Brasil (II)

Salvador de Bahía. El lunes iniciamos el viaje hacia Salvador de Bahía. Desde el avión, ya descifrabas perfectamente la vista de la ciudad: costa con edificios a lo Benidorm y una concentración de favelas que impresionaba bastante. Nos hospedamos en una pousada limpita y aseada (salvo por la extraña invasión momentánea de hormigas...) del afable Ailton, un brasileño cordial y servil como el que más. Desayunos contundentes de frutas, bollos y embutido (a ver, no en plan hotel 5 estrellas, pero bien) y en la zona histórica. Y es que eso es lo que hay que visitar allí.

Una de favela, por favor, que tengo sed

El Pelourinho, antes inaccesible por la delincuencia, se ha convertido en un lugar extremadamente seguro gracias a la presencia constante de policía, lo que no quita que no paren de abordarte hombres para venderte cosas, meninos da rua para que les compres comida (que luego intercambian por drogaína, que os tenemos calados...) y que si te sales un poco de la ruta te puedas ver demasiado cerca del abismo. Así nos pasó a IP y a mí, que nos empeñamos en llegar a pie al Faro de Barra y sobrepasamos con éxito una zona de favelas, pero regresamos medio cagados por lo que pudo ser y no fue.

Pelourinhame la vida

El martes por la noche, las calles se vistieron de fiesta y de grupos de percusión (masculinos y femeninos, ay omá) que hacían retumbar los tambores por toda la zona. También presenciamos un concierto en la Escadaría do Passo: el inefable Gerónimo (con pluma azul en la cabeza) y su orquesta Mont Serrat.

Probamos platos típicos como la moqueca y descendimos a la parte baja de la ciudad en el funiculí funicular. Para subir, lo mejor es el elevador Lacerda, un ascensor puro y duro que conecta el puerto con la zona antigua.

Lacerda, el elevador

Morro de Sao Paulo. Hartos de ciudades y turismo estresante, nos embarcamos hacia Morro de Sao Paulo, una isla semi paradisiaca donde disfrutamos del sol, la playa y la presencia de un amiguito que la primera hora de estancia allí nos persiguió buscando la recompensa de la limosna, a pesar de la insistencia de IP en que ni le necesitábamos ni le íbamos a pagar un céntimo de real por su compañía.

Esta vez, la pousada a pie de playa, con terraza y hamaca incluída, en la Segunda Playa. Y es que allí no se complicaron la vida; que tenemos cuatro playas, pues primera, segunda, tercera y cuarta playa. A partir de la quinta, eso sí, ya tienen
nombrecitos.
Morro de Sao Paulo

Esos tres días ganamos en relax, en morenez (o rojez en mi caso) y perdimos toda la calma acumulada con el viaje de vuelta.

Brasil tiene un problema: no saben informar. Nosotros no lo sabíamos y confiamos en que era verdad que volver desde la isla hasta Salvador nos llevaría entre una hora y media y dos horas... ¡MENTIRA! El resultado, después de viajar en
barco, en coche estropeado de un fulano que nos recomendaron los del propio barco y en taxi, llegamos al aeropuerto 20 minutos antes de la salida de nuestro avión. Claro, como estábamos en Brasil y era una compañía nueva, no hubo el más mínimo problema: nos abrieron de nuevo el vuelo y embarcamos justo antes de despegar (que aprenda Iberia con sus tonterías y sus "te cobro la comida porque soy asquerosa").

Llegamos muy tarde, pero somos guays y nos sacamos una afoto

Derrotados por un viaje que nos dejó en casa casi diez horas después (vamos, otro Madrid Sao Paulo...), sucumbimos al cansancio y dejamos la Virada Cultural de Sao Paulo para el domingo.

Y yo la dejo para el próximo post (que será el último, tranquilos...).

9 comentarios:

yagoi dijo...

Por fin una afoto de titismo. Estaba empezando a sospechar que todos eso del viaje era mentira. ¡Sao Paulo! ¡Quien se iba a creer que eso es el nombre de una ciudad!

M€ dijo...

¿Titismo? ¿Lo dices por mis prominentes senos? Mira, a ti no te puedo engañar, estás demasiado bueno. Realmente, todo esto son fotos sacadas de Google y la última es un fotomontaje. Es que yo no existo, soy un holograma.

Yaiza dijo...

¡Qué envidia, Mauri! Te acuerdas de toditos los nombres, vaya empollada! IP está súper morena y guapísima. Ese Sao Paulo le esta sentando muy bien. Y, la verdad, ya era hora de que te autofotografiaras pa ver a "Mauro en Brasil" y no fotos de Brasil sacadas de Google. Un besito!!

Héctor dijo...

Que envidia me das M€, por ahí pasando miedo en barrios de favelas, es como mi pueblo!

Muy buena esta crónoca brasileira y por cierto sí, estás rojo e IP guapísima!

Hasta la tercera parte!

Ignatius J. Reilly dijo...

Yo ayer intenté subir una foto de LaCerda pero facebook me apercibió de sanción. No sé por qué.

Enrico Palazo dijo...

Querido amigo m€, tras una detenida observación de la última foto me pregunto: porque esa pose entre analmente escocido y seductor torticero? Me temo que despues de este viaje tuyo no volverás a ser el mismo.

Atentamente

P.D. Brasil! que envidia.

M€ dijo...

Oiga, Mostaza, que yo no le he insultado. Mire, el escozor anal viene del estrés, y la seducción torticera viene de los gayumbos, que me apretaban y no me dejaban respirar.

plplplplplplpl dijo...

Vaya M€, que bien te sienta el rojo!

Bell2 dijo...

Un paréntesis para disfrutar.
Salvador consiguió romper el hechizo y completar el reencuentro de sensaciones. Una ciudad dormida que despierta con el sonido de los tambores de fiesta en la calle.
Y el paraíso de playa, que al llegar a Morro parecía haber desaparecido bajo la lluvia, apareció transformado en redes, faros, mar en calma, cenas en la arena y el ritmo frenado del viaje.

La vuelta... bueno, es cierto que los brasileños engañan con los tiempos q, pero lo es más que IP, como de costumbre, se deja egañar.
La culpa fue tuya por dejarla por dejarla controlar. Aunque al final ya ves, la foto demuestra que el avión os estaba esperando.
Imposible perderlo.

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