Nada

Ser nada. No hay peor cosa en la vida que eso, ser nada. Nada de nada. Se puede ser alguien pero ser nada a la vez; se puede ser nadie y no por eso eres nada. Hay muchas nadas, pero lo peor es que no nos damos cuenta, o no queremos darnos cuenta, cuando somos nada. Buscamos siempre ser algo para uno mismo, para alguien, para otro algo; pero a veces no podemos evitar ser nada. O sentirse así. Nada.

Uno de los personajes que más me inquietaban de pequeño era aquella Nada de 'La historia interminable'. Recuerdo ver la película y ser incapaz de comprender qué pasaba cuando la Nada aparecía. ¿Qué quedaba en su lugar? ¿Nada? Pero, ¿qué era nada? Pensé que cuando creciese un poco sabría entenderlo, que era una parte de la película que yo no entendía porque no había llegado a la edad necesaria, a la que ya estás preparado para saber cosas que de pequeño son inabarcables.

Ahora, la verdad, sigo sin ser capaz de entenderlo. ¿Qué era aquella Nada? Primero el viento soplaba huracanado y se convertía en una fuerza que arrasaba con todo; la tierra se deshacía a su paso y el cielo se cubría de nubes de tormenta. ¿Y después? La nada provocada por la Nada. Ni el afeminado de Atreyu, ni Fújur eran capaces de escapar de las garras de la Nada. Sólo la petarda de la Emperatriz Infantil, repeinada como si le hubiese lamido la cabeza una vaca, sobrevivía. Eso sí, le pedía ayuda al cagón de Bastian para salvar su mundo. Todo por culpa de la Nada.


Y ahora, años después, nos encontramos todos luchando para no ser nada. Para que la Nada no nos alcance. Nos da igual encontrarnos al girar la esquina con la suerte, con la mala suerte, con la casualidad o con el destino, pero nada de encontrarnos con la Nada. De eso nada. Eso sí que no lo permitimos. Y para eso nos armamos de algos, nos vestimos con ellos, nos protegemos a través de la armadura que forman debajo de nuestras costillas para que, en caso de que llegue la Nada, no nos coja desprevenidos. Y si nos coge, pues que la cornada sea lo de menos y estemos deseando volver a salir al ruedo. A lo que sea. A vernos las caras con la Nada o a buscar más algos.


Y es que lo que está claro es que para nadas, algos hay.

3 comentarios:

Alnitak dijo...

qué curioso! esta mañana justo estaba pensando en algo así,cuando era una adolescente antisocial, que lo fui, aunque no lo parezca, escribí un texto con la misma idea, y hoy lo he recordado pensando en nuestra manía de ponerle nombres a las cosas, que más da si tú eres M€ o yo Alnitak, o pepito de los palotes, un nombre qué es, qué va a cambiar, qué supone, si ahora decido llamarme Laura, cambiaría eso mi forma de ser o de pensar, lo dudo... ¿entonces, quizás deberías dejarnos de buscar algos y nombres y definiciones e irnos a jugar con la Nada? Al fin y al cabo, los malos siempre son los más importantes, sin ellos no hay cuento ni película.

besotes

Yaiza dijo...

La Historia Interminable es uno de esos cuentos que siempre me trae interminables recuerdos.

Hasta el niño cagón era algo para alguien (aunque no fuera real).

Y, además, la Nada nunca dejó nada. Creo que porque es imposible representar el vacío. Hasta el vacío es algo.

Héctor dijo...

El que nada no se ahoga

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