAAAAAAAII/UUl4bXf_OMg/s400/DSC00038.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5435153767373040034" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Todo era lo mismo pero distinto. Ya no era igual. Pero las calles se reconocían por los edificios y por el aroma que desprendían las hojas de los manuales académicos, de las colonias de las chicas que iban a clase, de las que venían de la facultad y de las que ni pisaban las aulas pero habían quedado en la cafetería. A la izquierda, la cuesta del coño le hacía suspirar. "Coño, como costaba subir la puta cuesta". En la orilla, la plaza roja, que había perdido el color con el tiempo. Hoy el sol la teñía de un amarillo rancio. Tan rancio como la cafetería que hacía esquina o el taller de coches de la calle contigua. Por la Rúa Nova de Abaixo el tiempo pasaba delante de su cara y una ventana le decía adiós; con el gesto fruncido, le miraba a su paso. Una ventana que &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;conocía por dentro. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/S22L6GRKu1I/AAAAAAAAAIQ/LiyOE4Jwqt0/s1600-h/DSC00041.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 300px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/S22L6GRKu1I/AAAAAAAAAIQ/LiyOE4Jwqt0/s400/DSC00041.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5435154155537349458" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Las galerías, el Gasteiz, el Acme, la Academia de Rita, la antigua y la nueva. Y el Frankfurt. "¿Frankfurteamos?", le preguntaba un fantasma del pasado. "No, no tengo hambre ni tiempo, que he quedado".  "Ah, eso antes no era una excusa, amigo". Y el fantasma se escapaba dejando un rastro fino de mostaza. A sólo unos metros escasos, la plaza de Vigo le recordaba dónde había vivido por primera vez. Santiago de Chile. La calle que nunca recorrió solo. Y el Callejón de Derecho le devolvía los minutos que había perdido en él. Otro fantasma. "¿Tienes apuntes de Administrativo de este año?". "Lo siento pero no. Ahora tengo que ir a la fotocopiadora". &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;La facultad, edificio de sinuosas y horribles formas, le esperaba como siempre. Atenta a sus pasos. Se había pasado la vida juzgándolo pero ahora no tenía que rendirle cuentas. Ya no. Con un papel en una carpeta oficial que le decía que era libre, que las esposas les correspondían a otros y que los barrotes se limaban más fácilmente. Otro fantasma del pasado. "Quedamos en la biblioteca. Me vienes a buscar y nos vamos a casa, ¿vale?". "¿Y qué hacemos?". "Nos vamos a cenar". &lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un café después volvía tras sus pasos. La luz de antes había desaparecido. Las nubes habían recobrado el poder y ya no causaban el mismo efecto. Ya no había amarillo, sólo gris. Y otro fantasma del pasado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-6266958416227208100?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/6266958416227208100/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=6266958416227208100&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/6266958416227208100'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/6266958416227208100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/02/fantasmas-del-pasado.html' title='Fantasmas Del Pasado'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_edQLscbDWi4/S22KpBZGSsI/AAAAAAAAAHw/KRr-Rop_yEs/s72-c/DSC00031.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-4196729490605596153</id><published>2010-01-26T12:15:00.003+01:00</published><updated>2010-01-26T12:37:18.567+01:00</updated><title type='text'>El Estanco</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;"¿Dónde estará?". El cristal que separaba el mostrador de los clientes reflejaba la figura de Marina, que golpeaba con las llaves del estanco el cajón de las facturas que estaba medio abierto. Eran las doce del mediodía y la mañana había transcurrido tranquila. Como siempre, habían pasado ya Don Manuel ("Dos cartones de Ducados y uno de Chester, para la niña"), la señora que siempre apagaba su cigarro contra la cerradura de la puerta ("Una cajetilla de Coronas, por favor") y los jóvenes del colegio de al lado, que recurrían a la cajetilla de Marlboro cuando ningún alma caritativa les invitaba a un "pito".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Ya han pasado dos semanas". Marina fumaba dentro de su cubículo. Pensaba que era absurdo aplicar la ley anti tabaco en un estanco. Era como prohibir el consumo de calorías en una pastelería, o igual de irracional que prohibir la entrada de las ratas o los perros en el McDonal's. Desde las 7 de la mañana hasta las 12 se había terminado la media cajetilla que le quedaba del día siguiente. Atendía con desidia a los clientes, con un seco "¿Si?" y un "Tres veinte" y un "De ná". Luego seguía fumando mientras golpeaba con las llaves del estanco el cajón medio abierto de las facturas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"A lo mejor le ha pasado algo". A Marina siempre la visitaba a las 12:30 Gloria, su amiga y antigua vecina. Gloria era dueña de una mercería que había cerrado por la competencia y los pocos ingresos que generaba desde la apertura de un "chino" en la calle paralela. Ahora era asistenta por las mañanas y limpiaba una oficina a última hora de la tarde, unos trabajos que la habían sacado de un paro de casi un año y medio. Como trabajaba cerca y salía a esa hora, siempre se acercaba por el estanco para  fumarse un par de cigarros con Marina y después se iba a casa a preparar la comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¿No te parece raro que no venga?". Gloria y Marina se pasaban cerca de una hora hablando de sus desgracias, de sus hijos, de lo cafres que eran y de lo hartas que estaban de sus maridos, "esos sinvergüenzas", como les llamaban entre risas cómplices. Mientras, Marina atendía con más desdén aún a los clientes, a los que ya ni miraba a la cara, atenta a las palabras de Marina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Gloria:&lt;/span&gt; Seguro que me ha cambiado por otra. A veces soy demasiado desagradable, creo, y eso debe molestar, sobre todo a la gente joven.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Marina:&lt;/span&gt; No sé, a lo mejor se ha mudado.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Gloria: &lt;/span&gt;¿A estas alturas del año? Eso no es normal. ¿Que se ha ido de Madrid? Eso sí que puede ser, pero a otro barrio, lo dudo.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Marina:&lt;/span&gt; Pues será lo más probable. Bueno, o...&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Gloria: &lt;/span&gt;O... qué.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Marina:&lt;/span&gt; Que a lo mejor se ha unido a esos. Vamos, que ya no es de los nuestros.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Gloria: &lt;/span&gt;¿A qué esos? ¿De qué nuestros?&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Marina: &lt;/span&gt;Que a lo mejor es un acojonado. Ha empezado a hacer caso a eso de los pulmones, del cáncer, de las enfermedades, de las prohibiciones... y no ha sido capaz de seguir. En resumen, que se ha rajado.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Gloria: &lt;/span&gt;No me parece uno de los que se raje así, por ná. Me decepcionaría mucho, la verdad.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Marina: &lt;/span&gt;Ese chico tenía pinta de eso, de que podía flaquear en cualquier momento. Lo ha dejado.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Gloria: &lt;/span&gt;¿Estás segura?&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Marina:&lt;/span&gt; Segurísima.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Gloria: &lt;/span&gt;Cabrón.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-4196729490605596153?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/4196729490605596153/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=4196729490605596153&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4196729490605596153'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4196729490605596153'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/01/el-estanco.html' title='El Estanco'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-6658556379399974914</id><published>2010-01-15T19:55:00.004+01:00</published><updated>2010-01-15T20:06:31.074+01:00</updated><title type='text'>Tormenta De Verano</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Dice Quique González en una canción que una tormenta de verano es un segundo de un invierno entero. Supongo que será por la intensidad con la que cae durante ese tiempo, como si el mismísimo invierno le hubiese ganado la partida al verano y exigiese su derecho a mostrarse en su estación más opuesta. Esas tormentas siempre me han impresionado. Recuerdo algún verano que pasaba en la playa, en una casa a pocos metros del mar; a lo largo del mes de agosto siempre había un par de días en los que te levantabas con las nubes sobre la cabeza y el ambiente, gris y cargado, anunciaba que ese día era para estar en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde las ventanas, a las pocas horas, veías como las nubes se contraían y se removían como unas tripas enfermas para soltar aquel aguacero que entristecía el paisaje que, habitualmente, lo llenaban sombrillas y niños corriendo con toallas mojadas puestas como capas. Pero a mí me gustaba. Recuerdo estar en el salón de aquella casa alquilada viendo la tele, con la cabeza reposada sobre el regazo de mi madre, que me acariciaba el pelo mientras casi me quedaba dormido. Cuando miraba hacia la ventana, veía aquel chaparrón repentino, violento, que golpeaba los cristales y azotaba los tejados. Lo veía desde dentro, protegido del frío y el agua, y recuerdo una sensación increíble de serenidad, de calma. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Es cierto que, otras veces, ese mismo aguacero me cogía en plena playa, sentado, húmedo pero con la camiseta puesta porque empezaba a refrescar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, incluso, me cogió bañándome; es curioso, pero nunca disfruté tanto de un baño, ni del mar, y nunca el Atlántico estuvo a una temperatura tan cómoda como aquel día que llovió sobre el mar durante veinte eternos segundos. Solía dejar que me mojase aquella lluvia, porque era como llevarle la contraria al mundo, como decir que quieres ver nubes en verano y sol en invierno, que no estás de acuerdo con los órdenes establecidos. Quería mojarme, empaparme, sentir que me estaba dando un baño vestido en plena calle, y saltar en los charcos hundiendo las suelas de las sandalias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando lo hacía, retomaba la tranquilidad cuando volvía a casa, de nuevo en el sofá, en el regazo de mi padre, que me acariciaba la espalda y me decía "Mauro, estás temblando... debes haber cogido frío". No sé, yo creo que temblaba porque se acababan las vacaciones, las tormentas de verano y la playa diaria, pero nunca lo dije.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Y siempre me he preguntado por qué. ¿Qué pasa para que llueva así en verano? Supongo que el cielo tiene demasiadas cosas que aguantar, mucho en lo que pensar y muchas decisiones que tomar. Cada nube será un brote de estrés, un símbolo de sus dudas, de sus disconformidades, de sus contrariedades, y eso puede pasar también en verano. Es cierto que en otoño, esa época rara, y en invierno, con cierto aire desolador, parece más fácil acumular nubes; la primavera, época por excelencia de lluvias, supone una acumulación de todo el estrés pasado, el de el otoño, el del invierno y el del próximo verano, que supone muchos preparativos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, de vez en cuando, el cielo tiene que soltar lastre, y cuando pasa en verano se convierte en ese fenómeno natural que nos demuestra que, muchas veces, la realidad supera la ficción. Yo, para la próxima, ya tengo preparado una ventana, un sofá y un regazo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-6658556379399974914?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/6658556379399974914/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=6658556379399974914&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/6658556379399974914'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/6658556379399974914'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/01/dice-quique-gonzalez-en-una-cancion-que.html' title='Tormenta De Verano'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-1678938290941650509</id><published>2010-01-09T20:40:00.004+01:00</published><updated>2010-01-10T13:12:44.638+01:00</updated><title type='text'>La Fealdad De Imposible (El Origen)</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Imposible es una palabra horrible. Absolutamente devastadora. Es curiosa la fuerza que tienen los prefijos; este "in", que se adapta con una "m" como un camaleón ante la vecindad de la "p", trastoca los mejores planes para llevarlos al ámbito de lo irrealizable. Es, seguramente, la palabra más fea del diccionario, de nuestro idioma, y a pesar de su aspecto desagradable, está siempre muy presente en nuestro vocabulario. Quién no ha oído cómo alguien le decía que no lo intentase, que era "imposible", o que se olvidase porque era "imposible", o que era "imposible" que aprobara. Imposible. La más fea, pero la más presente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Imposible" es como la amiga fea de la tía buena. Siempre está ahí, molestando, haciendo de cordón de seguridad de su amiga, de la que tiene las cosas atractivas. Ella, conociendo su papel secundario, asume el rol y se dedica  a espantar moscones y borrachos, a poner la cara de borde y a ser el poli malo de la película. "Imposible" hace lo  mismo. A sabiendas de que es horrible, se coloca al lado de las mejores ideas para malgastarlas, para protegerlas de la diversión, para cubrirlas de demasiada realidad, que no siempre es real, por supuesto. Y es, también, desagradable, fea y arisca. Es una palabra con malos sentimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me explico cómo accedió "-posible" a unirse tan fríamente con "in". Es como esas parejas que ves desde fuera que son de conveniencia; típica relación de dos personas en la que sólo una pone de su parte y es tan evidente que da pena. O esos grupos de amigos en los que hay alguien de prestado, ese típico miembro del grupo que nadie entiende por qué, pero siempre está ahí, y todos se miran pensando "oye, yo no lo he llamado, ¿y tú?". Pues el prefijo con la raiz, igual. Supongo que "in" le prometería cosas increíbles: "Conmigo a tu lado serás más fuerte; yo te protegeré de los males y de los idealistas, que suelen ser gentuza de pelo largo y guitarras al hombro". Claro, seguramente, "-posible" estaba pasando una mala época, lo acababa de dejar con su anterior prefijo, "a", pero no encajaban y la gente no aceptaba que existiese algo aposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leía ayer en El País Digital (ejem...) que las personas que no están seguras de sí mismas son menos selectivas a la hora de escoger pareja. Es decir, que les vale todo o casi todo, no aspiran a mucho. A "posible" le pasó igual. Pensó que sin un prefijo con fuerza y carisma se resfriaría con más facilidad, la gente le podría abordar por la calle y obtener de ella todo lo que quisiesen, porque sin prefijo no tendría una buena defensa con la que defenderse negativamente. Además, "in" ya estaba en la vida de otras palabras compañeras: "mortal" se había vuelto "inmortal" y lo que tenía fin se había transformado en "interminable", "salvable" se había hecho "insalvable" y "correcto" había ganado fama de "incorrecto". Así que, impulsado por la envidia, esa cualidad que tienen todas las palabras y raices, por el instinto de reproducción, de supervivencia y de autocomplacencia, se juntó con el prefijo para ganar en notoriedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el paso del tiempo se dio cuenta de su error. Advirtió que había cerrado muchas posibilidades a la gente. Es cierto que tenía más presencia en el vocabulario, que había ganado peso porque, hasta no tener el prefijo, su significado se acercaba demasiado a la duda, a lo inquietante del no saber. "Es posible que lo haga...". Ahora, vestido con unos ropajes más fuertes, negaba las acciones a todo el mundo, ganándose la enemistad del resto de palabras, que ahora la veían como alguien cerrada a las demás, complicada en el trato y demasiado vehemente en sus formas. Se le endurecieron los rasgos y se le afeó el gesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se convirtió en la palabra más fea del diccionario.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-1678938290941650509?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/1678938290941650509/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=1678938290941650509&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/1678938290941650509'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/1678938290941650509'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2010/01/la-fealdad-de-imposible-el-origen.html' title='La Fealdad De Imposible (El Origen)'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-9180553445915798716</id><published>2009-12-30T22:32:00.002+01:00</published><updated>2009-12-30T23:02:10.132+01:00</updated><title type='text'>Chaíto</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Harto de todo, enfilé mi calle. Desde el portal comencé, con paso firme, el camino que me llevaba a enfrentarme a él. Tenía en mente todo lo que tenía que decirle, todo lo que me había parecido mal, lo que había incumplido y lo que me debía por haber sido tan injusto. Las frases se agolpaban debajo de la lengua como un ácido y me generaban un estado de éxtasis total que se reflejaba en mis ojos y, sobre todo, en mis cejas, que expresaban la rabia que guardaba cada una de las palabras que dispararía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué hasta la Plaza de los cubos, a la cervecería (casi) nueva que habían montado hace meses y en la que se adaptaban perfectamente al invierno madrileño construyendo una carpa con calefacción para combinar el término terraza con el de invierno, con el de lluvia y con el de frío. Él me esperaba sentado con una caña en la mesa y un plato con los restos de la piel del chorizo con pan que se había tomado. Con gafas de sol, aire desinteresado y una cazadora con la capucha bordeada con pelos de vete tú a saber qué animal sintético muerto. De piernas cruzadas, cigarro en el cenicero y los brazos posados sobre la mesa. Así me recibió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;"Ganas tenía de verte"&lt;/span&gt;, le solté así, de primeras. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;"Vergüenza debería de darte, traidor. Sólo quiero que me escuches, nada más. Que te quedes ahí calladito y me atiendas bien, porque no te lo voy a repetir"&lt;/span&gt;. Me senté, pedí una caña y encendí un cigarro, para estar empatado con él.&lt;span style="font-style: italic;"&gt; "Mira, esto no es lo que habíamos acordado; no por lo menos lo que yo esperaba que pasase según estaba todo. Y la culpa es tuya, yo a penas tengo responsabilidad de lo que ha pasado, ¿entiendes? Ya sé que los negocios son los negocios, pero tendrías que haber estado un poco más pendiente de mí, maldita sea. ¿Qué te crees? ¿Que puedes hacer lo que te venga en gana sin ningún tipo de responsabilidad?"&lt;/span&gt;. Él ni se inmutaba, mis palabras parecían no afectarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;"No has sido un buen compañero, tío. Te has llenado de promesas incumplidas los bolsillos, de buenas palabras y de imágenes que guardabas en mi mente. Pero al final todo ha sido mucho más complicado. Parecía que enero y febrero empezaban bien, pero ya en marzo me encontré con la primera contrariedad. Me enteraba de que no seguiría en el trabajo; vale que era algo que tenía en mente, pero me adelantaban mi salida un mes... Es cierto que en abril me lo solucionaste un poco y pude estar de vacaciones en mi casa, e incluso viajé al extranjero hasta principios de mayo, pero después... después qué, ¿eh?"&lt;/span&gt;. Él seguía sin inmutarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;"El resto de meses han sido complicados, joder. Me dejaste tirado durante dos meses en los que me estaba jugando mucho, pero tú ni te molestabas en darme una señal, una llamada, una palabra tranquilizadora. Y el negocio ese en el que me metiste durante dos meses... eso sí que fue una mierda. Yo no fui ahí para eso, esa no era mi misión, y tú lo sabías perfectamente, sabías que no iba para lo que me habían contratado. Por eso me fui antes, me retiré, a mí no me toma el pelo nadie, ¿de acuerdo? Joder, me he quedado sin tabaco, ¿me das uno?"&lt;/span&gt;. Echó mano de la cajetilla, me ofreció uno y, acto seguido, prendió  una cerilla y me lo encendió. Todo sin soltar una sola palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;"Lo que te decía, después de dejar el negocio aquel me volví a ver en la misma situación. Me hice un par de viajes para olvidarme de todo y que dejasen de perseguirme, pero no fue suficiente, volvía a estar sin nada entre las manos, sin nada que llevarme a la boca. En lo último que me has metido no está mal, estoy contento, pero necesito estabilidad. Por eso paso de ti. Hice mal en dejar al anterior; me lo encontré vestido de mendigo en una esquina y me dijo que había caído en el olvido, que sólo le recordaba de vez en cuando por el tema de las apuestas deportivas, pero que nadie le llamaba ya nunca. Yo sí que lo echo de menos, aunque sé que ahora es imposible que vuelva. Así que he econtrado uno nuevo con el que espero tener esa estabilidad en los negocios que tú me has negado. Has sido un mal agente, así que adiós"&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté de la silla, me terminé de pie la cerveza y le solté un billete de 5 euros para las dos cañas y, con desprecio, le dije que se quedase la vuelta. Me giré y volví sobre mis pasos. Había dicho todo lo que quería decir, quizás había desordenado el guión que tenía preparado desde hacía un par de horas, cuando duchándome había estructurado mi perorata con orden y concierto, pero daba igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí te quedas: "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Chaíto&lt;/span&gt;".&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-9180553445915798716?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/9180553445915798716/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=9180553445915798716&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/9180553445915798716'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/9180553445915798716'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/12/chaito.html' title='Chaíto'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-7771922640661690305</id><published>2009-12-19T22:01:00.003+01:00</published><updated>2009-12-19T22:33:35.840+01:00</updated><title type='text'>Justicia Poética</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Siempre recuerdo como una chica (la que ha sido la única) me respondía "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;porque me lo merezco&lt;/span&gt;". Fuese lo que fuese, sin importar si en la pregunta se incorporaba un elemento subjetivo o de azar. Daba igual, siempre apelaba al "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;me lo merezco&lt;/span&gt;". "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Qué tal el examen?&lt;/span&gt;" "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Bien, creo, pero tengo que aprobar, estudié mucho... me lo merezco&lt;/span&gt;". Es decir, no buscaba basar sus posibilidades de aprobar en el estudio, en la calidad del mismo, en su buen hacer ante el folio en blanco entre fórmulas farmacéuticas, sino que se apoyaba en el merecimiento, en los méritos previos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo entendí que esa era la famosa justicia poética. Si no puedes acudir a la justicia como elemento real de la sociedad, que se materializa en un conjunto de leyes y órganos que disponen qué es justo y qué no, puedes hacerlo a la otra. Es decir, yo me merezco que el 2010 sea bueno, me traiga buenas cosas, sea el año de recoger frutos sembrados en años anteriores. No puedo acudir delante de un juez a solicitar justicia en el caso de que no se cumpla porque no hay ley que me proteja, así que sólo puedo invocar a la justicia poética para que me guarde. "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Me lo merezco&lt;/span&gt;".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es cierto; me he pasado los úlitmos años cediendo tiempo y dinero (porque cobro poco) por las redacciones por las que he pasado, y ahora entiendo que me merezco, después del buen trabajo realizado, que me den la oportunidad para quedarme en un sitio en forma de contrato. Me parece justo que, en esta época de crisis, la justicia poetica me pague lo que me debe, porque muchas veces no ha hecho acto de presencia cuando la esperaba, la muy...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he informado (en Google, tampoco me herniado) sobre la justicia poética, y he encontrado esto:&lt;span style="font-style: italic;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Thomas Rymer acuñó la expresión “poetic justice” en su “The tragedies of the last age considered” (1678) para describir cómo una obra debería inspirar el comportamiento moral por medio del triunfo del bien sobre el mal. De manera que, aunque en la vida real no siempre se hace efectiva la verdadera justicia, en la literatura es posible conseguirla.&lt;/span&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;El triunfo del bien sobre el mal. El triunfo del merecimiento por los méritos. El triunfo de la mirada comprensiva que se diga a sí misma "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;sí, se lo merecía&lt;/span&gt;". El triunfo de la justicia poética sobre la injusticia vital. Como siempre, nos vienen reminicencias cristianas (incluso a los que nunca hemos sido partícipes de ellas...) sobre la recompensa de ser bueno, de hacer buenas acciones, de poner la otra mejilla y de no hacer a otro lo que no nos gustaría que nos hiciesen. Ser justos poéticamente con los demás, también, que nuestra mejor cara sea la que les mostremos. Pero siempre, casi sin excepción, con el fondo de la recompensa. "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Me lo merezco, no me quejé nunca y ellos lo saben&lt;/span&gt;".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hoy, hace unas horas, Guardiola no pudo más, se derrumbó. Supongo que se dio cuenta de que la justicia poética había actuado. Y derramó las lágrimas y, con ellas, su imagen de impenetrable por el éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que me he quedado esta tarde, desde la redacción, entre televisiones que retransmiten al Real Madrid, buscando razones por las que me pueda fallar la justicia poética... y no las encuentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sí, me lo merezco...&lt;/span&gt;".&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-7771922640661690305?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/7771922640661690305/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=7771922640661690305&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/7771922640661690305'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/7771922640661690305'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/12/justicia-poetica.html' title='Justicia Poética'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-1331439113529800242</id><published>2009-12-13T15:53:00.002+01:00</published><updated>2009-12-13T17:14:08.235+01:00</updated><title type='text'>Dígalo Otra Vez, 33...</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Siempre se dice eso de "segundas partes nunca fueron buenas", pero nunca lo creí. Me gustó, por ejemplo, "Ace Ventura 2", la de África, y siempre defendí la segunda parte de "Grease" (¿realmente estoy diciendo esto en serio? Fatal, Michelle Pfeiffer). Ayer por la noche tuve un reencuentro con el pasado, una de esas segundas partes que siempre son buenas. Quizás lo son por voluntad propia, más que por la realidad, pero son buenas y ya está.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay con gente, con grupos, con personas, que la fuerza te acompaña, te lleva y te arrastra como la resaca del mar en la orilla los días de viento. Es gente, grupos o personas que tienen un toque característico, que unidos por las circunstancias deciden juntarse por y para una misma idea. A mí me pasó eso con el 33, con mis compañeros de Universidad en Madrid. Después de una carrera que no me gustaba y unos compañeros de clase que se caracterizaban por el patetismo y el esperpento (mi primera imagen de la facultad  de Santiago es  mi entrada en el aula el primer día y ver como dos sinvergüenzas se dicen "Eh, tío, que estamos en la Uni" y se chocan las manos como simples americanos) me encontré con gente que, con excepciones, claro, se adaptaban más a mí, a mi forma de ser, de entender y de hablar. Por suerte, los he mantenido en el tiempo y en la distancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice la canción que la distancia es el olvido, pero en algunos casos la distancia es el recuerdo y si hay afinidad, pues la hay. Ayer, después de algún tiempo sin ver a muchos de ellos, todo volvió a ser lo mismo, lo de siempre. El color era desgastado, como si se tratase de una película antigua coloreada, y las voces, los abrazos y los besos tenían la intensidad de cuando eres pequeño. Faltaban algunos, unos que deberían estar y otros que mejor que no estuviesen (el caballero, por ejemplo), pero la imagen me llevaba a completar los huecos que dejaban en los corrillos que formábamos en los locales con un par de cervezas. Faltaba alguna brasileña, algunos canarios, algún madrileño biólogo y alguno que le gusta a Perro Muchacho, que soportaban estoicamente la imagen en el recuerdo, seguramente, sin saberlo, mientras se dedicaban a sus respectivas vidas. Pero yo, por lo menos, les eché de menos. El 33 es todos, y sin todos no hay 33.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue una noche más, normal, sin nada destacable. Un local sin cobertura, un karaoke sórdido, un par de canciones corales y un desayuno en San Ginés. Nada más, sólo eso. Así, en color de peli antigua coloreada. Pero de esas películas que ves una y otra vez y no te cansas. Y alguno se nos va, como la de las gafas rojas, que nos abandona por una Suramérica que le ofrece una oportunidad. Y yo, mientras, me quedaré sentado en la silla de la redacción pensando en qué hará en ese momento, como nos lo hizo pensar la brasileña que quería ver mundo o el canario que se fue a su isla para convertirse en un ídolo de masas. A esa, a la de las gafas rojas, a la que me roba en tabaco y me pide fuego, la veré en mi cabeza de vez en cuando si no está aquí. Pero ayer estaba y no se fue hasta que el reloj le obligó a huir. Y al japonés también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, entre gafas rojas, japoneses, actrices vestidas para la ocasión, sabios de barbas eternas, mostoleños con corbata, directores de cine homosexual, malavescos toreros fuamadores de puros, productores de televisión, canarias con alma de escritora, madrileñas documentadas y fauna variopinta pasó la noche. Una noche más. Al final, ya acostado, el médico me lo dijo claramente: "Dígalo otra vez: 33". Tosí, lo dije y me dormí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El grupo 33, lo que le importa a las gentes...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-1331439113529800242?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/1331439113529800242/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=1331439113529800242&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/1331439113529800242'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/1331439113529800242'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/12/digalo-otra-vez-33.html' title='Dígalo Otra Vez, 33...'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-6462246643192245071</id><published>2009-11-30T21:48:00.003+01:00</published><updated>2009-11-30T22:06:50.704+01:00</updated><title type='text'>Otra Vez</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Otra vez hace frío en Madrid. Pero mucho. Bueno, bastante. Desde hace dos semanas, más o menos, el tiempo ha empezado a cambiar e incluso a veces se atreve con amenazar con lluvia. Y caen dos gotas y para. Vamos, que no sabe llover bien Madrid. Y otra vez empieza a ser de noche muy pronto. A las seis ya necesitas andarte con ojo para no comerte una bolsa de basura mal apoyada en el suelo, un contenedor que te espera detrás de una esquina o un resto de post alimentación canina (manera fina, cursi, pedante y estúpida de decir una cagada).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra vez se puede llevar jersey, dos camisetas, un abrigo y una bufanda. Más que "se puede" es "se debe". Pero la ventaja de este frío castellano es que no te cala si te cubres. No es ese ambiente húmedo al que le da igual que lleves cinco capas de ropa; ese es mortal y, sobre todo, muy incómodo. Y otra vez la gente sale pertrechada con paraguas a la calle, como si les fuese a coger un chaparrón inesperado de unos... ¿cuatro segundos? Y otra vez más, el metro se llena de gente cuando las nubes amenazan un poco o cuando el frío incomoda el paseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y otra vez la Gran Vía se ilumina antes de tiempo. ¡Es 1 de diciembre! Que no, que estamos a 30 de noviembre y los niños no han tenido tiempo de ver bien los anuncios de la tele para saber qué muñeca choni o qué mierda rapera se van a pedir. Porque, otra vez, los juguetes tratan de inculcar una cultura barriobajera de "juanis" de instituto, con uñas pintadas de morado, pendientes en el labio y tatuajes en el omóplato. Que está bien si tienes una edad, pero predestinar a las niñas desde los 10 años debería ser delito. Y el rollo "hiphopero", lo mismo. Muy bien si te gusta esa música y si te crees que eres del Bronx por llevar una gorra ladeada, pero espera a tener al menos pelos en los sobacos (por los niños, lo digo, aunque hay mucha chica moderna que se deja pelos. O no).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y otra vez amenazan con regar las calles de villancicos por altavoces sin preguntar a la gente si les hace más feliz que sea Navidad dentro de un mes sólo por oir esos maquiavélicos sonidos. ¿Qué niños cantan esas canciones? Supongo que algunos alienados, de esos a los que sus padres llevan a castings para que salgan en la tele y terminen con la vida arruinada (tremendo el caso de Aarón Guerrero, el inefable Chechuuuuuuu, que aún le puteaban en la Universidad. Si eres un repollo con patas, mejor en la intimidad, y no en el supercombo "Médico de familia"- "Ana y los siete". Descanse en paz, pequeño príncipe).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y otra vez, aunque esto lleva un tiempo, nos señalan el otoño vendiendo castañas por la calle. Otra vez ese olor te recuerda que tienes hambre y que no tienes un horno guay ni tiempo suficiente para hacerlas tú, en tu casa, con tu gente (odio esa expresión de "tu/mi gente". La gente es la gente, el resto es o familia, o amigos o lo que sea, pero no mi gente, malditos). Y otra vez me tengo que tragar 23 días de diciembre hasta irme a Vigo. ¿Alguien sabe para qué sirven los días de diciembre que vienen antes del 21 o el 22? Para nada, llegas cansado a las fiestas. Propongo un mes de 30 noviembre seguido de un 2o de diciembre, para prepararte y que no te pillen las fiestas en bolas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vamos, que otra vez lo de siempre.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-6462246643192245071?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/6462246643192245071/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=6462246643192245071&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/6462246643192245071'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/6462246643192245071'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/11/otra-vez.html' title='Otra Vez'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-4922124354219946957</id><published>2009-11-25T02:40:00.002+01:00</published><updated>2009-11-25T03:03:43.209+01:00</updated><title type='text'>(No) Estoy Enfermo</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Esa es la verdad: (no) estoy enfermo. Claro, tengo que entrecomillar la negación, porque nunca se sabe. Puedo estarlo y no saberlo, no sentir aún la enfermedad claramente pero hay síntomas que me dicen que sí, que lo estoy. Frío, dolor de cabeza, pereza... pero eso lo puedo sentir otro día en el que, simplemente, estoy cansado. Pero no sé, hay algo que me dice que (no) estoy enfermo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre hay que partir de la base de que soy hipocondríaco. Enfermedad que veo, enfermedad que quiero. Recuerdo en el colegio que escuché que había mucha gente infectada con paperas. Yo enseguida me preocupé; me notaba la garganta inflamada y veía que mi cabeza se parecía cada vez más a una pera (qué queréis, era pequeño y poco sabía de aquella enfermedad). Peor fue con la varicela. Mi hermana la tuvo y yo, irremediáblemente, comencé a sentir picores por todo el cuerpo, a ver granitos donde no los había y a notarme con la temperatura alta. Caí, es cierto, pero tiempo después de mis síntomas, que no eran más que reflejos de mi hipocondría (o de mis pocas ganas de ir al colegio o de celos por ver como mi hermana era la que no iba y se quedaba en casa).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora la cosa ha empeorado porque ronda por el aire la temida (y glamourosa, que cojones) Gripe A. Tiene nivel, parece. Es la A; ni la B ni la C ni la D, no. Es la A, la primera, la más alta del ránking, la chula, la jefa de las gripes. Y yo, entre tanto infectado, no puedo hacerme a la idea de que no me haya seleccionado a mí para ser uno de sus portadores. ¿Qué le pasa conmigo? ¿Acaso no le gusto? Mira, Gripe A, tengo una mente para los negocios y un cuerpo para las enfermedades. Sé llevarlas bien, suelen estar cómodas en mí. Pregúntale al asma, nos conocemos desde que nací. Además, ese punto chic de que todos los futbolistas la tienen le da un toque de arrogancia. Se va contra los que tienen pasta, contra los millonetis, es una enfermedad bolchevique. Vale, es cierto que personas de otros estratos sociales también la han padecido (cobrándose algunas muertes, también es verdad...), pero es que en toda revolución hay los llamados "daños colaterales": víctimas de unas ideas que deben sufrir para obtener un fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero me da, sinceramente, que (no) estoy enfermo. (No) mucho, por lo menos, y (no) de Gripe A. Será cualquier cosa producto de mis extraños horarios, de mi habitual insomnio, de mi manía de madrugar aunque duerma mal y no tenga nada importante que hacer. Esas cosas se aglutinan en el cuerpo y luego te dejan un poco cansado, pero (no) enfermo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lamento todo esto porque mi relación con las enfermedades es genial. De pequeño, por culpa del asma, faltaba mucho a clase. Siempre cogía un resfriado si me mojaba, tenía fiebre si dormía mal... no sé, cosas guays. Pero mi cuerpo debe haberse cansado de estas tonterías o al fin se habrá adaptado al medio, 28 años después. También es posible que, al fin, sea un hombretón duro al que no le afectan las enfermedades, ni siquiera las de moda que molan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues eso, que (no), que (no) estoy enfermo, no se preocupar. Eso sí, me voy a tomar una pastillita pero ya, por si las moscas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-4922124354219946957?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/4922124354219946957/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=4922124354219946957&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4922124354219946957'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/4922124354219946957'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/11/no-estoy-enfermo.html' title='(No) Estoy Enfermo'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-1687204893634126823</id><published>2009-11-17T12:40:00.003+01:00</published><updated>2009-11-17T13:17:33.954+01:00</updated><title type='text'>Historias De Metro (Y Medio)</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Si hay algo característico de las grandes ciudades es el metro, ese gusano de acero que recorre el subsuelo para dejarte en la otra punta de la ciudad en un tiempo que por el exterior sería inimaginable. Dicen que Madrid tiene una de las mejores redes de metro del mundo (o de Europa, no sé), pero para mí ese maldito gusano tiene algo que destaca por encima de todo: las historias. La verdad es que te pueden pasar mil cosas en él y puedes ver a otras tantas personas extrañas que lo habitan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí ya he escrito algunas de ellas, algunas más &lt;a href="http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/01/y-si-fuera.html"&gt;oníricas&lt;/a&gt;, otras más &lt;a href="http://diariodeunguapo.blogspot.com/2008/12/desde-el-ncleo.html"&gt;"metafóricas"&lt;/a&gt;, pero que poco tenían que ver con la realidad del día a día. Borrachos, yonkis, mendigos, sordomudos disfrazados u hombres de negro. Todos ellos conviven en un universo paralelo bajo el asfalto, cerca de las profundidades. Gente que sólo te puedes encontrar en el metro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Negra sombra por compasión&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="text-decoration: underline;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/01/y-si-fuera.html"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Son muchos los que piden por los vagones. Alternan su paso por ellos según el número de paradas. Invierten los segundos que dura el viaje de una parada a otra para tratar de recaudar dinero, ya sea mediante música, pena o silencio. Yo no suelo dar dinero a la gente que pide en el metro. Sí más a los que tocan en los pasillos, pero no a los que se dedican a convertir el vagón en su escenario particular. No lo hago por dos razones: la primera, casi siempre me molestan, ya sea cuando leo o cuando escojo la música que quiero escuchar, no la que me imponen ellos con sus pequeños amplificadores; la segunda, a veces me escondo detrás de ese cinismo barato del "es que si le doy a uno, le tengo que dar a todos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando simplemente piden me lo pienso más. Me refiero a que soy más reacio a sacar mis monedas de la cartera. No sé por qué, quizás es que lo de ser buena persona no se me da bien. Pero a todo esto hay una excepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue hace un año como mínimo. Yo estaba apoyado sobre la puerta (la del lado que no se abre) mirando hacia el resto del vagón mientras escuchaba música. El metro se paró, abrió sus fauces, y por ellas entró un personaje diminuto, pequeño, débil, ínfimo. Iba mal vestido y algo sucio, con la ropa deshilachada y desprendiendo un olor a llevar horas recorriendo el subsuelo o las propias calles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las puertas se cerraron y, en cuanto empezó el movimiento, aquel hombrecillo pidió un minuto de nuestra atención:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Señores, señoras, no querría molestarles, pero voy a recitar un poema". Ante esta declaración de intenciones, le di al stop y le presté atención. ¿Con qué nos deleitaría? ¿Un Bécquer cursi y manido? ¿Apostaría por algo más moderno? ¿Se arriesgaría con un extranjero? Antes de empezar, hizo una breve presentación: "Bueno, el poema es uno que me gusta mucho, y es de Rosalía de Castro". ¡Claro! Aquel acento le había delatado; era gallego y, buscando entre sus raíces, pensó que qué mejor manera de obtener un poco de dinero que recitando a la poeta compostelana. Y, sin más, empezó a recitar. Lo hacía en bajito, mirando al suelo, como un niño que se levanta delante de toda la clase para dar la lección ante la atónita mirada de sus compañeros. Y, así, empezó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="pn-normal"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-family:arial;" class="pn-normal" &gt;Cando penso que te fuches,&lt;br /&gt;negra sombra que me asombras,&lt;br /&gt;ó pé dos meus cabezales&lt;br /&gt;tornas facéndome mofa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cando maxino que es ida,&lt;br /&gt;no mesmo sol te me amostras,&lt;br /&gt;i eres a estrela que brila,&lt;br /&gt;i eres o vento que zoa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="pn-normal"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Mi alma gallega se resquebrajó, no podía ser inmune a aquello, a aquel ser ínfimo con voz de pito que recitaba por completo el poema de Rosalía. La negra sombra me asombró. Saqué mi cartera y, nada más terminar, me acerqué a él, le di las gracias por el poema y unas monedas. Ay, ese día me sentí gallego, amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Halloween en mute&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las últimas historias me pasó hace muy poco, el 1 de noviembre, con la celebración de Halloween en pleno metro. Era la una y media de la mañana de un sábado y yo salía de trabajar con el diario de El País del día siguiente bajo el brazo. En el metro conseguí un asiento y, entre el alboroto de los disfraces, me puse a leer en plan intelectual la edición de un periódico que no había salido aún a la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cada estación, mientras nos acercábamos a Gran Vía, se subían más y más gente disfrazada y medio borracha gritando, cantando y comunicándose con los otros enmascarados mediante sonidos guturales (dos cosas sobre esto: en Madrid está prohibido beber en la calle; en el metro, te puedes llevar un bar montado que no pasa nada. La otra, que Halloween, además de una americanada, es una fiesta en el que los tíos se disfrazan para ser más feos y las tías para enseñar el máximo escote que puedan. De vampiresa, sí, pero que cobro por ello...). Sólo había un grupo cuyos sonidos guturales eran más constantes. Alcé la vista y empecé a fijarme en ellos. Era un grupo de mudos (sordos también, supongo), jóvenes y disfrazados para la ocasión. Vasos de plástico en la mano con licores espirituales y haciéndose coñas entre ellos. Pero todo en un medio silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las jóvenes (porque eran muuuuy jóvenes) me miró. Me llamó con gestos y con garganteos y al final decidió echar su mano, maquillada de blanco, sobre mi periódico. Ahí empezó una conversación por signos. Ella me decía que le parecía muy bien que, mientras los demás bebían y se lo pasaban bien, yo me hiciese el intelectual con cara de gilipollas leyendo el periódico. Yo, por señas, le contesté que estaba cansado y que me iba a casa a dormir. Ella, pizpireta, me contestó que se iban de fiesta, que iban a beber y que lo de dormir no lo contemplaban. Yo le sonreí y le dije, de nuevo por señas (soy mejor de lo que creía) que me parecía muy bien, pero que yo estaba taaaan cansado que sólo quería dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó Gran Vía y nos bajamos todos. Los sordos, los mudos, el que va de intelectual, los gañanes maquillados y las vampiresas a sueldo rollo Montera.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-1687204893634126823?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/1687204893634126823/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=1687204893634126823&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/1687204893634126823'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/1687204893634126823'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/11/historias-de-metro-y-medio.html' title='Historias De Metro (Y Medio)'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-88649576849199702</id><published>2009-11-11T11:36:00.002+01:00</published><updated>2009-11-11T12:06:02.613+01:00</updated><title type='text'>15 Minutos</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;15 fueron los minutos de fama que Warhol decidió concedernos. Un cuarto de hora en el que nos correspondería el reconocimiento o el conocimiento, en el que los focos las cámaras y los mirones se centrarían en nosotros; 15 minutos en los que seríamos el centro de atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer, a la hora de comer, los informativos correspondían las palabras de Warhol con imágenes de los jugadores del Alcorcón recorriendo el paseo que les llevaba a los campos de entrenamiento, su carreras continuas por una pista de atletismo al lado de los estudiantes de un instituto. Es cierto que hace dos semanas ocurrió algo similar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero, en la previa del partido, la actualidad se desplazó hasta la ciudad dormitorio del sur de Madrid para entrevistar a algunos de los miembros anónimos de aquella plantilla; de ellos, sólo Borja, un delantero acostumbrado a meterle goles al Real Madrid en este tipo de lances, y Juanma, ex portero de Atlético de Madrid y Numancia, habían copado ya su derecho a que sus nombres fuesen algo más que un común. El resto, con las sonrisas de los que se saben vistos por sus familias, enseñaban las instalaciones del club, los vestuarios, el campo y el aparcamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Aquí es donde firmamos todos los autógrafos", decía uno irónicamente. "Bueno, a lo mejor a partir de esta noche, sí". Y la predicción se hizo realidad; horas después, un equipo menor, semi profesional, vapuleaba a otro que había invertido meses atrás más de 200 millones en contratar a jugadores menos, mucho menos, anónimos. Un 4-0 que quedaba, pasase lo que pasase, en los anales de la historia, gloriosa del Alcorcón, vergonzante del Real Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante las dos semanas que siguieron hasta el partido de vuelta, las portadas que coparon se convirtieron en breves, en pequeñas informaciones que se sujetaban como podían entre las páginas de los diarios deportivos. Ellos sabían que su hazaña inicial se había comido, más o menos, la mitad del tiempo que les correspondía como dueños de la fama. El resto, los otros 7 minutos y medio, esperaban un martes a las 8 de la tarde en el Santiago Bernabeu delante de 80.000 personas y miles de millones en fichas, presupuesto e inversiones varias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el mismo informativo en el que aparecían los del Alcorcón caminando hacia su entrenamiento, decían: "...recibiendo la atención que quizás nunca vuelvan a recibir". Vamos, que se sentenciaba ya que el cupón de los minutos de fama se invertirían en su totalidad esa misma tarde, en el cesped del estadio del Real Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y llegó la hora del partido. Y los minutos pasaron a distintas velocidades; para la afición blanca, con una rapidez desmesurada, como una máquina que devora esperanzas; para los de Alcorcón (los de allí y los que lo apoyaban), despacio y con las apreturas del que no ve llegar el fin de mes. El silbato del árbitro se disparaba entre las gradas transformado en la señal de que el final del partido había llegado. Un final que significaba el aterrizaje de los jugadores del Alcorcón hasta la meta, exhaustos pero con un derecho a renovar el ticket de la fama, al menos otros quince minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leía hace poco que el Alcorcón era como Beckham; el inglés, decían, no era rápido ni fuerte ni regateaba ni defendía, pero con trabajo y confianza en sus posibilidades había llegado hasta donde pocos lo han conseguido. El Alcorcón, en 120 minutos de fútbol, se había convertido en uno más de esos que consiguen una hazaña que se recuperará con el tiempo y los nombres de muchos de ellos quedarán guardados con honores entre páginas de periódicos muertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También decían que eso, por suerte, sólo puede pasar en el fútbol. Es inimaginable ver a la selección de España de rugby dándole una paliza a la de Nueva Zelanda y es difícil pensar que Federer o Nadal pudiesen salir derrotados ante un semi profesional. Pero en el fútbol, por suerte, todo es posible, incluso que un equipo dos categorías inferior y de régimen no profesional le pinte la cara a un histórico repleto de estrellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que Warhol debió pensar que hay algunos que, después de los 15 minutos dichosos, amplía su estatus unos cuantos más, y a saber cuántos. Quizás los amplíen en el Camp Nou, vaya usted a saber, señor Andy.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-88649576849199702?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/88649576849199702/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=88649576849199702&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/88649576849199702'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/88649576849199702'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/11/15-minutos.html' title='15 Minutos'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-555237635884760670</id><published>2009-11-05T11:37:00.002+01:00</published><updated>2009-11-05T12:11:12.723+01:00</updated><title type='text'>Tuve Un Flash (Y Era Forward)</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Delante de la carnicería. Sí, allí mismo, sin entender ni cómo ni por qué, me desmayé. Sé que no es el mejor sitio para desmayarse, delante de la puerta de esa orgía cárnica, de trozos de cerdo y vaca degollados y con la piel arrancada al son del ruido de las máquinas, pero uno no elige dónde se desmaya, amigos. Delante justo de la puerta, al subir el escalón que divide la propiedad pública de la privada, me desparramé. Primero, mi cuerpo se ladeó y se estrelló contra la pared y después descendí pegado a ella, frotándola como si la limpiase de impurezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo recuerdo posar el pie en aquel escalón. A partir de ahí, oscuridad durante unos segundos. Después, una imagen borrosa que ganaba claridad y se enfocaba poco a poco. Me veía a mí en mi habitación. Era de día y las ventanas del colegio que tengo enfrente con cristales traslúcidos dejaban entrever las figuras de niños con mandilones que pedían el turno de palabra levantando la mano (podía identificar, incluso, como uno de ellos mantenía el brazo en alto sujetándolo por el codo con la mano del otro brazo mientras su cabeza reposaba en el pequeño y poco desarrollado bíceps). El sonido era el de una mañana cualquiera; las voces de esos mismos niños y los de la clase de al lado, los motores lejanos de motos y coches que circulaban por los alrededores y que, de vez en cuando, se hacían estremecedores al paso por Tutor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cama, deshecha y con la ropa del día anterior encima de la cama, guardaba entre las arrugas de las sábanas las huellas de la noche anterior. La mesa, casi vacía, soportaba en un lateral el flexo, inclinado para realizar su función de "luz de mesilla", un par de papeles con mi número de cuenta, un libro aún por terminar y la carpeta llena de apuntes de otros años. Además, más centrados, el móvil, el reloj y el cable USB del Mp3 al lado de la taza de café del desayuno daban a la mesa un aire de desorden mañanero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La siguiente imagen me mostraba a mí delante del ordenador. Yo, con un pantalón de chándal Umbro del equipo del colegio y una camiseta de manga corta. En el cuerpo, una extraña sensación de frío agradable, un frío que avisaba que, por fin, llegaba el otoño a Madrid. Mi cara se reflejaba sobre la pantalla del ordenador; se podían intuír las ojeras, los labios secos y el pelo alborotado (como una chica yeyé o un loco transtornado con ganas de matar, imagen a elegir).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis manos pulsaban compulsivamente el teclado del ordenador. Impreso en la pantalla, el editor de textos del blog y un título: "Tuve Un Flash (Y Era Forward)". Los cascos conectados al pc y música sonando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después me desperté y me vi rodeado de gente. Sus cabezas se inclinaban sobre mí: "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Estás bien?&lt;/span&gt;", preguntaban. Yo me levanté como avergonzado, como cuando te tropiezas por la calle y estás a punto de destrozarte la cara contra la acera. Erguido y recuperando la poca dignidad y la compostura, les miré directamente a los ojos a todos aquellos que se habían reunido a mí alrededor y grité: "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Os ha pasado, verdad? Dios mío, os ha pasado fijo&lt;/span&gt;". "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;A ti, y a ti, y a ti...&lt;/span&gt;", sentenciaba con mi dedo índice y acusador a los transehuntes atónitos. "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Acabo de ver el futuro. ¿Cuánto tiempo he estado desmayado?&lt;/span&gt;". "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Unos dos minutos&lt;/span&gt;", contestó una voz. "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Joder, esto es increíble. Está bien, vamos a hacer una cosa: vamos a contar lo que hemos visto cada uno de nosotros en ese desmayo colectivo y conseguiremos descifrar este misterioso misterio&lt;/span&gt;".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Eeeeeeeh, chaval, que tú has sido el único que se ha desmayado. Falta de azucar, demasiadas drogas, afeminamiento... vete tú a saber la razón, pero eres tú el único que se ha desmayado&lt;/span&gt;", me dijo un tío con pinta de tendero. El carnicero, mi carnicero habitual, el que me vende la "ternerita de buena calidad" y las "hamburguesas buenas, buenas y caseras", esas que "no encuentras en los supermercados", saltó en mi defensa: "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Falta de nutrición no es, que el chico viene por aquí y compra carne de la buena, buena&lt;/span&gt;". "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Y mucho embutido, del bueno, bueno, también&lt;/span&gt;", aseguraba su compañero, el que sirve los quesos, jamones, chorizos y demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Y qué futuro has visto?&lt;/span&gt;", preguntó una anciana con un carro de la compra al lado. "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No sé, señora. Estaba en mi habitación, escribiendo algo, creo que iba sobre que había visto el futuro&lt;/span&gt;". "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ah... ¿seguro que no tomas drogas?&lt;/span&gt;", respondió la cotilla de la señora. "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No puedo ser el único del mundo que haya sufrido esto. Estoy seguro que en algún lugar, miles de personas han perdido el conocimiento y ahora están igual de perdidas que yo&lt;/span&gt;". "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Muy perdido se te ve, muy, pero que muy perdido, chico...&lt;/span&gt;", inquirió un hombre con vello que le poblaba las fosas nasales y los oídos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡¡Déjenme en paz!!&lt;/span&gt;". Aparté a la masa cotilla que se había acumulado y me fui medio cojeando y con ganas de llegar a mi casa. El camino fue eterno, recordando, recortando y pegando las imágenes. Cuando llegué a mi habitación, abrí el ordenador y me puse a escribir en el blog. El título: "&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Tuve Un Flash (Y Era Forward)".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-555237635884760670?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/555237635884760670/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=555237635884760670&amp;isPopup=true' title='49 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/555237635884760670'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/555237635884760670'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/11/tuve-un-flash-y-era-forward.html' title='Tuve Un Flash (Y Era Forward)'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>49</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-9171821329593069585</id><published>2009-11-03T11:26:00.002+01:00</published><updated>2009-11-03T11:56:27.150+01:00</updated><title type='text'>Verbos Copulativos</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Él se dio cuenta de que los verbos copulativos se habían apoderado de su vida. El primer día que se percató fue cuando escuchó a un extranjero decir: "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Yo soy muy contento aquí&lt;/span&gt;". Acto seguido, después de lo chirriante que le resultó aquella construcción, se paró a analizarla durante algunos minutos. Aquel personajillo pelirrojo y de mejillas sonrosadas que degustaba una pinta en aquel irlandés le había abierto una nueva dimensión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se preguntó: "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Estoy contento? Y lo más importante, ¿soy contento?&lt;/span&gt;". A su pregunta no encontró respuesta, más que nada porque la había formulado mentalmente mientras apuraba un cigarro al son de las conversaciones de sus amigos; el problema era que él tampoco era capaz de contestarse a sí mismo. Para facilitarse las cosas (él era así, se hacía trampas a él mismo para caer en la autocomplacencia), modificó la frase. "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Estoy feliz? ¿Soy feliz?&lt;/span&gt;".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ambas preguntas respondió que sí: estaba feliz en ese momento, reunido con sus mejores amigos viendo pasar a chicas Erasmus disfrazadas para aquella noche; y era feliz, en general, tenía todo lo que podía querer, por lo menos de momento. Así que, resuelto el segundo dilema, volvió con el primero. "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Soy contento?&lt;/span&gt;". Que estaba contento era evidente, porque existía una vinculación directa entre la felicidad en la que estaba y lo contento. Pero, ¿lo era? ¿Qué significaba ser contento? Nada, se respondió a sí mismo para integrarse de nuevo en el grupo y dejar de pensar tonterías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no paró ahí. Algo le decía que no era contento. Que lo estaba, pero que no lo era. Y surgió, desde algún lugar profundo y oscuro, la convicción de que tampoco era feliz. Y la razón la encontró en aquellos verbos. Se dio cuenta de la gran diferencia entre "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ser&lt;/span&gt;" y "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;estar&lt;/span&gt;". Rápidamente le vino a la cabeza el nombre de aquella chica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuatro meses habían pasado desde que la conoció; cuatro meses en los que habían estado "juntos". Sí, él entrecomillaba aquel estado. Cuando alguien le preguntaba por ella, él respondía con evasivas, como si hablase de una extraña, ni siquiera de una amiga. No le apetecía definir absolutamente nada: novios, pareja, salir con, estar con... En ese instante cayó en la cuenta: quería estar. Simple y llanamente, estar. Nada más y nada menos que estar. Pero ella quería ser. Ser todo y serlo para todo. Ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La disyuntiva verbal que se le presentaba le aclaraba el panorama. Los verbos se separaban y definían más aquella indecisión. El "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;estar&lt;/span&gt;" no conllevaba gran cosa en ese caso, simplemente el actuar en determinados momentos. El "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ser&lt;/span&gt;" sí que tenía repercusiones más profundas, anhelos de algo, pretensiones que a él se le escapaban de las manos. En ese momento, recordó que esos verbos se llamaban verbos copulativos. Copulativos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De latín "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;copula&lt;/span&gt;", que significaba "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;unión&lt;/span&gt;", "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;lazo&lt;/span&gt;". Él veía la unión, qué remedio le quedaba, pero le agobiaba el lazo. Y que existiese cópula no tenía por qué significar que se tuviesen que unir sus sintagmas nominales y verbales a través de aquel lazo. Simplemente quería buscar oraciones sin sentido, sin mucho significado, que no tuviesen peso específico de por sí, sino juntándolas todas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más verbos copulativos que se vinculaban en su memoria. "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Recordad, niños, los verbos copulativos son: ser, estar, parecer y semejar&lt;/span&gt;", retumaba la voz de su profesora del colegio, con olor a tiza y mandilón. "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Parecer&lt;/span&gt;" y "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;semejar&lt;/span&gt;". En su vida copulativa estaba harto de parecer algo, no quería estar forzado a parecer o a semejar sus sentimientos. Casualmente, estaba pareciendo y semejando, pero no era lo que parecía ni lo que semejaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dio un trago a su cerveza, se sacudió la cabeza como el que acaba de saturar su cerebro con demasiada información y, al paso de una danesa, gritó: "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Eeeeeeh, mirad a esa chica. Eh, ¿te tomas una cerveza con nosotros?&lt;/span&gt;". "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Estás un gañán&lt;/span&gt;", dijo ella en su mal español.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-9171821329593069585?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/9171821329593069585/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=9171821329593069585&amp;isPopup=true' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/9171821329593069585'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/9171821329593069585'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/11/verbos-copulativos.html' title='Verbos Copulativos'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-705435461968454952</id><published>2009-10-22T15:39:00.002+02:00</published><updated>2009-10-22T15:57:22.317+02:00</updated><title type='text'>Parez</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;La crisis está ahí. Está; no tiene un físico determinado ni cara ni mucho menos sentimientos. Y la crisis esta nos tiene a varios parados en el mercado pseudo laboral (también a los que aspiramos a ser becarios); parados por lo del poco movimiento que hay, salvo en el torno de salida. Ese sí que se mueve y no para de moverse. El de entrada, en cambio, no se inmuta, por lo menos para los contratos que supongan más de seis meses de trabajo en la empresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde mediados de septiembre, cuando terminé mi último examen de la carrera, me situé en una imaginaria cola del paro. Imaginaria porque nunca he cotizado y entre esos números que nos abruman del INEM (a todos menos al Gobierno, claro) yo no me encuentro reflejado, como tantos otros que, unidos de la mano, seguro que haríamos tambalear la redonda cifra de los 4 millones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de este mes y poco, aproximadamente, he estado buscando algo que me apeteciese. Una beca, me daba igual, en un medio de comunicación, y por un sueldo de mierda, tampoco importaba. Lo sé, soy lo más parecido a una prosituta de esas que te encuentras en la Gran Vía y que te piden un euro mientras te agarran de la manga. Durante este tiempo, he estado nadando en el maravilloso mundo del ocio. Pero el ocio, si es del 100%, aburre, y mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esto ha terminado con una llamada. "¿Sigues interesado en trabajar con nosotros?". Claro que sigo y seguiré interesado. Así que este lunes, a las 3 de la tarde, empieza mi nueva vida como becario en la sección de deportes de El País Digital. Trabajaré los domingos, algún sábado, pero así es la vida de los periodistas deportivos, amigos. Así de dura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que soy polifacético. Después de la Cope, me fui a Canal Plus, y esto supone seguir con la vía Prisa, y estaría bien seguir un poquiiiiito más y probar en la SER, ¿no? Así que, si esto termina en unos 5/6 meses, ya saben los de la radio que estoy dispuesto a dar el último paso por la empresa. En serio, lo haré, y gratis. Bueno, gratis no, que ya como licenciado no se puede estar con estas tonterías...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Venga, suerte y cosas para todos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-705435461968454952?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/705435461968454952/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=705435461968454952&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/705435461968454952'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/705435461968454952'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/10/parez.html' title='Parez'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-3609845567887123278</id><published>2009-10-14T15:09:00.004+02:00</published><updated>2009-10-14T15:35:35.478+02:00</updated><title type='text'>Te Lo Regalo</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Después de estar unos días en el norte de España y de un mes y pico fuera de Galicia me sigue faltando lo mismo: el mar. Muchas veces escucho hablar del mar, de la playa, del agua, del verano. Yo no me siento identificado con esas palabras, no por lo menos como los escucho o cómo lo entienden los que hablan habitualmente de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mí el mar no es el verano ni la playa ni el sol. No es un plato en calma de color azul verdoso, ni el reflejo del cielo que le da el color diariamente. No es una toalla sobre la arena empapada después de un baño ni medio día al sol secando la piel y oscureciéndola. Tampoco es la ceguera de la luz directa sobre los ojos ni la brisa que descarga el calor del cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mí el mar es algo más. Es una visión constante, una fuente de relax y una visita indispensable cada vez que vuelvo a Vigo. Es un cielo cubierto de nubes, un gris que se desplaza sobre la orilla mientras la marea arrastra a través de la corriente las algas que luego se depositan a los pies de la playa. Es la referencia con la que he vivido a lo largo de muchos años en el horizonte y lo que busco entre los edificios de la ciudad y que muchas veces no encuentro. Es un paseo en septiembre mientras se empapan los pies y una fuente de descanso desde el muro del pantalán del puerto de Vigo, con la otra orilla enfrente. Es una lucha contra las rocas y una oleada de espuma a lo lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;"Me encanta el mar"&lt;/span&gt;. A mí también, y por eso me gusta la gente que disfruta&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt; como yo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, a pesar de no vivirlo de origen, de ese fenómeno sin explicación posible salvo la del poder de la naturaleza. Por eso me gusta la gente que enfoca sus pies hacia la arena para buscar la humedad de una tarde sin sol mientras los demás pasean lejos de ella. Por eso me encanta que alguien me diga que le encanta el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;"Me tienes que llevar a ver el mar"&lt;/span&gt;. Te llevaré a ver el mar, cualquier mar, el mar que sea, donde sea y cuando sea. Prefiero enseñar mi mar, mi imagen del mar, mi visión del mar, pero me ofrezco como guía de cualquier viaje cuyo destino sea el mar. Y te lo regalo; te regalo mi parte, te la presto para que la disfrutes, para que la degustes, para que la sal se quede entre los labios y en la piel después de un baño, para que se corte la circulación por el frío de las Cíes pero el sol ponga el contraste necesario con sus rayos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y mientras nadie lo visite, yo me ocupo del mar y si quieres nos dividimos la tarea, yo atiendo lo que tiene importancia y tú todo lo importante. Y al final de la jornada, mi voz en tu costado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/ekZknfesm68&amp;amp;hl=es&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/ekZknfesm68&amp;amp;hl=es&amp;amp;fs=1&amp;amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-3609845567887123278?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/3609845567887123278/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=3609845567887123278&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3609845567887123278'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/3609845567887123278'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/10/te-lo-regalo.html' title='Te Lo Regalo'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-6605111746823113917</id><published>2009-10-08T14:05:00.002+02:00</published><updated>2009-10-08T14:27:14.887+02:00</updated><title type='text'>Ex Mp3</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Ha muerto. Se ha ido y ni siquiera pude despedirme de él. Los minutos que tardé en ducharme fueron los últimos en los que fue capaz de respirar y durante los que sus entrañas sufrieron un ataque de alguna enfermedad que aún está por descubrir. Cuando volví, empapado en la culpa, yacía sobre mi cama inerte, sin vida, sin luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era por la mañana y lo había encendido para escuchar un par de canciones que me apetecía escuchar. Se hacía tarde, casi la hora de comer y decidí que era el momento de apagarlo y asearme un poco para comer y disponerme a pasar una tarde completita llena de partidos de fútbol gracias a ese invento llamado Gol Tv que me da la vida en mis días de paro. Y así lo hice; pulsé el botón y se despidió de mí. "Goodbye". Lo dejé sobre la cama y, antes de salir de la habitación, le dije: "Luego te cargo, que quiero escuchar sin que se termine la batería el partido del Barça". Le guiñé un ojo y me giré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el tiempo que tardé en ducharme no sé qué pasó, la verdad. Me lo imagino derrotado sobre el edredón, llorando porque no había nadie con él en sus últimos momentos, nadie que le agarrase y le sujetase, que le dijese que no pasaba nada, que todo iba a salir bien, que aguantase como un machote, nadie que pudiese tapar su hemorragia eléctrica ni que le hiciese un torniquete a su batería para evitar más pérdidas de ese aceite de la vida. Nadie estaba con él, sólo la oscuridad de una habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si llego a saber que era la última vez que iba a hablar con él le hubiese dicho todo lo que ha significado para mí, todo lo que me ha dado sin pedir nada a cambio, sólo que lo cargase de vez en cuando. Todas las canciones que hemos cantado juntos, todas las canciones que hemos compartido con ilusión. "Mira, mp3, he conseguido esta versión y esta en directo. Y voy a borrar ya el disco de Alejandro Sanz, que últimamente me cae mal, sobre todo desde que me he enterado de la historia esa de una botella en el culo".  Al verlo sin vida, mil recuerdos se agolparon en mi cabeza, como flashes de una vida que duró un año y tres meses. Los paseos, las esperas, las calles de Madrid, de Vigo, los viajes en autobús, aquella playa compartida, los cascos que han pasado por nuestra vida y que no habían logrado separarnos... Demasiados recuerdos como para seguir adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de su muerte, una voz me dijo que no me preocupase, que aprendería a olvidarlo y a querer a otro, que siempre pasaba así. "El tiempo lo cura todo". Puede ser... Admito que ya había vivido una situación similar cuando lo dejé, esta vez por propia voluntad, con mi anterior mp3. Él fallaba mucho y ya no existía conexión entre nosotros ni con mi ordenador. Y los inicios fueron complicados; yo estaba acostumbrado a otro, a otra rutina, las canciones no me sonaban igual y después de una relación larga es complicado volver a adaptarte a otro. Pero lo conseguimos con el esfuerzo de los dos. Y fuimos felices, muy felices. Pero ahora comenzaba un nuevo camino. Tenía que poner punto final y seguir avanzando, no quedarme estancado en el reflejo de su cuerpo negro y su pantallita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora estoy con los trámites del entierro: conseguir la garantía o un documento que confirme la antigüedad de nuestra relación, acudir al Corte Inglés para que me hagan la lápida y no sé, conocer a otro. Lo bueno es que he visto a alguno de sus hermanos en el mostrador y supongo que a él le haría ilusión que estuviese con alguno de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo se verá. En fin, descanse en paz, mi ex mp3.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33274342-6605111746823113917?l=diariodeunguapo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/feeds/6605111746823113917/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33274342&amp;postID=6605111746823113917&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/6605111746823113917'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33274342/posts/default/6605111746823113917'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunguapo.blogspot.com/2009/10/ex-mp3.html' title='Ex Mp3'/><author><name>M€</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11492869924951140970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33274342.post-7118948445522888948</id><published>2009-10-02T01:07:00.002+02:00</published><updated>2009-10-02T01:36:39.770+02:00</updated><title type='text'>Desde La Ventana</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Hace unos meses, en mayo, justo al aterrizar de Brasil, mi vida había dado un cambio. Llevaba desde el pasado octubre viviendo en una habitación interior; tenía dos ventanas y era luminosa, pero el paisaje que me ofrecían era el de un patio de luces con las ventanas de mis vecinas enfrente (alguno dirá: "¡Genial!"...). Pero al llegar desde Barajas, después de diez horas de vuelo, un rato esperando la maleta y varios metros, abría la puerta de mi casa para empezar una nueva vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí estaba la que sería mi nueva estación en Madrid. La cama sin sábanas, polvo, posters de mi otro compañero y los muebles desperdigados por la habitación. La guitarra había sufrido una amputación de una cuerda y me miraba aún convalenciente desde el accidente en la mudanza. Estaba desafinada, casi tanto como yo al frenar las ruedas de la maleta sobre mi nuevo suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El armario estaba roto, con la puerta tapando sus vergüenzas posada sobre su esqueleto, y mis cosas se acumulaban en cajas y bolsas de plástico. A pesar de la tétrica imagen que describía, una luz me llamó enfrente de mis ojos. Sobre aquel colchón desnudo se situaba una ventana; me subí sobre la cama, abrí la persiana y saqué la cabeza. Ahí estaba: la calle, las aceras, los coches aparcados y las niñas del colegio de enfrente que alguna vez me habían gritado cosas cuando estaba en el salón pasaban a formar parte de un cuadro que sería, a partir de ese día, mi nueva vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde aquel momento, la ventana ha sido mi respiradero, como los agujeros que les hacíamos en las cajas de zapatos a los gusanos de seda para que pudiesen respirar. Igual que ellos, la abro para tomar un poco de aire, de ese aire viciado de la capital pero que se respira profundamente ahora que empieza a enmudecerse el calor y que el suelo, de vez en cuando, se despierta mojado y húmedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas veces me enciendo un cigarro y observo lo que pasa al otro lado del cuadro, que cobra vida y despega con movimientos y dibujos cotidianos. Los dos trabajadores de no sé qué empresa que se fuman sus pitillos en el portal de enfrente; los dos de traje, uno sin chaqueta y con el pelo a lo Bisbal, sólo que está más gordo. Los padres se arremolinan contra la puerta del colegio para recoger a sus hijos mientras un altavoz dice nombres que, a veces, parecen elegidos al azar. Esos mismos padres sostienen entre sus manos unas cartulinas que contienen el nombre y los apellidos de sus objetivos y aquello se convierte en una bolsa de puericultura, donde nunca sabes qué valor está en alza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las chicas más creciditas se apoyan en los coches con sus faldas plisadas y fuman tabaco para darse notoriedad (siempre piden, nunca compran las muy...) y algún que otro gañán rompe la armonía con un grito pelado y áspero mientras un coche exclama un "¡Aleluya!" por encontrar, por fin, un sitio para aparcar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche, se puede intuir las ganas de salir; varios grupos pasan, otros incluso se paran con su música tecno unos minutos debajo de mi ventana, como si fuesen a declarar su amor a alguna Julieta pastillera y con pendientes que le cubren toda la oreja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y nadie me ve. Soy espectador de una televisión real y me encuentro fuera de su plano. A veces alguien alza la cabeza, pero creo que sólo ve el objeti
